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        El término Inquisición hace referencia a varias instituciones dedicadas a la supresión de la herejía mayoritariamente en el seno de la Iglesia Católica. La herejía en la era medieval muchas veces se castigaba con la pena de muerte, y de ésta se derivan todas las demás. La Inquisición medieval fue fundada en 1184 en la zona de Languedoc (en el sur de Francia) para combatir la herejía de los cátaros o albigenses, que en 1249 se implantó también en el reino de Aragón (fue la primera Inquisición estatal) y que en la Edad Moderna, con la unión de Aragón con Castilla, fue extendida a ésta con el nombre de Inquisición española (1478-1821), bajo control directo de la monarquía hispánica, cuyo ámbito de acción se extendió después a América; la Inquisición portuguesa (1536-1821) y la Inquisición romana (1542-1965). Aunque en los países de mayoría protestante también hubo persecuciones, en este caso contra católicos, contra reformadores radicales como los anabaptistas y contra supuestos practicantes de brujería, los tribunales se constituían en el marco del poder real o local, generalmente adecuado para cada caso concreto, y no constituyeron una institución específica.

 

 

"Auto de fe", pintado por Pedro Berruguete en 1475.  

        En los comienzos de la Iglesia la pena habitual por herejía era la excomunión. Cuando los emperadores romanos convierten el cristianismo en religión estatal en el siglo IV, los herejes empiezan a considerarse enemigos del Estado. En su momento San Agustín aprobó con reservas la acción del Estado contra los herejes. En respuesta al resurgimiento de la herejía de forma organizada, se produce en el siglo XII en el sur de Francia un cambio de opinión dirigida contra la doctrina albigense, la cual no coincidía con los puntos de vista de la Iglesia católica con relación al matrimonio y otras instituciones de la sociedad. Como reacción, el papa Inocencio III organizó una cruzada contra los albigenses promulgando una legislación punitiva contra ellos. Sin embargo, los esfuerzos iniciales destinados a someter la herejía no estuvieron bien coordinados y fueron ineficaces.

        Aunque el procedimiento inquisitorial como medio para combatir la herejía es una práctica antigua de la Iglesia católica, la Inquisición medieval fue establecida en 1184 mediante la bula del papa Lucio III Ad abolendam, como un instrumento para acabar con la herejía cátara. Fue el embrión del cual nacería el Tribunal de la Santa Inquisición y del Santo Oficio. El castigo físico a los herejes había sido dispuesto con anterioridad por Federico II Hohenstaufen, la institución de la Inquisición se dio para detener los abusos que estos procesos podrían sufrir por parte del poder civil. Mediante esta bula, se exigía a los obispos que interviniesen activamente para extirpar la herejía y se les otorgaba la potestad de juzgar y condenar a los herejes de su diócesis. A las anteriores disposiciones [...] agregamos el que cualquier arzobispo u obispo, por sí o por su archidiácono o por otras personas honestas e idóneas, una o dos veces al año, inspeccione las parroquias en las que se sospeche que habitan herejes; y allí obligue a tres o más varones de buena fama, o si pareciese necesario a toda la vecindad, a que bajo juramento indiquen al obispo o al archidiácono si conocen allí herejes, o a algunos que celebren reuniones ocultas o se aparten de la vida, las costumbres o el trato común de los fieles.

        En las siguientes décadas el proceso de la Inquisición resultó intermitente y contradictorio en muchas ocasiones. Un  ejemplo  vivo  fue  el  caso  del  primer director  de la Inquisición de

Hungría, Paulus Hungarus, quien defendió a los chamanes paganos húngaros valiéndose de su gran influencia con el Papa Inocencio III, e inclusive aseguró que estos al adorar al sol adoraban al ente supremo que era el mismo Dios, así que no hallaba razón para condenar a la gente. Paulus Hungarus fue uno de los primeros frailes dominicos, quien escribió importantes documentos como la Suma de poenitentiae, tendiendo las bases de la nueva orden a petición de Domingo de Guzmán. Sin embargo, Paulus fue destituido y reemplazado por un religioso más estricto cerca de 1232, después de haberse iniciado propiamente la Inquisición.

        En su primera etapa (hasta 1230), se denomina oficialmente "Inquisición episcopal" porque no dependía de una autoridad central, sino que era administrada por los obispos locales. En 1231, ante el fracaso de la Inquisición episcopal, Gregorio IX creó mediante la bula Excommunicamus la "Inquisición pontificia", dirigida directamente por el Papa y dominada por órdenes mendicantes, especialmente los dominicos. El hecho de que religiosos bajo el control directo del Papa tuvieran a su cargo los tribunales, fue un freno a su expansión, ya que algunos obispos no querían ver limitado su poder en una diócesis por la presencia de estos organismos papales.

        En 1252, el papa Inocencio IV autorizó en la bula "Ad extirpanda" el uso de la tortura para obtener la confesión de los reos. Se recomendaba a los torturadores no se excedieran hasta el punto de mutilar al reo o finiquitarlos. Las penas eran variables. Los que se negaban a abjurar, "herejes relapsos", eran entregados al brazo secular para la ejecución de la pena de muerte. La Inquisición pontificia funcionó sobre todo en el sur de Francia y en el norte de Italia. En España, existió en la Corona de Aragón desde 1249, pero no en la de Castilla.

     

        Inquisición española: La Inquisición real fue creada en la Corona de Castilla en 1478 por la bula del papa Sixto IV "Exigit sincerae devotionis" con la finalidad de combatir las prácticas judaizantes de los judeo conversos de Sevilla. A diferencia de la Inquisición medieval, dependía directamente de la monarquía, es decir, de los Reyes Católicos. Tras una nueva bula emitida en 1483, la Inquisición se extendió a los reinos de la Corona de Aragón, incluyendo Sicilia y Cerdeña, y a los territorios de América (hubo tribunales de la Inquisición en México, Lima y Cartagena de Indias), y se nombró Inquisidor General a Tomás de Torquemada. La Inquisición se convirtió en la única institución común a todos los españoles, con excepción de la propia Corona, a quien servía como instrumento del poder real: era un organismo policial interestatal, capaz de actuar a ambos lados de las fronteras entre las coronas de Castilla y Aragón, mientras que los agentes ordinarios de la Corona no podían rebasar los límites jurisdiccionales de sus respectivos reinos.

        Inquisición romana: También llamada Congregación del Santo Oficio, fue creada en 1542, ante la amenaza del protestantismo, por el Papa Pablo III. Se trataba de un organismo bastante diferente de la Inquisición medieval, ya que era una congregación permanente de  cardenales  y  otros prelados

 

que no dependía del control episcopal. Su ámbito de acción se extendía a toda la Iglesia Católica. Su principal tarea fue desmantelar y atacar a las organizaciones, corrientes de pensamiento y posturas religiosas que socavaran la integridad de la fe católica, y examinar y proscribir los libros que se considerasen ofensivos para la ortodoxia. Al comienzo, la actividad de la Inquisición romana se restringió a Italia, pero cuando Gian Pietro Caraffa fue elegido Papa como Pablo IV, en 1555, comenzó a perseguir a numerosos sospechosos de heterodoxia, entre los que se encontraban varios miembros de la jerarquía eclesiástica, como el cardenal inglés Reginald Pole. En 1600 fue juzgado, condenado y ejecutado el filósofo Giordano Bruno. En 1633 fue procesado y condenado Galileo Galilei. En 1965 el papa Pablo VI reorganizó el Santo Oficio, denominándolo Congregación para la Doctrina de la Fe.

 
 

        Inquisición portuguesa: En Portugal, donde se habían refugiado numerosos judíos españoles luego de la expulsión de 1492, el rey Manuel I, presionado por sus suegros, los Reyes Católicos, decretó la expulsión de los judíos que no se convirtieran al cristianismo en 1497. Esto produjo numerosas conversiones al catolicismo.

        La Inquisición portuguesa fue establecida en Portugal en 1536 por el rey Juan III. En un principio, la Inquisición portuguesa estaba bajo la autoridad del papa, pero en 1539, el rey nombró inquisidor mayor a su propio hermano, Don Enrique. Finalmente, en 1547, el papa terminó aceptando que la Inquisición dependiese de la corona portuguesa. El primer auto de fe tuvo lugar en Lisboa el 20 de septiembre de 1540, en 1560 se establece un tribunal de la Inquisición en Goa.

        Fue abolida por las Cortes Generales de Portugal en 1821.

 

        Inquisición en México: La historia de la Santa Inquisición en México, inició desde los primeros momentos en que los españoles pisaron este continente. Los primeros casos de que se tiene noticia son las "ordenanzas" contra blasfemos promulgadas por Hernán Cortés en 1520, es decir antes de la caída de la gran Tenochtitlán, y el proceso de idolatría iniciado por Nuño Beltrán de Guzmán en contra de Caltzontzin, señor de los tarascos. Por otra parte, hay ciertos indicios de actividades inquisitoriales contra herejes desde 1522, realizadas al parecer, por Frailes que desde entonces ya se encontraban en México, quizás actuando con poderes directos del Papa.

        El tribunal del Santo Oficio: Dada la conquista en México, se instauró el Tribunal del Santo Oficio, que dependía directamente del Consejo Supremo de la Inquisición, que era encabezado por el inquisidor general de España. La autoridad superior del tribunal en México era el Inquisidor o Inquisidores, puesto que normalmente ocupaban varias personas. Los empleados de más alto rango eran el fiscal, a cuyo cargo estaba promover los procesos, y el Secretario del secreto, que tenía fe publica y autorizaba las actas, diligencias, despachos, edictos, etc. Los inquisidores contaban con un cuerpo de personas doctas y de alta posición social y oficial llamados consultores del Santo Oficio, que integraban una especie de consejo. Estos consultores intervenían con su voto en las decisiones graves, como eran las sentencias de tormento y cuando un reo era condenado a muerte. El tribunal contaba además con el auxilio de un cuerpo de peritos en asuntos teológicos y religiosos, llamados calificadores del Santo Oficio, cuya misión era ilustrar la opinión de los inquisidores en casos debatibles y de difícil resolución. También existía un cuerpo policiaco, que eran quienes resguardaban las cárceles y el Tribunal del Santo Oficio.

 

        Procedimientos judiciales de la Inquisición en México: Al establecerse el Tribunal del santo Oficio, los primeros procedimientos consistían en una ceremonia llamada de "Juramento", en la que como lo dice el nombre, los asistentes juraban denunciar a todas las personas que consideraran sospechosas y prestar al tribunal la ayuda que pidiese, pero además, al concluir esa ceremonia se daba lectura a un edicto de los inquisidores, llamado Edicto General de Gracia, por el cual se conminaba a quienes se sintieran culpables a denunciarse dentro de un plazo fijado so pena de excomunión mayor. En el edicto se indicaban con minuciosidad los hechos considerados punibles y se le prohibía a los confesores dar la absolución a los que de algún modo no hubieren cumplido con aquel mandamiento. Denuncias ante la Inquisición en México: Toda denuncia incluso anónima, era válida. Una vez recibida, se abría de inmediato una investigación secreta que al revelar algún indicio, por débil que fuera, conducía al apoderamiento de la persona indiciada y al aseguramiento de sus bienes. Se le tomaba enseguida una declaración que incluía siempre preguntas sobre su familia y su origen, sobre su conocimiento de los dogmas y prácticas sobre la religión católica, y sobre si tenía alguna sospecha acerca del motivo de su prisión. Por lo general el acusado manifestaba total ignorancia a ese respecto, temeroso de implicarse en algún hecho que no figurara en la denuncia, situación que agravaba su caso. Si después de preguntarle tres veces el acusado persistía en la misma respuesta se le declaraba "negativo" y se abría propiamente hablando el proceso. Durante toda la secuela de éste –que a veces tardaba años- el acusado permanecía incomunicado en la llamada cárcel del secreto y ni siquiera podía hablar con el uno de los inquisidores si faltaba alguien que pudiera servir de testigo. El acusado nunca era informado del nombre de quienes declaraban en el proceso, no había por supuesto la posibilidad de careos y el recurso de tachar a un testigo por ser enemigo del acusado solo podía hacerse efectivo si este adivinaba quien había declarado en su contra o por torpeza del acusado en las declaraciones del testigo. A todos los testigos se les exigía el juramento del secreto.

 

        Inquisición y brujería: En 2004 se publicaron las "Actas del simposio internacional: La inquisición", gracias a la apertura de los archivos secretos de la Congregación para la Doctrina de la Fe ordenada por Juan Pablo II en 1998. En estas actas se recoge toda la documentación sobre los procesos inquisitoriales en la Europa católica donde regía el Vaticano en el campo espiritual. Desmitifica una parte del genocidio en países como España por brujería, exagerados por la exitosa campaña protestante (ver Leyenda Negra de la Inquisición Española) para mejorar su oposición al Imperio español de la época.

 

        Primero es necesario comentar que se inició como un fenómeno popular, la aparición de la figura de la bruja poseída por el diablo, y así se irían ajusticiando por la población local. En 1484, Inocencio VIII da por oficial la existencia de la brujería por medio de la bula Summis desideratis affectibus: Ha llegado a nuestros oídos que gran número de personas de ambos sexos no evitan el fornicar con los demonios, íncubos y súcubos; y que mediante sus brujerías, hechizos y conjuros, sofocan, extinguen y hacen perecer la fecundidad de las mujeres, la propagación de los animales, la mies de la tierra. La Europa central, se vio especialmente agravada por varios motivos: La difusión de la imprenta con la enorme difusión de obras como La Divina Comedia, en los años posteriores a la peste negra donde se hablaba de los suplicios del infierno, el teatro donde se puso de moda incluir al diablo y sus acólitos en sus representaciones. Las tensiones religiosas, sobre todo en zonas afectadas por la Reforma, la Guerra de los Treinta Años, la revuelta de los Países Bajos, el anglicanismo y la aparición de movimientos religiosos radicales como los anabaptistas. Entonces se puede hablar de dos regiones diferenciadas según la fuerza de la brujería: Alemania, Suiza, la Región del Jura, los Países Bajos españoles, Francia e Inglaterra, donde hubo una brutalidad excepcional. Los países nórdicos, orientales y mediterráneos especialmente, la caza de brujas fue algo tardío, sin fuerza y poco importante demográficamente.

 

        La brujería en España: En España, durante los tres siglos -cifras estimadas- que dura, prácticamente la mayoría de los casos se someten al proceso de la Inquisición local de forma regulada y documentada. Aunque sería el último país en abandonar la cruel figura de la Inquisición, ya hacía mucho tiempo que no ejecutaba a muerte a supuestas brujas; se ejecuta a la última en 1611, la adolescente catalana Magdalena Duer. Los últimos casos son en uno de los cantones suizos con Anne Goldin en Glarus, 1782 (es la última ejecución en Europa occidental) o en Polonia en 1793. A diferencia de otros países europeos como Alemania o Reino Unido, en el caso español los juicios por brujería de la Inquisición eran juicios con un proceso legal, documentados y organizados por el Estado, aunque todos los países usaron la tortura como medio habitual. La pena más común era la abjuración de levi, con destierro de seis años de la ciudad donde viviera; la absolución era frecuente. Era significativa la suposición de que las supuestas brujas habían bebido vino y estaban enfermas de modorra. Con la confesión del brujo, la inquisición advertía: Que no procede en estos casos por solo la forma de ser brujos y hacer los dichos daños, si no testifican de haberlos visto hacer algunos daños, porque muchas veces lo que dicen han visto y hecho les sucede en sueños y juzgan se hallaron en cuerpo y lo vieron e hicieron con los que testifican y les figura el demonio cuerpos fantasiosos de aquellos que dicen vieron sin haberlos visto ni hallándose allí para que hagan esos daños de inflamar en peligro a los que no tienen culpa. Julio Caro Baroja afirma en El señor Inquisidor y otras vidas por oficio: Los inquisidores eran más juristas que humanistas y teólogos. La jurisprudencia más o menos secreta que podían estudiar era grande, casi tan grande como el escepticismo de muchos de ellos, acostumbrados a ver imposturas y engaños en cantidad de actos hechiceriles. En el siglo XVII los españoles, por otra parte, no tenían mucha fama como magos y hechiceros. Alguien sostuvo —con clara animadversión hacia el país— que el diablo no se fiaba de sus habitantes.

 

Auto de Fe, pintado por Francisco Ricci en 1683.gif

 

        Algunas cifras estimadas de las ejecuciones por tribunales civiles y por procesos inquisitoriales constatados, por proporcionalidad en relación ejecutados/población: Polonia-Lituania: unas 1000, en una población de 3400000. Reino Unido: cientos de ejecutados. Destacar además que en este país protestante (anglicano) existió la figura de los punzadores, los cuales se dedicaban a "cazar" y ejecutar brujas de forma lucrativa. Alemania: la cuna del protestantismo se ejecutó, hasta un total de 2500 personas de unos 16 millones. Dinamarca-Noruega: 150 de 970000 personas.

        Bruja y hechicera: La hechicera tradicional fue la que dio origen popular a la brujería. La hechicería era una figura ancestral, mística, local, su propio nombre variaba en función de su especialidad (adivinadora, curandero, etc.) y con un fin generalmente lucrativo. La bruja en el folclore apareció como una figura degenerada de la hechicería, irreal, anónima, sobrenatural, pervertida por el diablo y de intenciones malvadas y sanguinarias.

        Métodos de tortura empleados: La Inquisición fue un tribunal eclesiástico establecido en Europa durante la Edad Media para castigar los delitos contra la fe. Sus víctimas eran las brujas, los homosexuales, los blasfemos, los herejes (cristianos que niegan algunos de los dogmas de su religión) y los acusados de judaizar en secreto. Los acusados eran interrogados, a veces mediante torturas, y ejecutados si se les encontraba culpables, requisándose sus bienes.

 

        Las torturas de la Inquisición se pueden agrupar en bloques: Torturas para el castigo ejemplarizante y la humillación pública .Se trataba de objetos que se le colocaban al reo para humillarle ante los ciudadanos; éste era insultado y maltratado por la muchedumbre mientras el verdugo multiplicaba su tormento, de distintas maneras, según cuál fuera el instrumento que se impusiera. Estos instrumentos de condena se imponían por las causas menos graves, como desobediencia, desorden público, a los vagos, borrachos y a quienes no cumplían con sus obligaciones religiosas.

        Objetos vinculados al castigo físico y tortura de los reos: La finalidad de estos objetos era causar un largo dolor, y en su mayoría provocaban una muerte agonizante. Instrumentos que tenían como objetivo final la ejecución. Estaban diseñados para causar la muerte, pero también se pretendía dejar al reo sentir el tormento que se le aplicaba.

 
     

        La postura de la Iglesia católica hoy en el caso de Galileo: En Italia, Galileo Galilei (1564-1642) fue obligado por la Inquisición a declarar que su teoría heliocéntrica era una hipótesis, la cual no podía demostrar científicamente, que situaba al Sol en el centro de todo, en contra de la creencia que situaba la Tierra como el centro del universo (véase: teoría geocéntrica). El sistema copernicano podía interpretarse como un simple cambio de sistema de referencia, que simplificaba el cálculo astronómico del movimiento de los cuerpos celestes, sin necesidad de un cambio en la concepción metafísica del mundo. De hecho, Galileo fue obligado en su primera condena (1616) a no hablar del sistema heliocéntrico. Sin embargo, Galileo, que inauguró la Física experimental y la ciencia en el sentido moderno, insistía en que el movimiento de la Tierra alrededor del Sol es un movimiento real, material. El papa Juan Pablo II pidió perdón por los errores que hubieran cometido los hombres de la Iglesia a lo largo de la historia, así como por haber dejado de hacer el bien necesario en favor de judíos y otras minorías perseguidas. En una carta enviada a los cardenales católicos, el papa Juan Pablo II exhortó a la Iglesia a reconocer los errores cometidos “por sus hombres, en su nombre”, y les anima a arrepentirse. En el caso de Galileo propuso una revisión en 1979, pero la comisión que nombró al efecto en 1981 y que dio por concluidos sus trabajos en 1992, repitió una vez más la tesis de que Galileo carecía de argumentos científicos para demostrar el heliocentrismo en la época en que fue publicado originalmente y sostuvo la inocencia de la Iglesia como institución y la obligación de Galileo de prestarle obediencia y reconocer su magisterio, justificando la condena y evitando una rehabilitación plena.

Galileo Galilei compareciendo ante la Santa Inquisición  

        El cardenal Ratzinger (hoy en día Papa de la Iglesia Católica), prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, expresó en 1990, citando al filósofo agnóstico Feyerabend: «En la época de Galileo la Iglesia fue mucho más fiel a la razón que el propio Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo». De esta manera se revalida la posición de que la Iglesia tiene derecho a decidir qué tesis científicas pueden ser defendidas y cuáles deben ser prohibidas, y a condenar y castigar a los que defiendan estas últimas. La versión según  la  cual  las acusaciones  contra  la Inquisición fueron calumniosas o exageradas empezó con Jacques Mallet du Pan en 1784 y fue reeditada  múltiples veces con el beneplácito de la Iglesia católica durante dos siglos, y en esencia dice que Galileo no fue condenado por ser un científico, sino por ser un mal teólogo. Las dos condenas: Se suele hablar de dos procesos contra Galileo: el primero en 1616, y el segundo en 1633. A veces sólo se habla del segundo. El motivo es porque Galileo fue denunciado  a  la  Inquisición  romana  y  el  proceso fue adelante,

pero no se llegó a citar a Galileo delante del tribunal: el denunciado se enteró de que existía la denuncia y el proceso a través de comentarios de otras personas, pero el tribunal nunca le dijo nada, ni le citó, ni le condenó. Por eso, con frecuencia no se considera que se tratara de un auténtico proceso, aunque de hecho la causa se abrió y se desarrollaron algunas diligencias procesales durante meses. En cambio, el de 1633 fue un proceso en toda regla: Galileo fue citado a comparecer ante el tribunal de la Inquisición de Roma, tuvo que presentarse y declarar ante ese tribunal, y finalmente fue condenado. Se trata de dos procesos diferentes, separados por unos años; pero están relacionados, porque lo que sucedió en el de 1616 condicionó en gran parte lo que sucedió en 1633. En 1619, un decreto inquisitorial condena su obra por primera vez. Haciendo caso omiso, Galileo publica en 1629 su Diálogo sobre los sistemas máximos, el de Tolomeo y el de Copérnico. Es torturado entonces por la Santa Inquisición, obligado a abjurar, condenado como hereje y a prisión domiciliaria el 22 de junio de 1633. Los Médicis, después de abandonarlo a su suerte, dejan de representar la emancipación de la razón y pierden así la influencia intelectual que ejercieron en aquella época.

        Juicios a animales: Entre 1266 y 1586 se realizaron, sólo en Francia, por lo menos sesenta juicios contra animales en los tribunales de la Inquisición -aunque este tipo de juicios tuvieron lugar en todo el Occidente cristiano- según lo que el historiador Michel Pastoureau ha encontrado en los archivos de los documentos judiciales. Un ejemplo citado por Pastoreau es el de la cerda que fue declarada culpable por el asesinato del bebé Jean Le Maux y fue vestida como humana, torturada, mutilada y condenada a muerte a pesar de que no confesó frente a ningún cura, después de nueve días de juicio en Falaise, en 1386. Sin embargo, en 1457, en Savigny-Sur, en Borgoña, el tribunal logró, bajo tortura, la confesión de otra cerda que había asesinado a otro pequeño de cinco años. En otro caso la condena fue más fuerte porque el cerdo cometió su crimen un viernes de vigilia, pecado mayor. Los juicios contra animales incluían, al igual que los de las brujas, exposición, acarreo, vejaciones, torturas para el castigo ejemplarizante y la humillación pública y, finalmente la destrucción del cadáver mediante el fuego.

 

ALGUNOS MÉTODOS Y UTENSILIOS DE TORTURA EN TIEMPOS DE LA SANTA INQUISICIÓN

Ablación de los pies con fuego: Si el hereje no se convertía a la verdadera fe, de los tobillos hacía abajo no le quedaban más que muñones de huesos carbonizados. A continuación se proseguía con las manos.

Agarra cuellos: Un aro con abertura en forma de trampa a un extremo de un asta de dos metros de longitud. Un preso, o cualquier fugitivo que intentara escapar de un alguacil escondiéndose entre la multitud, era fácilmente capturado. Una vez que el cuello es aferrado por la trampa, no hay otra posibilidad que seguir al captor.

Anillo auto mortificante: Este ingenio se utilizaba para impedir la erección del órgano genital masculino mediante las púas dispuestas por el lado interior. A diferencia del cinturón de castidad femenino, que era una forma de humillación impuesta para asegurar la fidelidad conyugal, y más a menudo, impuesta por el terror a sufrir actos de violencia carnal, el anillo auto mortificante era una forma de sufrimiento que el hombre, generalmente el religioso, se imponía voluntariamente para intentar alcanzar un estado de perfeccionamiento lento moral o espiritual. La necesidad de mortificación era una de las enseñanzas más recurrentes en la religión cristiana, como freno a la concupiscencia y como libre adhesión al sufrimiento redentor de Jesucristo: la salvación del alma a través de la mortificación de la carne.

Aplasta cabezas: Un instrumento que primero rompía la mandíbula de la víctima, después se hacían brechas en el cráneo y, por último, el cerebro se escurría por la cavidad de los ojos y entre los fragmentos del cráneo.

Aplasta piernas (divisor de rodilla): Su objetivo no era la muerte sino infligir el mayor dolor posible y dejar inútil por completo a la persona. A medida el artefacto se contraía quebraba y cercenaba la pierna de la persona por la rodilla.

Aplasta pulgares: Simple y muy eficaz, el aplastamiento de los nudillos, falanges y uñas es una de las torturas más antiguas. Los resultados, en términos de dolor infringido con relación al esfuerzo realizado y al tiempo “actorios”. consumido, son altamente “satisfactorios”.Éste era uno de los muchos instrumentos utilizados en lo que se conoce como “las preguntas dolorosas”, que consistían en la extracción de confesiones por medio de torturas descritas e ilustradas con precisión científica, hasta los mínimos detalles: el grosor de cuerdas, el número de eslabones de las cadenas, la longitud de clavos y tornillos, los grados de mutilación permanentes permitidos para diferentes grados de acusaciones, etc.

Arañado: Era la versión femenina de la uña de gato. Esta forma de tortura era muy similar a la “mastectomía”. La araña era un trozo de hierro, en rodillo, con filo en forma de tenedor y se lo colocaba en los pechos. Nuevamente, ésta era una tortura muy exclusiva para las mujeres.

Arañas de la bruja: Garras con cuatro puntas unidas en forma de tenazas constituían herramientas fundamentales del verdugo. Servían tanto frías como calientes, para alzar las víctimas por las nalgas, los senos, el vientre, y la cabeza, a menudo con dos puntas en los ojos y en las orejas.

Atadura: Esta forma de torturar era muy específicamente para mujeres. Implicaba atar un palo en el pelo de la mujer y torcer, torcer y torcer de éste. Cuando los brazos de inquisidor se cansaban, le encomendaría ésta tarea a sus colaboradores mientras se contemplaba a la víctima de abajo. No solo el pelo sería desgarrado, sino que muy a menudo se podía observar que el cuero cabelludo estaba abierto exponiéndose el casquillo del cráneo. Como era de esperar, solamente a las mujeres con pelo largo o grueso se le practicaba este método de tortura.

Aureola del tonto o Corona del escarnio con campanilla: Se trata de una modalidad de escarnio público suave, aplicado sobre todo a aquellos que se habían comportado de una manera estúpida, absurda o necia hasta el punto de haber ocasionado molestias a la colectividad. El castigado era encadenado durante horas al palo de la picota, o simplemente en la plaza pública, llevando en la cabeza este ridículo aparato, siendo incluso obligado en ocasiones a llevarlo puesto mientras hacía su vida cotidiana. Hasta aquí todo podría parecer soportable... pero la feroz crueldad de la gente le hacía sufrir no sólo humillaciones, sino que también era mancillado en público, y recibía golpes, patadas, pedradas... y otras cosas.

Borceguí: Era el tipo de calzado más popular del siglo XV, cubría el tobillo y era abierto por su parte delantera y se ataba con correas o cordones. Pues bien, en este período se popularizó un método de tortura que se denominó con el nombre del calzado, puesto que consistía en apretar el tobillo de la víctima por medio de varias maderas enlazadas por unas correas o gatos de hierro, para administrar presión, hasta quebrantar los huesos.

Bota de hierro: Consistía en unas cuñas que se ajustaban a piernas, rodillas y tobillos. El verdugo con un martillo grande golpeaba las cuñas, con cada golpe el inquisidor repetía la pregunta, las cuñas laceraban la carne y aplastaban los huesos, a veces haciendo chorrear la medula.

Bota malaya: Artilugio con forma de bota de madera con un mecanismo de prensado. Al girar la palanca, la bota se va encogiendo por dentro. El resultado final es como si a una persona que calza el 42 se le pone una bota de madera del 30, resultado, huesos del pie rotos y terribles dolores.

Botas o cuñas: Era una versión del “aplastapiernas”. Las piernas de la victima se colocaban entre dos planchas de madera que se unían por medio de cuerdas. entre las piernas se situaban unas cuñas que la persona que realizaba la tortura golpeaba repetidamente con un martillo, se podían introducir hasta una docena de estas cuñas, cada vez que se realizaba un golpe preciso los huesos de las piernas se fragmentaban. Cuando se retiraban las tablas lo que antiguamente eran las piernas se convertía en un amasijo de huesos rotos que tan sólo la piel impedían que cayeran al suelo.

Brasero: Simple pero efectivo. Se calienta en una fragua o brasero un hierro al rojo vivo y se quema con él diferentes partes del cuerpo del torturado, al cual se le mantiene inmovilizado. El torturador puede actuar sobre distintas zonas del cuerpo donde el dolor es más o menos intenso, prolongando el sufrimiento como desee.

Caminante: Esta suave tortura usada principalmente en Inglaterra se la empleaba en conjunto con la tortura del insomnio, consistía en hacer caminar y recorrer a la victima hasta que se cansara y le salieran ampollas en los pies.

Carretilla de los trabajadores forzados: Los condenados a trabajos forzados pasaban años, a veces una vida entera, encadenados a una carretilla, de día y de noche, bajo el calor o el frío. La vida de estos condenados era breve.

Cepo: Más que de muerte, era un método de castigo por delitos de robo, disturbios o pendencias; aunque en un momento dado se podía tener expuesta a la víctima hasta la muerte, si así se decidía por la corte de justicia. También fue utilizado como método de tortura para conseguir una confesión en las mazmorras de castillos, palacios de justicia o cárceles inquisitoriales. El cepo era un instrumento que servía para sujetar al reo por la garganta y las muñecas; y según el modelo también por los tobillos, consistente en dos maderos ajustables. La víctima quedaba expuesta al público en la plaza de la ciudad, encontrándose a merced del populacho que lo vejaba y goleaba, a veces incluso hasta la muerte, con el beneplácito de la autoridad.

Cepo chino: Instrumento de tortura de origen chino, consistente en una caja, generalmente de madera, en la cual se colocaba los pies del torturado los que a través de una manivela, utilizando los principios básicos de la prensa y el tornillo, eran apretados por el verdugo. El dolor de la víctima aumentaba gradualmente desde una simple sensación de presión en el pie hasta convertirse en un dolor insoportable acompañado de trituración ósea podal.

Cigüeña o cepo: era un método más que de muerte, de castigo por delitos de robo, disturbios o pendencias; aunque en un momento dado se podía tener expuesta a la víctima hasta la muerte, si así se decidía por la corte de justicia. También fue utilizado como método de tortura para conseguir una confesión en las mazmorras de castillos, palacios de justicia o cárceles inquisitoriales. El Cepo era un instrumento que servía para sujetar al reo por la garganta y las muñecas; y según el modelo también por los tobillos, consistente en dos maderos ajustables. A los pocos minutos de su utilización sobre la persona, ésta sufría grandes calambres, primero de los músculos abdominales y rectales, luego de los pectorales, cervicales y de las extremidades. Con el paso de las horas, estos calambres conducían a un continuo e insufrible dolor en abdomen y recto. La víctima quedaba expuesta al público en la plaza de la ciudad, encontrándose a merced del populacho que lo vejaba y goleaba, a veces incluso hasta la muerte, con el beneplácito de la autoridad.

Cilicio de pinchos: Instrumentos provistos de pinchos en su interior eran predilectos de los religiosos auto mortificantes. Naturalmente, los mismos instrumentos servían también para la tortura inquisitorial y punitiva. un ejemplo es un cinturón hecho de malla de alambre espinoso con numerosas puntas de hierro dirigidas hacia dentro. Ceñido en torno la víctima, rápidamente hiere y lacera la carne con cada pequeño movimiento y cada respiro; luego sobreviene la infección, la putrefacción y la gangrena.

Cinturón de castidad: No fue exactamente un medio de tortura, sino que más bien se usaba para garantizar la fidelidad de las esposas durante los períodos de largas ausencias de los maridos, y sobre todo de las mujeres de los cruzados que partían para Tierra Santa. La fidelidad era de este modo asegurada durante períodos breves de un par de días o como máximo de pocas semanas, nunca por tiempo más dilatado. No podía ser así, porque una mujer trabada de esta manera perdería en breve la vida a causa de las infecciones ocasionadas por la acumulación tóxica no retirada, las abrasiones y las magulladuras provocadas por el mero contacto con el hierro.

Cinturón de San Erasmo (San Telmo): Los instrumentos provistos de pinchos en su interior eran, y en determinados ambientes aún lo son, predilectos de religiosos que se mortifican. Lógicamente, los mismos servían también para la tortura inquisitorial y punitiva. Su funcionamiento era el siguiente: se ceñía en torno a la víctima, y rápidamente empezaba a herir y lacerar la carne con cada pequeño movimiento, con cada respiración. Luego llegaba la infección, la putrefacción y la gangrena. No pocas veces, el verdugo agregaba gusanos carnívoros en la parte descarnada que se introducían royendo hacia el interior del abdomen. Los orígenes de la denominación “San Telmo” son inciertos. Nada se conoce con certeza acerca del martirio de San Erasmo (o San Telmo) en el año 303 a. s. C.. Es probable que se refiera a una alusión a los “fuegos de Santelmo” el espectacular fenómeno electromagnético que envuelve los mástiles y puntas de los veleros de chispas y luces bajo ciertas condiciones atmosféricas. El empleo y los efectos de este objeto son obvios y no necesitan comentarios.

Colgado y quemado: Podría considerarse un doble método de ejecución. Se colgaba al reo o reos a un poste y luego se encendía fuego a sus pies. Los que no morían por ahorcamiento morían por asfixia debido al humo producido por el fuego a sus pies o bien morían finalmente ardiendo. Los pobres que tenían la desgracia de no morir pronto sufrían gravísimo daño debido a las quemaduras.

Collar de púas punitivo: Provisto de pinchos en todos los lados, este instrumento, que pesa más de cinco kilos, se cerraba en el cuello de la víctima, y a menudo se convertía en un medio de ejecución: la erosión hasta el hueso de la carne del cuello, hombros y mandíbula, la progresiva cangrena, la infección febril, la erosión final de los huesos mismos sobre todo de las vértebras descarnadas conducen a una muerte segura en poco tiempo.

Collar para jugadores de cartas: Se obligaba a llevarle puesto y era muy pesados, de esa forma humillaba y a la vez acusaba al individuo del tipo de juego.

Collar para jugadores de dados: Igual que el anterior. Tenían una dimensión de unos 10 centímetros cúbicos.

Collar para vagos y renitentes a misa (personas que se resistían a ir a misa): Collar muy pesado que cumplía la misma función que los collares de los jugadores, humillar y culpar. Cada una de las cuentas de ese enorme rosario tenía el tamaño de una naranja.

Collar penal: Se componía de una cadena con una anilla para el cuello, y en el extremo, una piedra de doce kilos (es peso de la piedra era variable) que el reo tenía que sujetar con las manos, en cualquier momento y lugar. La víctima sufría un mortal esfuerzo, y la abrasión del cuello y los hombros, con la consiguiente infección y gangrena, que no solían ser mortales en los primeros meses. El condenado debía llevar consigo éstas cargas durante largo tiempo: semanas, meses, años o incluso toda la vida.

Cometa del obispo: No se sabe la etimología de esta denominación, la cual aparece en algunos documentos toscanos de 1600. Es un aparato de sujeción, similar a otros que se conocen en todo el mundo. Una especie de bola que generalmente iba sujeta a unas cadenas, las cuales se ceñían a la pierna del prisionero quedándole la otra libre lo que le permitía moverse, sujeto a esta tortura en ocasiones lo dejaban morir. Es probable que este Instrumento lo utilizasen para el castigo de prisioneros condenados a trabajos forzados, o empleados en el mantenimiento de carreteras y edificios militares toscanos. La utilización de este instrumento se remonta al año 1500.

Corte la lengua: Contrariamente a lo que ha sido escrito, cortar la lengua era un castigo impuesto por motivos variados, dependiendo de cada lugar, este no se aplicaba a personas blasfemas o con un lenguaje difamatorio, (las personas responsables de estos delitos eran castigadas con la perforación de sus lenguas con una aguja o con un clavo). Este castigo tenía más una naturaleza profana o política que hereje. Este instrumento consistía en una abrazadera con una pieza de hierro la cual se ponía dentro la boca y mantenía la mandíbula abierta. También estaba formado en diferentes tipos de tijeras o placas aplastantes para cortar la lengua o estirar de ella. Otro castigo muy efectivo, usado principalmente en la países latinos consistía en poner hierros al rojo vivo o carbón caliente en la boca, de forma que tanto la lengua como los labios se abrasaban.

Crucifijo puñal: Afilado puñal disimulado que se hallaba en el interior de un crucifijo y servía supuestamente para la eliminación "pacífica" de infieles y herejes. Al besarlo se salvaba un alma al mismo tiempo que se eliminaba a un enemigo.

Crucifixión: Aunque se cree romano, la crucifixión es un antiguo de tortura y ejecución fenicio y persa, consistía en inmovilizar clavando o atando a la víctima, generalmente desnuda, a una cruz, donde permanecía colgada hasta su muerte. Habitualmente se ataba al reo a la cruz, siendo la crucifixión con clavos reservada para casos de mucha gravedad o castigos ejemplares. La muerte podía producirse debido a deshidratación, hipotermia o cualquier otra consecuencia de encontrarse a la intemperie desnudo durante horas o incluso días, no era la forma habitual, normalmente morían por asfixia, al agotarse no podían soportar el peso de su propio cuerpo y quedaban “colgando” de sus brazos inmovilizados al listón horizontal, dicho peso causaba que sus pulmones no pudieran trabajar correctamente y se encharcaban, provocando la muerte por asfixia. Debido a la posición estirada del cuerpo, los pulmones quedan comprimidos; la víctima se levanta apoyándose en los clavos que sujetan sus pies y sus muñecas y consigue respirar, aunque a costa de un dolor intensísimo. Cada movimiento va debilitando progresivamente a la víctima, hasta que, finalmente, no puede incorporarse y se ahoga. La crucifixión medieval era la forma de castigo utilizada por los inquisidores a modo de emulación de la muerte de Jesús. Existían muchos métodos de crucifixión pero a modo de tortura inquisitorial predominó este: Se situaba a la víctima encima de un taburete enfrente de una gran puerta de madera cerrada. Sus brazos eran levantados verticalmente por encima de su cabeza. Por un lado la muñeca era atada entre el cúbito y el radio y por el otro a la puerta. También los pies eran convenientemente atados entre el primer y segundo metatarso. Los inquisidores, entonces y simultáneamente, abrían súbitamente la puerta y quitaban el punto de apoyo de la víctima (el taburete) con lo que el condenado quedaba literalmente crucificado en la puerta, infringiéndole más o menos dolor dependiendo de la fuerza con que abrían y cerraban la puerta, con independencia de las torturas añadidas, menos sofisticadas como latigazos o calor, que aplicaban durante la crucifixión. Esta, con independencia de otras posibles, fue una de las torturas que padeció el último Gran Maestre de la Orden del Temple Jacques de Molais como medio para arrancarle confesión.

Cucharilla: Servía para hacer gotear pez hirviendo en las orejas y nariz de la víctima. Era considerado como un signo de extremado refinamiento.

Cuerda: Este método era la variante sencilla del potro, consistía en colocar a la víctima sobre una mesa o en el suelo, con unas cuerdas atadas a sus miembros o cualquier miembro sobresaliente del cuerpo humano y girar dichas cuerdas hasta tensarlas. Tal tensión en la cordada provocaba el estiramiento de los miembros y daba lugar a la luxación de las articulaciones.

Cuna: Esta se podría considerar una forma evolucionada de la cuna de Judas. Se obligaba a la víctima a sentarse sobre una cuña de metal extremadamente afilada, el peso del cuerpo unido al de las cadenas y bolas pesadas que se le unían a los tobillos ocasionaban que se fuera clavando el metal en el cuerpo hasta que causaba la muerte, normalmente por desangramiento aunque en algunos casos si el cuerpo se torcía podía incluso amputarse alguna extremidad.

Cuna de Judas: La víctima es suspendida sobre una estructura piramidal y bajada lentamente sobre su afilada punta, el propio peso corporal causaba que dicho vértice desgarrase la zona de apoyo que normalmente era el año o la vagina dependiendo del género del acusado, si el peso no era suficiente se aplicaba un peso “extra” por medio de las cuerdas tirando del reo hacia abajo.

Descuartizado por caballos: Una versión del potro un tanto macabra, se ataba una cuerda a cada extremidad del prisionero y a su vez el otro extremo de la cuerda a un caballo, de este modo un caballo estiraría un brazo o una pierna, en un momento determinado se fustigaba a los cuatro caballos que tiraban con fuerza de la cuerda arrancando literalmente la extremidad del torturado. Esta era una ejecución pública que se solía emplear para asesinatos o intentos de asesinato a la realeza u otros nobles. Era una de las ejecuciones preferidas del populacho.

Desgarrador de senos: Instrumento de tortura con forma de tenaza acabado en cuatro afiladas puntas, utilizado ya durante el Imperio romano y posteriormente por la Inquisición en Europa. La tortura consistía en aplicar las cuatro puntas estando al rojo vivo o frías sobre los senos, desgarrándolos. Además del uso tormentoso, el desgarramiento servía también como procedimiento persuasivo inquisitorial y judicial. Los lugares donde más uso se hizo, aunque en diferentes épocas, fueron algunas regiones de Francia y Alemania hasta el siglo XVIII. Aplicado durante varios siglos, un número indeterminado de mujeres que fueron condenadas por delito de herejía, blasfemia, adulterio, aborto provocado, otros “actos libidinosos”, magia blanca erótica y algún delito más, padecieron este tormento en sus senos.

Desollamiento: Este suplicio era infligido como pena capital o bien como tortura inquisitoria. El verdugo practica un corte que penetra únicamente hasta el estrato muscular subyacente; después separa la dermis de la musculatura cortando los tejidos conectivos tal como haría un cocinero para despellejar un conejo, arrancando poco a poco la piel.

Doncella de hierro: Un sarcófago con un interior lleno de pinchos estratégicamente colocados para no causar la muerte del prisionero, las afiladas puntas se clavaban en partes blandas y puntos no vitales para que el sufrimiento fuera el máximo posible. El sarcófago de la imagen fue utilizado en 1515, el ejecutado sufrió terribles dolores durante dos días y eran continuos sus lloros y gritos de dolor durante ese tiempo. Las perforaciones que sufrió iban desde brazos y piernas en varios puntos hasta otros más delicados como el abdomen, hombros y el más espeluznante de todos, los ojos.

Empalamiento: Una enorme estaca perforaba y atravesaba tu cuerpo de un extremo al otro, se solía perforar al sentenciado por el ano hasta que la estaca salía por la boca. Normalmente en este proceso se solía morir pero se daban casos en los que se sobrevivía al sufrimiento durante casi un día. El empalamiento siempre se realizaba en público y solía dejar el cadáver a la intemperie para alimentar a los animales carroñeros y servir como escarmiento para el resto de la población.

Espinilla: Tortura aplicada en las piernas, la parte redonda se colocaba en la pantorrilla y la plana en la canilla, se ajustaba los tornillos hasta astillar el hueso, en casos extremos se apretaba hasta que la sangre y la medula chorreaban por la pierna de la víctima. Fue muy usada para sacar información y confesiones.

Flagelación: Castigo consistente en azotar a una persona. Los concilios cristianos de Agde en el 506 y Mâcon en el 582 adoptaron la flagelación como castigo y posteriormente la aplicaron diversas reglas monásticas como penitencia. Este método se adaptó también como medio de tortura, utilizado para conseguir cualquier tipo de confesión. A veces, las heridas provocadas por los látigos y flagelos, eran tratadas con sal o vinagre, que por un lado servían para desinfectar y evitar que el reo muriera; y a la par, le proporcionaban un dolor tremendo que servía de doble castigo.

Flauta del alborotador: Este instrumento estaba hecho de hierro, el collar se cerraba fuertemente al cuello de la víctima, sus dedos eran aprisionados con mayor o menor fuerza, a voluntad del verdugo, llegando a aplastar la carne, huesos y articulaciones de los dedos.

Fustigación: Consistía en azotar a la víctima con una fusta o vara, era un castigo extendido en la mayoría de los ejércitos, desde la Antigüedad hasta la Revolución francesa. Se aplicaba en caso de las penas consideradas graves, como podía ser la deserción o el robo; aunque si tenemos en cuenta que la deserción se podía pagar con la vida, este castigo, era muy bien recibido.

Garrucha: Nombre con el que se conoció en la España del siglo XV, al método de tortura conocido como el estrapado, propio de la época medieval. Consistía en atar al reo con las manos atrás e izarlo con una cuerda por medio de una polea, de ahí el nombre de garrucha. A la víctima se le colocaban pesos en los pies, para después cuando se encontraba elevado, dejarlo caer de golpe contra el suelo. Esto se repetía varias veces. Al izado, que podía provocar las luxaciones de las articulaciones de hombros, codos y muñecas, hay que sumar las posibles fracturas y magulladuras, en todo el cuerpo y piernas fundamentalmente, que producían las múltiples caídas.

Garras de gato: Consistía en arrancar al prisionero la carne a tiras llegándola a separar de los huesos. Para dicho proceso se utilizaba una especie de rastrillo.

Garrote: Era uno de los métodos de tortura mas conocidos. De forma evolucionada, consistía en un collar de hierro que, por medio de un tornillo, con una bola al final retrocedía produciendo la muerte al reo por la dislocación de la apófisis de la vértebra axis sobre el atlas en la columna cervical, es decir, se le rompe el cuello a la víctima, que muere de esta manera rápidamente. Si la lesión producida aplastaba el bulbo o rompía la cervical con corte medular, se producía un coma cerebral y la muerte era instantánea. Pero esto dependía en gran medida de la fuerza física del verdugo y la resistencia del cuello del condenado. La experiencia demostró que raramente sucedía así; la muerte solía sobrevenir por estrangulamiento, resultante de una serie de lesiones laríngeas e hioideas. Hay dos versiones básicas de éste instrumento: La típicamente española (garrote vil), en la cual el tornillo hace retroceder el collar de hierro matando a la víctima por asfixia. Estamos hablando de la Inquisición, y sin embargo, este tipo de tortura fue usado en España hasta que en 1975 se abolió la pena capital. Y la catalana, en la cual un punzón de hierro penetra y rompe las vértebras cervicales al mismo tiempo que empuja todo el cuello hacia delante aplastando la tráquea contra el collar fijo, matando así por asfixia o por lenta destrucción de la médula espinal. La presencia de la punta en la parte posterior no sólo no provoca una muerte rápida, sino que aumenta las posibilidades de una agonía prolongada. Fue usado hasta principios de éste siglo en Cataluña y en algunos países latinoamericanos. Se usa todavía en el Nuevo Mundo, sobre todo para la tortura policial pero también para ejecuciones.

Gota a gota: Era un método de tortura basado en el agua, fue muy utilizado durante la Edad Media, y se usaba fundamentalmente para arrancar la confesión o información a la víctima. Era una tortura larga, en la que el torturador no tenía prisa ninguna y lo único que tenía que hacer, era esperar a que la víctima se viniera abajo. Consistía en amarrar al reo a un poste o a la pared, atarlo fuertemente de pies, manos, cuello y frente; colocándose la cabeza debajo de un caño o grifo que dejaba derramar una gota a un ritmo continuado. Esto provocaba un estado de locura además de terminar erosionando el hueso del cráneo hasta producir la muerte.

Grilletes: han sido utilizados desde época antigua. Según diversas fuentes, ya los egipcios conocían las cadenas y las utilizaban para engrilletar a los esclavos y a los reos de delitos de cualquier índole. En las mazmorras medievales era muy habitual tener colgados de brazos o muñecas a los presos, por medio de unas cadenas adosadas al muro, finalizadas en argollas. Las víctimas podían permanecer de esta manera durante tiempo indefinido, provocando a corto plazo, inmensos dolores, calambres y luxaciones; y a largo plazo, la invalidez total de las extremidades superiores e inferiores.

Hoguera: Es una de las torturas más antiguas, victimas de ella fueron los herejes y brujas. Probablemente la muerte más famosa en la hoguera fue la de Juana de Arco por herejía. San Agustín (354-430) declaró que los herejes, paganos y judíos se quemarían por siempre en el fuego eterno a menos que cumplan con las leyes de la Iglesia Católica, como resultado de esta declaración de este Santo se quemaron cientos de personas como un presagio de lo que estaba por venir. En Francia, Alemania y Escocia, los gastos de la cárcel y hoguera se cargaban a la propiedad de la víctima o parientes. El quemar una bruja era un espectáculo público grande, la ejecución se llevaba al poco tiempo de dictar sentencia, se contrataba al ejecutor de la justicia para que construyera el lugar de la ejecución y recogiera la madera para la hoguera. En Escocia, antes de quemar una bruja se la hacia ayunar y orar por varios días, primero se la estrangulaba, entonces su cadáver (muchas veces semiinconsciente) y con el cuerpo semidesnudo se ataba a una estaca y se vaciaba encima de su cuerpo un barril de alquitrán para encenderlo. Se creía que si la bruja (víctima) estaba viva no saldrían llamas de su cuerpo, así que los espectadores la golpeaban y pateaban para que la hoguera humana tuviera llamas. Existían varios métodos para ejecutar en la hoguera: Quemado en la Estaca: Una de las ejecuciones predilectas de la Santa Inquisición para acabar con la vida de las brujas. Se creía que con el fuego se purificaba el alma de la ejecutada y se impedía que su “maldad” se propagase entre los demás aldeanos.

Horno de pie: Otro de los métodos favoritos de los torturadores de la Inquisición era atar a los acusados a una pequeña mesa de madera, impregnar los pies (que sobresalían de la longitud de la mesa) con grasa animal y acercar la mesa a una horno abierto, con lo que la grasa entraba en ignición infligiendo gravísimas quemaduras e intenso dolor. Uno de los templarios que sufrieron esta tortura, Bernard de Vaho, fue llevado ante la corte de justicia llevando una pequeña caja que contenía sus propios huesos del pié, totalmente calcinados.

Hombre de mimbre: Este antiguo sistema de tortura, fue otro de los aberrantes artefactos para causar la muerte por el fuego a los condenados de la Inquisición. Se usaba cuando las víctimas a quemar eran muchas. La estructura era forrada con ramas inflamables y usaban árboles como soporte. Luego procedían a prender fuego y así los acusados, 20 o más personas, morían quemados en medio de espantosos sufrimientos, ante la expectación y a veces júbilo de los presentes.

Horca: Instrumento de muerte que todos conocemos, formado por una barra horizontal, sostenida sobre dos barras verticales, de la que pende una soga con un lazo en la que eran colgados los condenados a esta pena. En la Edad Media era la pena que los señores feudales reservaban a sus vasallos plebeyos, de ahí, que el ser ahorcado fuera la manera más vil de morir. En España, las Cortes de Cádiz de 1812 la abolieron, siendo ratificada en 1828 por Fernando VII; aunque no nos engañemos, puesto que este método de muerte fue sustituido por el de garrote vil desde1832.

Horquilla del hereje: Estaba compuesta por cuatro puntas afiladísimas que se clavaban profundamente en la carne, bajo la barbilla y sobre el esternón. La horquilla impedía cualquier movimiento de la cabeza, pero permitía que la víctima murmurase, con la voz casi apagada (lo que se conocía como “abiuro”, palabra que se halla grabada en un lado de la horquilla). Si se negaba a confesar , el hereje, considerado como “impenitente”, era vestido con el traje característico y conducido a la hoguera, con la condición de la Extremaunción, en el caso de la Inquisición española. Si el inquisidor era romano, el hereje era ahorcado o quemado.

Jaula colgante: Era un armazón metálico que quedaba suspendidos en el aire por un cable. Formaba parte del mobiliario urbano de los ayuntamientos, palacios y cortes de justicia de las ciudades europeas, hasta que poco a poco a finales del siglo XVIII decayó su uso. Era el lugar de honor de aquellos que hubieran cometido alguna acción, que tuviera que servir de escarmiento y ejemplo para el resto del pueblo; o a veces, cuando el pueblo requería justicia sobre algún hecho que hubiera conmovido a toda la comunidad, la manera de manifestar que la autoridad se encargaba de impartirla. El caso es que la víctima, semidesnuda, que quedaba condenada a morir de inanición, tenía que soportar las inclemencias del tiempo. En ocasiones, tenía también que compartir su jaula con gatos salvajes y otros animales que eran azuzados por los torturadores; otras veces, eran las gentes del pueblo los que, entre otras cosas, lo apedreaban.

Lanzamiento a la hoguera: Se ataba al reo a un poste o escalera para posteriormente dejarlo caer en la hoguera. El condenado moría mientras veía como se quemaba lentamente sin poder moverse.

Látigo: Hay gran variedad de látigos, los había de dos, tres y hasta ocho cadenas provistas de abundantes estrellas o/y hojas de acero cortante que se usaban y se usan para flagelar el cuerpo humano. Para desollar se utilizaban látigos de muy diferentes tamaños; gigantes como “el gato de nueve colas”, que podía lisiar un brazo y un hombro de un sólo golpe, o finos y pérfidos, como el “nervio de toro”, que con dos o tres golpes podía cortar la carne de las nalgas hasta llegar a la pelvis. El látigo de desollar se empapaba en una solución de sal y azufre disueltos en agua antes de utilizarlo, lo que unido a sus estrellas lo convertían en una herramienta destructiva y muy útil para el torturado. La carne, al ser golpeada, se convertía en pulpa, dejando a la vista diferentes órganos internos.

Limpieza del alma: Este método era una variante al “método del agua”. En muchos países católicos el clero creía (y muchos aun siguen creyendo) que el alma corrompida de una persona condenada puede ser limpiada. Los reos se veían obligados a consumir agua hirviendo, la quema de carbón, o ambas cosas.

Machacador de cabezas: Un utensilio en el cual introducían tu cabeza y mediante un rodamiento te apretaban la cabeza por arriba , mientras que por abajo estaba el tope con tu barbilla. Los dientes estallaban o se iban clavando en los huesos de la mandíbulas, los ojos se salían de sus cuencas debido a la presión cuando el cráneo se rompía y finalmente podía incluso salirse el cerebro por los oídos.

Máscaras infamantes: Estos artilugios, que existían con gran profusión de formas fantasiosas y, a veces, francamente artísticas, desde 1500 hasta 1800, se imponían a quienes habían manifestado imprudentemente su descontento hacia el orden, contra las convenciones vigentes, contra la prepotencia del poder o, de cualquier forma, contra el estado de las cosas en general. A través de los siglos, millones de mujeres, consideradas “conflictivas” por su cansancio de la esclavitud doméstica y los continuos embarazos, fueron humilladas y atormentadas; así el poder eclesiástico exponía el escarnio público a los desobedientes y a los inconformistas. La Iglesia castigaba una larga lista de infracciones menores mediante este método. La inmensa mayoría de las víctimas eran mujeres, y el principio que se aplicaba era siempre el de “mullier taceat in ecclesia” (la mujer calla en la iglesia). Muchas máscaras incorporaban piezas bucales de hierro, algunas de éstas mutilaban permanentemente la lengua con púas afiladas y hojas cortantes.

Melaza: Se untaba a la víctima con melaza y se la dejaba inmovilizada en las inmediaciones de un hormiguero. Es especialmente eficaz en las zonas tropicales, donde existen especies de hormigas particularmente voraces.

Método de la cabra: No faltaba en ninguna de las mazmorras de los castillos medievales europeos. Se ponían las piernas de la víctima en un cepo, para que le fuera imposible el movimiento, y a continuación se le untaba los pies con grasa o sal. La cabra comenzaba a lamer con fuerza y con la aspereza de su lengua levantaba la piel de los pies de la víctima, provocando un terrible dolor. Como tortura se sabe que los romanos utilizaban grandes tablas de madera para sujetar a las personas por los tobillos. Después se procedía a bañar los pies con sal y soltar cabras. Las cabras con sus lenguas rugosas lamían los pies de la víctima produciendo cosquillas en un principio pero luego dejando marcas y ampollas. En la Edad Media[ las cosquillas se utilizaron como medio de castigo para la realeza o para personas importantes ya que no dejaba marcas ni heridas.

Método de la toca: Fue muy utilizado por la Inquisición española de los siglos XV y XVI. Su nombre procede de uno de los elemento necesario para esta tortura, la toca, que era una tela blanca de lino o seda con la que se hacían en aquella época las tocas o pañuelos que cubrían la cabeza de las mujeres. Esta toca, se introducía en la boca de la víctima, intentado que incluso llegara hasta la tráquea, y posteriormente se vertía agua sobre la toca, que al empaparse, provocaba en el reo una sensación de ahogo e innumerables arcadas.

Método de frío y calor: Tortura refinada. Se afeitaba la cabeza del torturado y se colocaba sobre ella dos recipientes, uno con agua hirviendo y otro con agua helada. Se dejaba caer en la coronilla de la víctima una gota de cada uno de ellos, alternativamente. El cambio brusco de temperatura producía un efecto muy doloroso.

Método del agua: Se obligaba a la víctima a ingerir la mayor cantidad de agua posible, ayudándose el torturador de un embudo que se le colocaba en la boca. En estas sesiones se les hacía tragar aproximadamente unos diez litros, provocando un terrible sensación de ahogo, produciéndose en la mayoría de las ocasiones la explosión del estómago.

Mordaza o barbero de hierro: Este artilugio sofocaba los gritos de los condenados para que no estorbaran la conversación de los verdugos. La “caja” de hierro del interior del aro es embutida en la boca de la víctima, y el collar asegurado a la nuca. Un agujero permite el paso del aire, pero el verdugo lo puede tapar con la punta del dedo y provocar la asfixia. A menudo los condenados a la hoguera eran amordazados de esta forma, sobre todo durante los autos de fe, para que los gritos no interferirían con la música sacra. Giordani Bruno, culpable de ser una de las inteligencias más luminosas de su tiempo, fue quemado en la plaza del Campo dei Fiori en Roma en 1600 con la mordaza de hierro provista de dos largas púas, una de las cuales perforaba la lengua y salía por debajo de la barbilla, mientras que la otra perforaba el paladar.

Nadador: Este método era muy similar al taburete de inmersión, la víctima era atada de pies y manos y arrojada al agua para ver si sumergía. Si la inocente víctima se hundía y se ahogaba demostrando así su inocencia y lo acogida por Cristo. Si flotaba era un claro signo que las aguas bautismales de Cristo habían rechazado y rápidamente era llevado al patíbulo.

Péndulo: Solía ser la antesala de posteriores torturas. Su función consistía básicamente en la dislocación de los hombros doblando los brazos hacía atrás y después hacia arriba. La víctima atada de manos en la espalda era izada por las mismas y para provocar un mayor sufrimiento se le colocaban en los pies una pesas.

Pera: No fueron escasos los objetos ideados para torturar y hacer sufrir a mujeres acusadas de brujería, prostitución o adulterio. Uno de ellos fue la pera oral, rectal o vaginal instrumento con forma de “pera al revés”, hecho de hierro que terminaba con una llave de bronce y un gran tornillo. Fue creado para torturar a las mujeres, pero más adelante se descubrió que también era muy eficaz para los hombres. Se embutían en la boca, recto o vagina de la víctima, y allí se desplegaban por medio del tornillo hasta su máxima apertura. El interior de la cavidad quedaba dañado irremediablemente. Las puntas que sobresalen del extremo de cada segmento servían para desgarrar mejor el fondo de la garganta, del recto o de la cerviz del útero. La pera oral normalmente se aplicaba a los predicadores heréticos. La pera vaginal, en cambio, estaba destinada a las mujeres culpables de tener relaciones con Satanás o con uno de sus familiares, y la rectal a los homosexuales. Dependiendo del género del torturado la pera era introducida por el ano o la vagina, una vez dentro de tu cuerpo se giraba una manivela que abría el artilugio en tu interior causando un dolor insoportable, además de la expansión el objeto tenía en su punta unos pinchos se clavaban en tu interior.

Picota en tonel: Era una especie de vergüenza pública que se aplicaba sobre todo a los borrachos. Había dos clases de “picotas en tonel”: las que tenían el fondo cerrado, en las que la víctima se colocaba dentro, con orinas y estiércol o simplemente con agua podrida, y las abiertas para que las víctimas caminaran por las calles de la ciudad con ellas a cuestas, lo que les producía un gran dolor debido a su gran peso.

Pinzas, tenazas y cizallas: Se utilizaban al “rojo vivo”, aunque también frías para lacerar o arrancar cualquier miembro del cuerpo humano, y eran otro elemento básico más entre las herramientas de todo verdugo. Las tenazas se utilizaban preferentemente ardiendo para las narices, dedos de las manos y pies y pezones. Las pinzas alargadas, servían para desgarrar o abrasar el pene. Como queda explicado en la parte de la pera oral, rectal y vaginal, los genitales masculinos siempre han gozado de una especie de inmunidad. Sin embargo, en toda la larga serie de torturas, también se dan raros casos de castración, extirpación del pene e incluso amputación de la tríada completa. Las partes seccionadas a menudo eran quemadas dentro del puño de la víctima. Estos castigos no se aplicaban por actos de violencia contra la mujer como se podría pensar, sino más bien por intentos de violencia o conspiraciones contra gobernantes o príncipes. La violación extra-matrimonial raramente era castigada, y la violación matrimonial siempre ha sido sacrosanta.

Potro de tortura: Te tumbaban en un mesón de madera y ataban las muñecas al cabecero de esta, los pies se ataban a su vez fijados a un rodamiento que por medio de un mecanismo iba enrollando la cuerda de tus pies, al hacerlo se generaba una tensión que hacia que el cuerpo se estirase al máximo. Las articulaciones no podían dar mas de si y acababan desencajándose hombros y caderas cuando la fuerza de los músculos fallaba.

Potro escalera: Esta es una variante del potro clásico mencionado anteriormente. Se ataba al reo estirándolo lo más posible sobre una escalera, a continuación se le quemaba con una antorcha el costado y las axilas, el inquisidor como siempre hacia las preguntas, el suplicio del preso podía durar días dependiendo de la duración del interrogatorio. Generalmente se morían a causa de la infección de las quemaduras o bien del dolor en los hombros o rodillas que al cabo de las horas se desmenuzaban.

Quemado en la estaca: Fue una de las ejecuciones predilectas de la Santa Inquisición para acabar con la vida de las brujas. Se creía que con el fuego se purificaba el alma de la ejecutada y se impedía que su “maldad” se propagase entre los demás aldeanos.

Purificación del alma: En muchos países católicos, el clero creía que las almas malditas se podían limpiar si se hacia ingerir al condenado agua hirviendo, carbón ardiendo o ambas en combinación. Esta tortura solía producirse después de que el prisionero hubiese confesado su herejía cosa que normalmente ocurría tras haber sido previamente torturado y en muchos casos antes de ser ejecutado.

Rueda: Inmediatamente pensamos en la del carro sobre la que se dejaba perecer de dolor e inanición al condenado, al cual el verdugo previamente había descoyuntado los miembros. Esta es la rueda más conocida por cuanto fue la más utilizada a lo largo del período que va desde la Baja Edad Media hasta principios del siglo XVIII. Existía sin embargo otro tipo de rueda, de orígenes más antiguos, que funcionaba haciéndola girar con el cuerpo atado sobre ella. Gracias a la viva y sutil imaginación de los verdugos, las posibilidades de utilización de este instrumento eran tan variadas que los había de varios tipos y dimensiones, fijos o móviles, según el suplicio infligido. En la rueda fija, de amplia circunferencia, se ataba a la víctima disponiéndola sobre la superficie externa recubierta de puntas de hierro. El cuerpo, estirado con fuerza por las cuerdas contra estas puntas, se laceraba y trituraba terriblemente cuando la rueda giraba, por la acción de un manivela, sobre un lecho de clavos fijados en suelo. Este tipo de rueda se utilizaba para quemar viva la víctima al hacer que ésta girase lentamente sobre un brasero encendido o una hoguera. En la rueda móvil, que era de grandes dimensiones, se ponía al condenado en la parte convexa de la misma convenientemente atado y se le dejaba caer sobre lugares escarpados y pedregosos. Rodando a grandes velocidades el cuerpo se descarnaba y fracturaba totalmente.

Rueda de hierro: A la víctima normalmente desnuda se le ataban las articulaciones al suelo, fijaban por medio de unas maderas y se le iban destrozando los huesos de estas uno por uno con la brutal rueda de hierro, cuando todos los huesos eran papilla únicamente mantenida por la carne y la piel que los envolvía se le ataba a la rueda para ser expuesto a la muchedumbre, durante días se sobrevivía entre grandes dolores.

Rueda de la verdad: Con ella, el verdugo conseguía desorientar y aturdir en unos minutos. Tras el aturdimiento se colocaba un brasero bajo la rueda con el fin de castigar al condenado quemándolo cada vez que giraba. En algunos casos llegaron a colocar una tabla cubierta con clavos que desgarraban la piel a cada vuelta de la rueda.

Rueda tronadora: Era otra variante de la rueda de hierro. Se hacía girar una rueda lentamente y la víctima estaba amarrada con sus extremidades colgando. El ejecutor le daba sendos golpes con un mazo metálico quebrándole poco a poco sus huesos. Muchas veces se le dejaba con vida a la víctima (aunque totalmente destrozada) y se ponía la rueda lo más alto posible para que las aves terminaran de hacer el trabajo.

Sambenito: Fue creado por la orden Benedictina gracias a las “Reglas de San Benito”(Benito de Nursia). El usado por la Inquisición era una especie de gran escapulario con forma de poncho. Estaba hecho con una tela rectangular con un agujero para pasar la cabeza, que una vez puesta le llegaba al condenado hasta poco más abajo de la cintura por el frente y por la espalda, dejando los hombros al descubierto. El sambenito solía llevar motivos que aludían a la condena: una cruz de San Andrés en el caso de los delitos leves, demonios y llamas en los delitos más graves que se castigaban con la muerte en la hoguera. Muchas veces llevaban escrito el nombre del condenado, como en el caso de los famosos sambenitos de la iglesia de Santo Domingo de Palma de Mallorca, que originaron el asunto de los chuetas (personas marginadas por ser familiares de los condenados). Los reos eran paseados por la ciudad descalzos, vistiendo el sambenito y con un gran cirio encendido en la mano. El sambenito a menudo era expuesto públicamente tras la ejecución de la sentencia para que sirviera de memoria y ejemplo.

Sangrado: Se creía que la fuerza de las brujas podría ser controlada al hacerlas sangrar. Esto implicaba rebanar o abrir a la víctima en la cara o cerca de una vena importante. Acusados sometidos a esta tortura perdían rápidamente sangre y se desmayaban debido a esto, comprobando que el acusado era asistido por el demonio al sacarle el alma del cuerpo para que no sufriera.

Sierra: Más que un instrumento era una forma de tortura y ejecución. Es muy sencilla pero a la vez muy eficaz, consistía simplemente en colgar a la víctima “boca abajo” y cortarla por la mitad partiendo de la ingle, con una sierra muy afilada. El reo siente todo el proceso hasta que la sierra avanza un poco más del ombligo, en ese momento la víctima muere. A este proceso eran condenados los homosexuales, sobre todo los hombres.

Silla de interrogatorios: Cientos de afilados pinchos componían el respaldo y asiento de esta silla de torturas. Pinchos que por medio de una especie de cinturones que podían presionar al torturado a la silla se clavaban en toda la parte de atrás del cuerpo. Para que el sufrimiento fuese mayor se colocaba bajo la silla de hierro ascuas ardiendo que calentaban la silla y quemaban a la víctima.

Strappardo (garrucha en la inquisición española siglo XV): La técnica de este método era atar las manos del acusado a su espalda para luego pasarle un largo palo (llamado Strappardo) por el nudo de las muñecas, el cual, con un ingenioso mecanismo de poleas, izaba al condenado unos metros. Para infringir aún más dolor, solían atar a los pies o a los testículos de las víctimas grandes pesos. Generalmente esto bastaba para conseguir sus fines aunque, en casos extremos, llegaban a soltar bruscamente las poleas, con lo que el condenado literalmente caía hacia el suelo impulsado por su propio peso más la carga adicional atada a sus pies o testículos. A pocos centímetros del suelo frenaban súbitamente la caída. Este sistema de soltar al condenado parándole con brusquedad en su caída se llamaba “Squassation” y con mucha frecuencia lo que provocaba era la dislocación de los brazos de las víctimas.

Taburete sumergible: Utilizado principalmente en mujeres acusadas de brujería. La silla era sumergida bajo el agua quedando la persona torturada inmovilizada bajo el agua sin poder respirar, el inquisidor decidía cuanto tiempo debía permanecer el torturado o torturada sumergido, el proceso solía repetirse hasta que el torturado moría ahogado o confesaba, caso en el cual se ejecutaba al acusado ahorcándole o quemándole en la hoguera más tarde.

Tenedor de los herejes: Dotado de dos puntas en cada uno de sus extremos; este cruel tenedor estaba ideado para que los herejes confesaran permitiéndoles mover la boca únicamente para hablar susurrando. Por medio de un cinturón se fijaba el tenedor al cuello del torturado que debía mantener el tiempo máximo la cabeza hacia atrás para no clavarse en el esternón y la barbilla los afilados pinchos.

Tormento chino: Desconocemos si realmente se inventó en la lejana China. Se clavaban astillas entre la carne y las uñas de los dedos de los pies o de las manos. Si el torturado no confesaba, se prendía fuego a las astillas.

Tormento de la rata: Sobresalía por su refinamiento. También fue utilizado por la Inquisición, pero su existencia se conoce desde los tiempos de la antiguo China. Consistía en colocar una rata sobre el abdomen del torturado, encerrada en un jaula abierta por abajo, mientras los verdugos la hacían rabiar con palos ardiendo de forma que el animal tenía que buscar una salida y a mordiscos abría un túnel en las tripas del condenado, llegando, a veces, a salir por otro lado del cuerpo.

Tormentum insomniae (tortura por insomnio): En Inglaterra esta tortura no fue permitida contra las brujas, la tortura por insomnio era provocada por tal afección, y las autoridades no la consideraban una tortura. Se usó en herejes menores.

Toro de Falaris: En este caso se quemaban a los herejes dentro de la efigie de un toro de Falaris, tirano de Agrakas, que murió en el año 554 a.C. Los alaridos y los gritos de las víctimas salían por la boca del toro, haciendo parecer que la figura mugía. El toro de Falaris estaba presente en numerosas salas de tortura de la Inquisición en los siglos XVI, XVII y XVIII.

Tortuga: Se trataba de comprimir o triturar bajo una madera con peso encima al reo, era un método común entre los ingleses.

Tortura de agua: Se ataba a la víctima con un alambre de espino y se le tapaba la boca con trapos para que no pudiese vomitar, por medio de unos tubos se le introducía por los conductos nasales agua hasta que su estómago estuviese a punto de explotar, al hincharse el abdomen los alambres de espino se clavaban en el cuerpo, el forcejeo causado por el agudo dolor de sentir como el estómago estaba a punto de explotar causaba que el alambre de espinos se clavara en muñecas y tobillos. Pero esto no era todo, una vez hinchado, los torturadores empezaban a dar patadas y saltar encima hasta que el estómago explotara y causara la muerte.

Turca: Este método de tortura fue ideado para arrancar las uñas. Después que las uñas eran arrancadas le insertaban clavos en su lugar. En 1590 y 1591 Juan Fian fue sujeto a esta y otras tantas torturas en Escocia.

Uña de gato: Instrumento de tortura que consiste en largas pértigas con ganchos o rastrillos en su extremo, con los que se arañaba la piel desnuda del torturado, el cual estaba atado e inmovilizado. Permite arrancar la piel a tiras o desgarrar la espalda, pecho o abdomen del condenado. Estas heridas podían infectarse, o ser usadas para posteriores torturas. Una variante de esta tortura se aplicaba a ladrones, consistía en cerrar el puño de la mano y amarrar un guante de tal forma que al pasar el tiempo y crecerle las uñas por naturaleza estas se enterraban en la mano.

Violón: Instrumento parecido al cepo chino. Los agujeros eran para colocar la cabeza y los brazos, de modo que el individuo tenía que soportar el peso y las rozaduras.

Violón de la comadre: Una versión parecida al violón simple que se colocaba al cuello para inmovilizar y causar dolor. Se utilizaba con mujeres acusadas de chismosas y otros delitos parecidos. Se usó sobre todo en Suiza y Alemania.

Yelmo: Una variante del tormento de la rata. Se coloca al individuo un yelmo de metal de unos 40 cm de diámetro y se introducen en su parte superior un par de ratas hambrientas, que se alimentarán vorazmente con la cara de la víctima. Existen variantes para otras partes del cuerpo, como por ejemplo los genitales.

Zapatos castigadores: Los zapatos metálicos de la imagen poseen en la planta unos pinchos que en caso de apoyar al planta de pie se clavan por la parte baja del pie, para no perforarte debías mantenerte de puntillas el máximo tiempo posible, para más sufrimiento este método de tortura se combinaba con un sistema que inmovilizaba las manos y muñecas cerca de la cabeza y te obligaban a permanecer erguido.

Zarpa de gato: El torturado era colgado desnudo y con un instrumento dotado de garfios en la punta y era “rascado”. Las afiladas uñas de esta zarpa de gato desgarraban la piel y arrancaban tiras de carne, a menudo los garfios penetraban tan hondo que dejaban el hueso a descubierto e incluso podían “rascarlo”. El torturado solía morir desangrado o quedaba inconsciente debido al dolor.