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        Primer título de la pirámide nobiliaria y el más importante desde el siglo IX. Precede al título de "marqués" y viene justo después del de "Rey". El duque es propietario o titular de un ducado. Procede del latín "duce" y "duca", que significa generalísimo o caudillo de los ejércitos. Durante la Edad Media el duque era habitualmente un hermano o hijo del rey, cuando no un poderosísimo señor feudal dueño de provincias enteras, con un gran peso político, militar y económico dentro del reino.       

 

        En el imperio romano ya se conocía la dignidad de "duque". Viene del latín "ducere", "ducendo" o "dux", lo que significa conducir, mandar.

        Los Duques eran, por tanto, los jefes de los ejércitos. Los emperadores romanos ya tuvieron Duques con jurisdicción civil y militar para guarda y defensa de sus territorios. Eventualmente, a raíz de la práctica de conceder tierras a los generales victoriosos, dicho título se utilizó como una referencia nobiliaria que designa a un miembro de la clase alta. Durante siglos se usaría esa misma forma latina en Venecia, para designar al jefe de la república adriática.

        Conforme se fueron desarrollando los reinos germánicos tras la caída del Imperio romano, el título fue usado por altos cargos, gobernadores, caudillos, etc. En el sistema social y político llamado feudalismo, que Carlomagno fundó al dividir sus dominios en condados, los duques ocupaban el nivel más alto en la escala nobiliaria.

        Posteriormente, con la Capitular de Quierzy se convirtió en hereditario, trasmitiéndose de padres a hijos.

 

   

Duque de Alba

        Con la abolición de los derechos señoriales en el siglo XIX perdieron su autoridad y poder, aunque en muchos países se conservó el título por herencia de forma honorífica y a veces su riqueza e influencia. Hoy en día, como cualquier otro título nobiliario no tiene más valor que el honorífico y simbólico.    

        De acuerdo a lo indicado por Bastús, la dignidad de los duques en España es muy anterior a los godos, señalando que ya los había en tiempos de los romanos. Pero añade algo que, sinceramente, no podemos avalar: según él, mucho antes de la llegada de los romanos y los cartagineses a España, ya existían los Duques en nuestro país, lo que equivale a decir que los había en tiempos de los iberos, lo que nos parece algo exagerado, pues es posible que existiese la función pero no la dignidad.

 

Luis Francisco de La Cerda Aragón (1660-1711), IX Duque de Medinaceli
Luis Francisco de La Cerda y Aragón Folch de Cardona, 9º Duque de Medinaceli (1654-1711)

 

        Que en la época visigoda existieron los duques no cabe duda alguna; basta recordar que, ya en tiempos del rey Wamba, existía el Duque Ranosindo. Por tanto, esta dignidad proveniente de la época romana se conservó después de la invasión de occidente por parte de los pueblos denominados "bárbaros". Parece que, en época goda, los duques gozaban de grandes privilegios como eran tener porteros de maza, heraldos propios, y aún la de emitir moneda en sus dominios.

        En la historia de España, recurriendo a antiguos documentos, encontramos que los primeros duques fueron: Don Pedro, Duque de Cantabria, (su hijo Alfonso posteriormente sería rey (Alfonso I), contrajo matrimonio con Emersinda, hija de Don Pelayo); Severiano, Duque de Cartagena; Teodomiro, Duque de Auriola; Eudo, Duque de Guinea, que fue padre de la reina Muna, esposa del rey D. Fruela y Bera, Duque de Septimania.

        En los primeros tiempos de la época visigoda, los caudillos, generales y gobernadores se denominaban duques, esta denominación se convirtió más tarde, en el último tercio del siglo XVI, en título nobiliario de gran honor y dignidad.

        En lo que respecta a Castilla y León, los reyes concedían rarísimamente este título. Primero fueron de por vida, pero después se convirtieron en hereditarios.

        Los primeros duques nombrados fueron los de Benavente, al Infante D. Fabrique, hermano del rey D. Juan I de Molina; al célebre Bertrand du Guesclin, de Valencia; a D. Juan, Infante de Portugal; de Medina Sidonia, al Infante D. Enrique, tío del rey D. Enrique II; de Peñafiel, al Infante D. Fernando, hijo del rey D. Juan I. Con posterioridad, el de Villena, al Infante de Aragón, D. Enrique, casado con su prima Dña. Catalina, hermana de D. Juan I, Señor de Villena y el de Arjona, a D. Fabrique de Castilla y de Castro.

        Al título de duque es inherente el de Grandeza de España, denominándose "primos del Rey" y tienen el privilegio de poder cubrirse ante su soberano, de ahí su denominación de "Caballero que se cubre ante el Rey", lo que no debe interpretarse como que tuvieran, permanentemente, el sombrero puesto ante el monarca, sino que podían ponérselo no sólo cuando recibían el título de Grandes, sino cuando asistían a los actos en que lo recibían otros.