Volver a "La Nobleza"
 

     En su origen, la clasificación entre duques, marqueses y condes, se establecía así: el duque gobernaba una provincia, el marqués una frontera y el conde podía regir una provincia, un territorio o una sola ciudad. En Francia los reyes mantuvieron cierto recelo ante el poder de la nobleza y sobre todo de los grandes señores llamados Duques. Al comenzar a conceder título de dicha dignidad determinaron que las tierras erigidas en ducado, si el titular fallecía sin hijos, revertirían a la Corona.

     En el imperio romano ya se conocía la dignidad de "duque". Viene del latín "ducere", "ducendo" o "dux", lo que significa conducir, mandar. Los Duques eran, por tanto, los jefes de los ejércitos. Los emperadores romanos ya tuvieron Duques con jurisdicción civil y militar para guarda y defensa de sus territorios.
     De acuerdo a lo indicado por Bastús, la dignidad de los duques en España es muy anterior a los godos, señalando que ya los había en tiempos de los romanos. Pero añade algo que, sinceramente, no podemos avalar: según él, mucho antes de la llegada de los romanos y los cartagineses a España, ya existían los Duques en nuestro país, lo que equivale a decir que los había en tiempos de los iberos, lo que nos parece algo exagerado, pues es posible que existiese la función pero no la dignidad.

     Que en la época visigoda existieron los duques no cabe duda alguna; basta recordar que, ya en tiempos del rey Wamba, existía el Duque Ranosindo. Por tanto, esta dignidad proveniente de la época romana se conservó después de la invasión de occidente por parte de los pueblos denominados "bárbaros". Parece que, en época goda, los duques gozaban de grandes privilegios como eran tener porteros de maza, heraldos propios, y aún la de emitir moneda en sus dominios.

Fernando Álvarez de Toledo (1508-1582), III Duque de Alba

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Luis Francisco de La Cerda Aragón (1660-1711), IX Duque de Medinaceli

     En la historia de España, recurriendo a antiguos documentos, encontramos que los primeros duques fueron: Don Pedro, Duque de Cantabria, (su hijo Alfonso posteriormente sería rey (Alfonso I), contrajo matrimonio con Emersinda, hija de Don Pelayo); Severiano, Duque de Cartagena; Teodomiro, Duque de Auriola; Eudo, Duque de Guinea, que fue padre de la reina Muna, esposa del rey D. Fruela y Bera, Duque de Septimania.

     En los primeros tiempos de la época visigoda, los caudillos, generales y gobernadores se denominaban duques, esta denominación se convirtió más tarde, en el último tercio del siglo XVI, en título nobiliario de gran honor y dignidad.

     En lo que respecta a Castilla y León, los reyes concedían rarísimamente este título. Primero fueron de por vida, pero después se convirtieron en hereditarios.

     Los primeros duques nombrados fueron los de Benavente, al Infante D. Fabrique, hermano del rey D. Juan I de Molina; al célebre Bertrand du Guesclin, de Valencia; a D. Juan, Infante de Portugal; de Medina Sidonia, al Infante D. Enrique, tío del rey D. Enrique II; de Peñafiel, al Infante D. Fernando, hijo del rey D. Juan I. Con posterioridad, el de Villena, al Infante de Aragón, D. Enrique, casado con su prima Dña. Catalina, hermana de D. Juan I, Señor de Villena y el de Arjona, a D. Fabrique de Castilla y de Castro.

     Al título de duque es inherente el de Grandeza de España, denominándose "primos del Rey" y tienen el privilegio de poder cubrirse ante su soberano, de ahí su denominación de "Caballero que se cubre ante el Rey", lo que no debe interpretarse como que tuvieran, permanentemente, el sombrero puesto ante el monarca, sino que podían ponérselo no sólo cuando recibían el título de Grandes, sino cuando asistían a los actos en que lo recibían otros.