Orden del TempleOrden de San Benito de AvisOrden de San Jorge de AlfamaVolver a Órdenes de Caballería

 

        La denominación era «Orden de los Pobres Caballeros de Cristo» (también llamada Orden del Temple). Fueron conocidos popularmente como los "Caballeros del Templo de Salomón" o "Caballeros Templarios", porque su primer palacio en Jerusalén era adyacente a un edificio conocido en esa época como el Templo de Salomón. A estos monjes/guerreros se les atribuían grandes conocimientos en el campo de la ciencia: economía (promovieron la letra de cambio y fijaron las bases de la contabilidad), matemáticas, arquitectura. Se piensa que el poder de los templarios llegó a ser enorme, lo que contribuyó a su posterior disolución de la cual haremos mención posteriormente.

        Se trata de una Orden célebre por su poder y riquezas así como por su final, una terminación bañada de sangre. Fueron sus miembros dueños de innumerables castillos, fortalezas, tierras y villas, favoritos de los reyes y temidos por estos. Su establecimiento data del siglo XII, una época en que era costumbre entre los cristianos realizar una visita en peregrinación a Tierra Santa. Solían desembarcar en el puerto de Baifa y, desde dicho lugar efectuaban el camino por tierra hasta Jerusalén. Pero la ruta era muy insegura, plagada de bandidos y por esta causa la pérdida de la vida o la libertad eran, muy a menudo, el premio que los peregrinos obtenían por su acentuada fe.

 
Templario  

        Durante el siglo XI desde Europa multitud de peregrinos viajaban a Tierra Santa, con el objetivo de estar en la tierra donde vivió Cristo. Durante el dominio de los califas abbasies de Bagdad, teniendo en cuenta el beneficio económico que les repercutían las peregrinaciones cristianas, los peregrinos tenían libertar para visitar los santos lugares. Esto cambió en la segunda mitad del siglo XI, cuando los turcos selyúcidas tomaron el control de la región y empezaron las muertes de peregrinos.

        El 18 de noviembre de 1095, el Papa Urbano II convoca un concilio para "librar Tierra Santa de los Infieles", en cual se crean la union de los diferentes reinos europeos para emprender las cruzadas.

        Con fecha 15 de julio de 1099, las cruzadas alcanzaban su objetivo, se adueñaban de la ciudad de Jerusalén. Esto propicia la importante ruta de mercaderías que atraviesa Tierra Santa, lo que lleva a la sospecha de que las cruzadas fueron promovidas por un interés económico aparte del religioso.

      En 1115, un caballero francés llamado Hugo de Payens y su compañero Godofredo de Saint-Adhemar, flamenco, crean la  orden  monástica  de los  "Pobres Soldados de Cristo" cuyo objetivo es proteger a  los  peregrinos, así como hacer seguras

las vías por las que viajaban. Por la época de referencia reinaba en Jerusalén como su soberano el Conde Balduino, hermano del conquistador de la ciudad Godefroy de Bouillón.

 

        En el año 1118, *nueve caballeros dirigidos por Hugo de Payns se presentaron ante el Rey Balduino II, recién coronado, manifestando su deseo de asegurar la custodia de los peregrinos que iban a Jerusalén. El rey los aceptó cediéndoles, para vivir, una parte de su palacio situado en el emplazamiento del templo de Salomón. Ante el patriarca de Jerusalén, Gordond de Piquigny, efectúan los tres votos «pobreza, castidad y obediencia» y como ocupan el templo de Salomón, son llamados «los caballeros del Temple». Esta es la historia oficial de la creación de la Orden del Temple, adoptando la divisa: «nom nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam» (nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino por la gloria de tu nombre).

    *Los nueve caballeros fundadores de la Orden anteriormente referidos fueron: Hugues de Payns, Godefroy de Saint-Omer, André de Montbard, Archamband de Saint-Aigman, Payer de Montidier, Godefroy Bisson, Gondemar, Hugo Rigaud y Rolando. Desde el comienzo, la Orden deja bien claro de que se trata de una caballería militar y así reza en sus estatutos: «Siempre deberán aceptar el combate contra los herejes aunque estén en proporción de tres a uno». En cuanto a su obligaciones, entre otras, se dictan las siguientes: «Comerán carne tres veces por semana. Los días que no coman de ella, podrán comer tres platos» y en lo que se refiere al aspecto religioso, su obligación consistía en comulgar tres veces al año, oír misa tres veces por semana y hacer limosna tres veces por semana. La Regla se la dio San Bernardo y su creación se llevó a efecto en el Concilio de Troyes, aprobada por el Papa Honorio II y confirmada por Eugenio III en el año 1158.

        En el hábito, los templarios llevaron una cruz roja que conservaron hasta su extinción. Su bandera era blanca y negra, denotando el primer color la candidez y la confianza para los amigos y el segundo, la fiereza con que debían infundir el terror entre sus enemigos.

        En el año 1130,  los templarios ya constituían un verdadero Ejército y así lo hace constar San Bernardo cuando manifiesta: «Ha aparecido una nueva caballería en la tierra de la Encarnación. Es nueva y aún no ha sido probada en el mundo, en el que desarrolla un doble combate tanto contra sus adversarios de carne y de sangre, como contra el espíritu del mal. Y a los que combaten contra los vicios y los demonios, yo los llamo maravillosos y dignos de todas las alabanzas debidas a los religiosos». Pero el cuadro que San Bernardo hace de los templarios no está lleno que se diga de colores muy atrayentes: «Afeitan sus cabellos, jamás se les ve peinados, raramente lavados, la barba hirsuta, apestando a polvo, sucios a causa de sus arneses y el calor. Entre ellos los hay malvados, impíos, raptores, sacrílegos, homicidas, perjuros y adúlteros. En ello hay una doble ventaja. La partida de esa gente es una liberación para el país y Oriente se alegrará de su llegada a causa de los servicios que allá podrán realizar».

 

        Más de veinte veces, las milicias del Temple salvarán a Tierra Santa de la invasión de los sarracenos y seis de sus grandes maestres mueren en combate. En Oriente contribuyen al provecho de la acciones bélicas, pillaje incluido. Y en Occidente aumentan las donaciones hacia el Temple. Los grandes señores convierten al Temple en su heredero. Hasta el propio rey de Aragón quiere donar su reino a los templarios. El clero secular se opuso a ello, de no ser así se hubiera producido una curiosa experiencia. Un país entero dirigido por una caballería religiosa. En Oriente, la Orden es un ejército en combate; en Occidente, una organización monacal cuyos miembros están armados para la defensa.

        El apoyo que San Bernardo dio a la Orden hizo que fuera favorecida por los señores feudales y que sus caballeros se extendieran por toda Europa y que en sus numerosos monasterios llegaran las generosas donaciones continuamente hasta el punto de convertir a la Orden del Temple en la comunidad más rica y poderosa de Occidente. En Francia tuvo su natural asiento sobrepasando en poder y riqueza a cuanto hasta entonces se había conocido, rivalizando sus grandes maestres con los reyes. Ciertamente, el Temple tuvo muchos amigos, pero tampoco le faltaron encarnizados adversarios. Guillermo de Nacy, dos años después de muerto San Bernardo, cuenta de la Orden hechos atroces, llega a acusar a sus miembros de sodomitas afirmando que uno de los ritos se basaba en el beso que el que pretendía entrar en la Orden debía propinar en el miembro viril del gran maestre. Eduardo de Vitry, en el siglo XIII dice de los templarios: «Educados en las delicias y vicios del Oriente, su orgullo no tiene límites. Yo lo sé y lo sé de buen origen que algunos sultanes han sido recibidos en la orden permitiendo que celebren sus ritos supersticiosos y presten su adoración al falso profeta Mahoma». «Beber como un templario» era un dicho común en aquella época y en el siglo XV se aseguraba que casa de templario y casa de prostitución era la misma cosa pues la Orden mantenía burdeles abiertos para beneficiarse con los ingresos que obtenían de tal negocio.

        En España, los reyes Alfonso VII el Emperador y Alfonso I el Batallador en Castilla y Aragón respectivamente, protegieron a los templarios otorgando a la Orden cuantiosas dádivas y recompensas. Hubo un momento en que la orden del Temple sobrepujó a las Ordenes de Caballería de Calatrava y Alcántara hasta el punto de que cuando los otros tenían un convento, los templarios poseían diez. Pero también es cierto que los caballeros del Temple participaban en todas las batallas contra los moros lo que ocasionó que los reyes, agradecidos por su inestimable ayuda, les fueran otorgando cada vez mayor número de villas, castillos, tierras y riquezas. Bajo tales auspicios, el número de individuos que componían la Orden aumentaba sin cesar siendo el Gran Maestre de la Orden el mayor Señor de toda la Cristiandad, después del Papa, los emperadores y los reyes.

        Su final se encuentra rodeado de la violencia, la sangre, la tortura y la muerte. Y uno de los acontecimientos más graves de la Edad Media es la disolución de la Orden por decisión del Papa, así como el proceso contra los principales caballeros del Temple, su prisión, y su tortura para obligarlos a confesar los atroces delitos de que fueron acusados. Su caída engendró una duda que aún hoy se mantiene. ¿Era la Orden del Temple culpable de los atroces delitos de que fue acusada o por el contrario todo se debió a una baja y rastrera política de Estado por parte del rey Felipe el Hermoso de Francia, o todo se debió a la envidia de dicho soberano hacia la Orden y su deseo de apoderarse de sus riquezas? Aquellos tiempos resultan algo difíciles de comprender hoy, con unos monarcas que no se detenían ante los medios más bajos y vituperables cuando se obstinaban en el logro de sus caprichos y la satisfacción de su inagotable sed de riquezas. Entonces, a la opinión pública no se la tenía en cuenta para nada, era como si no existiera y la justicia era burlada una y otra vez precisamente por aquellos que más obligación tenían de respetarla y hacerla cumplir.

  Sepelio de un templario
 

 

LOS TEMPLARIOS

 

        Nunca se sabrá que objetivos llevaron a Jerusalén en 1118 a Hugo de Payns y a sus ocho acompañantes, entre los que se encontraba Godefroy de Saint-Omer, pero sí sabemos con certeza que fueron los fundadores de la Orden del Temple, asociación religiosa que intentaba armonizar la vida caustral y ascética del monje con la profesión Militar, teniendo por fin la defensa de los peregrinos que llegaban a Tierra Santa. En aquel entonces reinaba Balduino I, quien brindó una calurosa acogida a los «pobres soldados de Cristo», como Hugo de Payns y sus ocho caballeros se hacían llamar. Pasaron nueve años en Tierra Santa, alojados en una parte del palacio, que el rey les cedió, justo encima de las caballerizas del antiguo Templo de Salomón (de ahí como ya queda dicho se les llamó los Caballeros del Temple o Templarios).

 
Ceremonia de juramento e ingreso de un Caballero en la Orden  

        Cuando se llegaba a ser nombrado Caballero, los templarios a los tres votos que hacían todos los monjes: pobreza, obediencia y castidad, sumaban un cuarto que era el hacer la guerra, transformándose así en unos monjes soldados que defendían la fe por medio de la espada, con ello todos los bienes del recién iniciado pasaban a formar parte de la orden. Esto parece difícil de entender para nuestra mentalidad de hoy pero hay que ubicarlo en el contexto del tiempo de las Cruzadas, donde el Papa decía: «el que va a las cruzadas, cometa el pecado que cometa o haya cometido, automáticamente se irá al cielo sin necesidad de confesión ni arrepentimiento». Los templarios cumplían muchos de los requisitos de los monjes de la época: rezaban seis veces al día, comían sin hablar, pero dedicaban el resto del tiempo a prepararse para la guerra. Pasaron nueve años dentro del Templo de Salomón -una construcción egipcia, que reproducía en sus estructuras simbólicas los diferentes niveles del cosmos- sin hacer nada más, para luego comenzar a expandirse por Europa.

        Cuando regresaron a Europa en 1127, encabezados por Payns, fueron recibidos con los más altos honores, y allí les esperaba el padre invisible de la Orden, Bernardo de Clairvaux (que Dante situó en su «Divina Comedia» como el único hombre  con  acceso al cielo  más elevado). Fue este monje quien redactó los reglamentos de la Orden y convocó el Concilio de Troyes en 1128, al cual asistió el propio Papa Honorio II, donde fueron reconocidos oficialmente y se les impuso un manto blanco como distintivo; más tarde, Eugenio III, añadió una

 cruz roja octogonal.  Los  rangos y  honores (de   menor   a   mayor)  que  se  establecieron  en  la orden  del  Temple  fueron: sirvientes (aspirantes), Escuderos, Caballeros, Priores Comendadores, Maestres y Gran Maestre.       Su desmesurado crecimiento material se debía a varias razones. En 1139 consiguieron una bula papal que les excluía de la jurisprudencia, tanto civil como eclesiástica, con lo que no volvieron a rendir cuentas ni a reyes ni a obispos, únicamente al Papa. Además de los testamentos y donativos que recibían, también estaban las grandes fortunas de los nobles que entraban a formar parte de la orden. También podían recolectar dinero en todas las iglesias de Occidente, una vez al año. Obtenían grandes beneficios comerciales con todo el excedente que obtenían de sus granjas y encomiendas.    

        Hacia 1170, la Orden se extendía por toda Francia, Alemania, España y Portugal, y apenas 50 años más tarde era el imperio económico, militar, político, religioso y científico más importante de Europa con: 
  - 9.000 encomiendas (granjas y casas rurales) 
  - Un ejército de 30.000 caballeros (sin contar escuderos y sirvientes, artesanos y albañiles) 
  - Más de medio centenar de castillos 
  - Una flota propia de barcos (con puertos privados) 
  - La primera banca internacional
        Era la fortuna más grande de toda Europa, hasta el punto de que reyes como el de Francia o Aragón eran deudores del Temple. Alfonso I el Batallador, nombró en su testamento, como herederos del reino a los Templarios, aunque la nobleza aragonesa se opuso y logró que renunciaran a la herencia, a cambio de diversos dominios y privilegios que consolidaron su prosperidad en el reino.

monje-soldado Templario

        Entre 1250 y 1260, se produce una fenomenal expansión de los templarios a partir de que San Bernardo los expulsa y el Papa les da su apoyo. El ingreso de muchos nobles la transformará en una orden muy poderosa: todo aquel que se enrolaba debía traspasarle sus bienes, muchos nobles les donaban su dinero, y muchos peregrinos que viajaban a Tierra Santa entregaban su patrimonio a cambio de protección y alojo. De esta forma van adquiriendo un gran poder financiero. Asimismo, por aquellos tiempos, la orden supera en miembros a otras de la época como los Hospitalarios.

        El valor de los templarios en la guerra contra los sarracenos se hizo proverbial. Cuando los musulmanes conquistaron Tierra Santa los caballeros del Temple se instalaron en Chipre. A partir del siglo XII se establecieron en las zonas fronterizas de Cataluña, Aragón, Navarra y Castilla, posición que les permitió participar en las conquistas de territorios musulmanes. Eran igual de eficientes con las cuentas como con las armas y la mayoría de los reyes les confiaban sus tesoros. Así a finales del siglo XII nació el primer banco transaccional, del que se tienen noticias. Incluso el rey de Francia , les confió sus tesoros y acabó siendo deudor de la orden. Este hecho junto con su conocida codicia por los bienes ajenos y el miedo que sentía por el poder militar del Temple, fue lo que le decidió a acabar con los Templarios en 1307, iniciando un proceso inquisitorial contra la orden. Pero a pesar de todo esto, 200 años más tarde fueron destruidos, sin oponer resistencia por su parte. En Francia, en 1314,  más  de

Templarios quemados en la hoguera

 

15.000 caballeros del Temple fueron arrestados, sin aviso y sin más razón que un mandato Real, y condenados a la hoguera y sus bienes pasaron finalmente a la corona. Un fuerte aliado de Felipe IV, fue el visir Nogaret, maquiavélico personaje que ideó el plan para la destrucción de la Orden. También se dio la circunstancia de que en un plazo de dos años murieron, misteriosamente, dos Papas (curiosamente enemigos del rey de Francia), y ocupó el trono papal Clemente V, una persona débil y manejable, que acató todas las pruebas presentadas contra los caballeros templarios: herejía, ritos blasfemos (como escupir y pisar la cruz en las iniciaciones de los caballeros), sodomía, adoración de falsos ídolos demoníacos como el misterioso Bafomet, etc. Nunca se pudieron demostrar estas acusaciones, aunque se conservan testimonios de caballeros templarios confesando lo que sus verdugos querían, bajo el poder de tremendas torturas. El Papa Clemente V suprimió la orden en 1312, después del dictamen emitido por el Concilio de Vienne (1311).

 

        En Aragón, el proceso inquisitorial se saldó con la dispersión de la Orden, después de proclamarse su inocencia en un Concilio celebrado en 1312 en Tarragona; en Valencia los bienes de la orden sirvieron para fundar la Orden de Montesa en 1317. En Cataluña y Aragón los bienes fueron a parar a los Caballeros Hospitalarios y en Castilla a la Corona. El propio Jacques de Molay (XXIII Gran Maestre), fue quemado vivo el 19 de marzo de 1314, tras siete años de prisión y tortura, frente al gran monumento gótico Nôtre Dame. Allí se retractó públicamente de cuantas acusaciones se había visto obligado a admitir, proclamó la inocencia de la orden e invitó a los culpables de todo aquello a unirse, en el plazo de un año, al juicio de Dios. Esa maldición se cumplió, el Papa Clemente V, Nogaret y Felipe IV murieron antes de finalizar el año, por causas naturales. Después de la extinción de la Orden, cayó sobre Europa una etapa verdaderamente catastrófica; el continente se sumió en múltiples guerras (período conocido como la Guerra de los Cien Años). Pero con la muerte de Jacques de Molay no acabó la orden, los caballeros que huyeron a otros países formaron nuevas órdenes como por ejemplo: En Portugal la de Cristo, en Finlandia la de San Andrés y en España la de Montesa. Hay escritos que señalan que un tal Marc Larmenius, sucedió a Molay en la jefatura de la Orden en Francia. Muchas son las teorías que circulan entorno a estos misteriosos caballeros, unas dicen que encontraron el Santo Grial, otras que descubrieron el Arca de la Alianza, enterrada en el Templo de Salomón; pero nunca sabremos la verdadera historia.   

 

        Desde el punto de vista militar, durante estos casi dos siglos llega a tener veintitrés Grandes Maestres (la mayoría de ellos franceses), seis de los cuales mueren en batalla. Tenían una consigna «ser los primeros en entrar en batalla y los últimos en irse». Cumplieron históricamente el cuarto voto de la guerra con total fidelidad. Cada Templario podía tener tres caballos y un escudero. A esto se suma una cadena de veinte fortalezas, propiedad de los Templarios en Tierra Santa y la enorme capacidad financiera mencionada anteriormente. Se discute acerca de si fueron los primeros banqueros del mundo, el Dr. Fraga no lo cree, pero sí considera que fueron los precursores del sistema financiero occidental a gran escala. De hecho, la Orden del Temple disponía de bienes en Francia, Inglaterra, Escocia, Flandes, Portugal y España. Los testimonios de tres de cada cuatro historiadores de la época están a favor de los Templarios; uno de cada cuatro está en contra, los critican por soberbia, por vanidad, o por los recelos frente a ellos de la propia Iglesia, ya que dependían directamente del Papa.

        Los Templarios eran los grandes financistas de la Corona de Francia y del rey de Inglaterra. A esta mezcla de lo religioso, lo militar y lo financiero se agrega su papel como constructores. Muchas de sus obras se relacionan con los astros, toman técnicas de los egipcios y tienen muchos significados ocultos. Aquí es donde aparece la similitud entre las construcciones del Norte de África y el Mediterráneo.

  Caballero del Temple

      

        En los dos siglos que duran las Cruzadas, tienen éxito gracias a la propia disolución musulmana, de hecho muchos sarracenos se unen a ellos. La decadencia de los Templarios, marca también la decadencia de las Cruzadas. Pero aquí hay un punto fundamental: ¿por qué no sobrevivieron los Templarios? Habían instalado su cuartel general en Chipre, para desde allí recuperar Jerusalén, perdida en manos de los sarracenos. El último Gran Maestre Jacques de Molay recibe, en 1307, la convocatoria del Papa para visitar Francia con el supuesto de discutir la unión de la Orden de los Templarios con la de los Caballeros Hospitalarios. Jacques de Molay cae en la trampa del Papa y de Felipe IV, también llamado Felipe el Hermoso, y es arrestado como hereje. Debe tenerse en cuenta que por un lado, el monarca estaba altamente endeudado y debía a los Templarios grandes sumas de dinero y por otro, Felipe IV ambicionaba las inmensas riquezas de la orden y los consideraba como un poder amenazante para la corona.
 

        Hay dos hechos históricos que marcan la peculiaridad de los Templarios:
  - En primer lugar, su relación con la llamada «Secta de los asesinos» (una secta de islámicos terroristas asesinos, situados en Siria) que se encargaba de matar a monarcas, sultanes, etc; pero nunca actuaron sobre los Templarios. Hay dos versiones al respecto: una que sostienen que matar a los Templarios no servía de nada ya que no se producía ninguna crisis sucesoria, y otra que dice que existía una alianza entre ambos. Lo cierto es que los Templarios no participaron como una fuerza expedicionaria contra Damasco, donde se encontraba la secta, desobedeciendo los deseos del Papa. Tampoco tomaron parte de las Cruzadas en contra de los cátaros.
  - En segundo lugar, se destaca la vinculación con la leyenda. A fines del siglo XII (1188) surge la primera versión escrita sobre los Templarios por parte del francés Chrétien de Troyes: «Le roman de Perceval» o  «Le Conte del Graal». A principios del siglo XIII (1210), surge una segunda versión escrita por el alemán Wolfram von Eschenbach:  «Parzifal», donde se muestra a los Templarios como los custodios del Grial. En el medio se escribe Perlesvaux de fuente anónima, una versión blasfema con alusiones que luego fueron imputadas a los Templarios.

        Felipe el Hermoso rey de Francia mandó detener en forma simultánea a los Grandes Maestres. Hay testimonios de que el último de ellos sabía lo que ocurriría con la Orden, de hecho los templarios enviaron a sus preceptorías de Francia una nota en la que subrayaban que no facilitaran información alguna sobre las costumbres y los rituales de la Orden. Fueron detenidos entonces, bajo las acusaciones de: idolatría, sodomía, negar la fe cristiana, e incluso adorar a "Baphomet", una especie de diablo, cuya imagen aún continúa en la iglesia de Saint-Merry en París. Muchos templarios fueron torturados porque el sistema judicial de la época así lo permitía, otros fueron quemados. Al no oponer resistencia, esta situación supuso un quiebre de voluntad: no estaban preparados mentalmente para luchar en contra de lo que defendían. Nuevamente aquí, cuatro de cada cinco testimonios afirman que los Templarios eran inocentes, y uno de cada cinco que eran culpables. El proceso inquisitorial duró siete años. A esta altura el Gran Maestre Jacques de Molay, que contaba ya con unos sesenta años, había confesado los pecados que se le adjudicaban a la orden. El resto de los templarios negó todo, afirmando que la orden no era culpable. Posteriormente Jacques de Molay se retractó pero fue condenado a morir a fuego lento. De esta forma, en marzo de 1314, los siete templarios más importantes eran quemados a fuego lento. En cuanto al resto del mundo, nadie quiso hacer con los templarios lo que hizo el rey de Francia. Fueron absueltos en varios países, en otros se unieron a otras órdenes; pero fueron los reyes de Portugal y Escocia quienes los refugiaron. En Portugal surge un punto a analizar: en qué medida ellos fueron los que transmitieron datos y los precursores de la navegación interoceánica. En Escocia pueden haber jugado un papel en el origen de la masonería. También aquí se mezcla la historia y la leyenda. Con respecto al Grial, en los siglos posteriores y desde el siglo XII, todo intento de volver sobre el tema ubica a los Templarios en el medio. Posteriormente, aparecen las teorías de que los Templarios emergen como consecuencia del cristianismo esotérico. Es interesante observar que la Iglesia ha revisado el proceso en contra de Galileo Galilei, pero el proceso de los Templarios nunca se reabrió. Esto aviva aún más el tema de la leyenda. Evidentemente, en la Edad Media occidental es donde más se oculta la historia y la leyenda. Hoy, a diferencia de la historia positivista y empírica del siglo XIX, se reconoce que la leyenda puede ayudar a la historia.

 

 

LA ELECCIÓN DEL GRAN MAESTRE DE LA ORDEN

 

         Cuando el Gran Maestre en ejercicio moría, era envuelto en su capa blanca y el cuerpo quedaba expuesto en la capilla. Durante la semana que seguía a su muerte todos los hermanos de la orden debían rezar cada día cien padrenuestros por el reposo de su alma. La ropa del difunto era regalada a los leprosos y sus pertenencias personales eran repartidas entre los hermanos presentes. A los ocho días de su muerte era inhumado en una tumba anónima.

        El Mariscal del Temple se encargaba, mientras el puesto estaba vacante, de la marcha de los asuntos cotidianos y reunía lo antes posible a los dignatarios, es decir a los comendadores provinciales.

        Cuando el colegio estaba reunido empezaba por nombrar al Gran Comendador de la elección, que se elegía por mayoría de votos. El Comendador proponía entonces una pequeña lista de nombres que había establecido con la ayuda del mariscal y de los comendadores de Jerusalén, Trípoli y Antioquia.

        Luego el Gran Comendador de la elección elegía a otro hermano y se retiraban a la capilla para meditar y elegir a otros dos miembros más. Los cuatro nombraban a otros dos y así sucesivamente hasta formar un grupo de doce. Era obligatorio que el grupo estuviera formado por ocho caballeros y cuatro sargentos procedentes de provincias diferentes. Los doce y el capellán debían presentarse ante el capítulo y luego se retiraban a la capilla en donde examinaban los nombres propuestos y seleccionaban dos. Salía electo el que obtenía el mayor número de votos. Se comunicaba inmediatamente su nombre al capítulo. Luego era proclamado Gran Maestre al tiempo que resonaba un Te Deum en honor del Espíritu Santo, inspirador de la elección.

        La ceremonia concluía con esta declaración del comendador de la elección
«Amados señores, dad gracias a Dios y contemplad a vuestro Maestre».

        A partir de 1153 el maestre fue llamado «Gran Maestre por la Gracia de Dios». El electo obligatoriamente debía ser caballero y con frecuencia había desempeñado un cargo importante en Tierra Santa.

 

 

LOS PODERES Y LA CASA DEL GRAN MAESTRE

 

        La autoridad que el maestre detenta y debe hacer respetar es real pero no absoluta, pues está limitada por las acciones del capítulo o del convento. «Los hermanos del Temple deben obedecer al maestre y éste debe obedecer al convento» precisa la regla. Sólo con la venia del capítulo y el voto mayoritario de sus miembros puede:
  - Modificar o añadir un artículo de la regla.
  - Enajenar o vender los bienes de la orden.
  - Concluir un tratado.
  - Disponer del tesoro.
  - Nombrar los grandes comendadores de provincias.
  - Aceptar una candidatura.
  - Retirar el hábito o condenar a la pérdida de la casa.

        En sus relaciones con los soberanos el Maestre del Temple detentaba el rango de Príncipe y su casa debía estar a la altura de esa posición. Estaba compuesta por:
  - Un capellán, hermano de la orden.
  - Dos escuderos encargados de sus armas.-
  - Un secretario permanente
  - Un turcópolo
  - Un cocinero
  - Dos criados y un mariscal herrero

        Dos caballeros lo escoltaban en todos sus desplazamientos y cabalgaban detrás de él. En campaña, su tienda, que era redonda en recuerdo del Santo Sepulcro, se levantaba en medio del campamento con el Bausán plantado en la entrada.

 

 

LAS REGLAS DE LOS TEMPLARIOS

Con la fe y con las armas

 

        Esta traducción de la original, o primitiva, Regla de los Templarios está basada en la edición de 1886 de Henri de Curzon, «La Régle du Temple como Manual Militar», o «Cómo Desempeñar un Cargo Caballeresco». Representa la Regla dada a los recién originados Caballeros del Temple por el Concilio de Troyes, 1129, aunque, «no debe olvidarse que la Orden había existido durante varios años y desarrollado sus propias tradiciones y costumbres antes de la aparición de Hugues de Payens en el Concilio de Troyes». Por tanto, hasta cierto punto, la Regla Primitiva está basada en prácticas ya existentes (Upton-Ward, p. 11). La Regla de los Templarios incluye una introducción de Upton-Ward; también la Regla de los Templarios Primitiva y sus estatutos jerárquicos, castigos sobre regulaciones de gobierno, vida conventual, capítulos ordinarios, recepción en la Orden y un apéndice por Matthew Bennett, «La Régle du Temple como un Manual Militar, o cómo desempeñar un cargo caballeresco». El libro es extremadamente recomendable para aquellos interesados en los Templarios o en cualquier Orden Militar.

        Las notas para la Regla Primitiva, facilitados por Mrs. Upton-Ward en la «Regla de los Templarios», son de considerable interés y deberían ser consultadas por aquellos que deseen estudiar la Regla con más detalle.

    1. Nos dirigimos, en primer lugar a todos aquellos quienes con discernimiento rechazan su propia voluntad y desean de todo corazón, servir a su rey soberano como caballero; llevar con supremo afán, y permanentemente, la muy noble armadura de la obediencia. Y por tanto, nosotros os invitamos, a seguir a los escogidos por Dios de entre la masa de perdición y a quienes ha dispuesto, en virtud de su sutil misericordia, defender la Santa Iglesia, y que vosotros anheláis abrazar por siempre. 

    2. Por sobre todas las cosas, quienquiera que ser un caballero de Cristo, escogiendo estas sagradas ordenes en su profesión de fe, debe unir sencilla diligencia y firme perseverancia, que es tan valiosa y sagrada, y se revela tan noble, que si se mantiene impoluta para siempre, merecerá acompañar a los mártires que dieron sus almas por Cristo Jesús. En esta orden religiosa ha florecido y se revitaliza la orden caballeresca. La caballería, a pesar del amor por la justicia que constituye sus deberes, no cumplió con sus obligaciones con ellos, defendiendo a los pobres, viudas, huérfanos e iglesias, sino que se aprestaron a destruir, despojar y matar. Dios que actúa conforme a nosotros y nuestro salvador Cristo Jesús; ha enviado a sus partidarios desde la ciudad Santa de Jerusalén a los acuartelamientos de Francia y Borgoña, para nuestra salvación y muestra de la verdadera fe, pues no cesan de ofrecer sus vidas por Dios, un piadoso sacrificio. 

    3. Ante ello nosotros, en completo gozo y hermandad, por requerimiento del Maestre Hugues de Payns, por quien la mencionada orden caballeresca ha sido fundada con la gracia del Espíritu Santo, nos reunimos en Troyes, de entre varias provincias más allá de las montañas, en la fiesta de San Hilario, en el año de la encarnación de Cristo Jesús de 1128, en el noveno año tras la fundación de la anteriormente mencionada orden caballeresca. De la conducta e inicios de la Orden de Caballería hemos escuchado en capítulo común de labios del anteriormente citado Maestre, Hermano Hugues de Payns; y de acuerdo con las limitaciones de nuestro entendimiento, lo que nos pareció correcto y beneficioso alabamos, y lo que nos pareció erróneo rechazamos. 

    4. Y todo lo que aconteció en aquel Consejo no puede ser contado ni recontado; y para que no sea tomado a la ligera por nosotros, sino considerado con sabia prudencia, lo dejamos a discreción de ambos nuestro honorable padre el Señor Honorio y del noble Patriarca de Jerusalén, Esteban, quien conoce los problemas del Este y de los Pobres Caballeros de Cristo; por consejo del concilio común lo aprobamos unánimemente. Aunque un gran número de padres religiosos reunidos en capítulo aprobó la veracidad de nuestras palabras, sin embargo no debemos silenciar los verdaderos pronunciamientos y juicios que emitieron.

    5. Por tanto yo, Jean Michel, a quien se ha encomendado y confiado tan divino oficio, por la gracia de Dios, he servido de humilde escriba del presente documento por orden del consejo y del venerable padre Bernardo, abad de Clairvaux.

    Los nombres de los Padres que asistieron al Concilio
    6. Primero fue Mateo, obispo de Albano, por la gracia de Dios, legado de la Santa Iglesia de Roma; R[enaud], arzobispo de Reims; H(enri), arzobispo de Sens; y sus clérigos: G[ocelin], obispo de Soissons; el obispo de París; el obispo de Troyes; el obispo de Orlèans; el obispo de Auxerre; el obispo de Meaux; el obispo de Chalons; el obispo de Laon; el obispo de Beauvais; el abad de Vèzelay, quien posteriormente fue arzobispo de Lyon y legado de la Iglesia de Roma; el abad de Cîteaux; el abad de Pontigny; el abad de Trois-Fontaines; el abad de St Denis de Reims; el abad de St-Etienne de Dijon; el abad de Molesmes; al anteriormente mencionado B[ernard], abad de Clairvaux, cuyas palabras el anteriormente citado alabó francamente. También estuvieron presentes el maestre Aubri de Reims; maestre Fulcher y varios otros que sería tedioso mencionar. Y de los otros que no se han mencionado, es importante asentar, en este asunto, de que son amantes de la verdad, ellos son: el conde Theobald, el conde de Nevers y Andrè de Baudemant. Estuvieron en el concilio y actuaron de tal proceder, con perfecto y cuidadoso estudio seleccionando lo correcto y desechando lo que no les parecía justo. 

    7. Y también presente estaba el Hermano Hugues de Payns, Maestre de Caballería, con algunos de los hermanos que le acompañaron. Estos eran Hermano Roland, Hermano Godefroy, Hermano Geoffroi Bisot, Hermano Payen de Montdidier, Hermano Archambaut de Saint-Amand. El propio Maestre Hugues con sus seguidores antedichos, expusieron las costumbres y observancias de sus humildes comienzos y uno de ellos dijo: «Ego principium qui et loquor vobis» (significa: "yo quien habla a vosotros soy el principio"). 

    8. Agradó al concilio común que las deliberaciones se hicieran allí, y el estudio de las Sagradas Escrituras, que se examinaron profundamente, con la sabiduría de mi señor H[onorius], Papa de la Santa Iglesia de Roma y del patriarca de Jerusalén y en conformidad con el capítulo. Juntos, y de acuerdo con los Pobres Caballeros de Cristo del Templo que está en Jerusalén, se debe poner por escrito y no olvidado, celosamente guardado de tal forma, que para una vida de observancia se puedan referir a su creador; comparación más dulce que la miel en paridad con Dios; cuya piedad parece óleo, y nos permite ir hacia Él a quien deseamos servir «per infinita seculorum secula, Amen».

La Regla de los "Pobres Caballeros del Temple"

    9. Vosotros los que renunciáis a vuestra voluntad, y vosotros otros los que servís a un rey soberano con caballos y armas, para salvación de vuestras almas y por tiempo establecido, acudiréis con deseo virtuoso a oír matines y el servicio completo, según la ley canónica y las costumbres de los maestres de la Ciudad Santa de Jerusalén. Oh vosotros venerables hermanos, que Dios sea con vosotros, si prometéis despreciar el mundo por perpetuo amor a Dios, desterrar las tentaciones de vuestro cuerpo; sostenido por el alimento de Dios, beber y ser instruido en los mandamientos de Nuestro Señor; al final del oficio divino, ninguno debe temer entrar en batalla si por ende lleva tonsura.

    10. Pero si cualquier hermano es enviado por el trabajo de la casa y por la Cristiandad al Este –algo que creemos ocurrirá frecuentemente- y no puede oír el divino oficio, deberá decir en lugar de matines trece paternosters; siete por cada hora y nueve por vísperas. Y todos juntos le ordenamos que así lo haga. Pero aquellos que han sido enviados y no puedan volver para asistir al divino oficio, si les es posible a las horas establecidas, que no deberán ser omitidas, rendir a Dios su homenaje.

    La forma en que deben ser recibidos los Hermanos
    11. Si cualquier caballero seglar o cualquier otro hombre, desea dejar la masa de perdición y abandonar la vida secular escogiendo la vuestra en comunidad, no consintáis en recibirlo inmediatamente, porque según ha dicho mi Señor San Pablo: «Probate spiritus si ex Deo sunt» (quiere decir: "prueba el alma a ver si vine de Dios") Sin embargo, si la compañía de sus hermanos le debe ser concedida, dejad que le sea leída la Regla, y si desea explícitamente obedecer los mandamientos de la Regla, y complace tanto al Maestre como a los hermanos el recibirle, dejadle revelar su deseo ante todos los hermanos reunidos en capítulo y hacer su solicitud con corazón digno. 

    Sobre Caballeros Excomulgados
    12. Donde sepáis que se concentran caballeros excomulgados, allí os obligamos a ir; y si alguien desea unirse a la Orden de Caballería proveniente de regiones lejanas, no deberéis considerar tanto el valor terrenal como el de la eterna salvación de su alma. Nosotros ordenamos que sea recibido condicionalmente, que se presente ante el obispo de la provincia y le comunique su intención. Y, cuando el obispo lo haya escuchado y absuelto, lo enviará al Maestre y hermanos del Temple, y si su vida es honesta y merecedora de su compañía, si parece justo al Maestre y hermanos, dejad que sea piadosamente recibido; y si muriera durante ese tiempo, por la angustia y tormento que ha sufrido, dejad que se le otorguen todos los favores de la hermandad, dados a cada uno de los Pobres Caballeros del Temple.

    13. Bajo ninguna otra circunstancia, deberá los hermanos del Temple compartir la compañía de los indiscutiblemente excomulgados, ni que se queden con sus pertenencias; y esto debe ser prohibido encarecidamente porque sería terrible que fueran asimismo repudiados. Pero si solo le ha sido prohibido escuchar el Divino Oficio, es ciertamente posible permanecer en su compañía, así como quedarse con sus pertenencias, entregándolas a la caridad con el permiso de su Comendador. 

    Sobre no Aceptar Niños
    14. Aunque la regla de los santos padres permite recibir a niños en la vida religiosa, nosotros lo desaconsejamos. Porque aquel que desee entregar a su hijo eternamente en la orden caballeresca deberá educarlo hasta que sea capaz de llevar las armas con vigor, y liberar la tierra de los enemigos de Cristo Jesús. Entonces que su madre y padre lo lleven a la casa y que su petición sea conocida por los hermanos; y es mucho mejor que no tome los votos cuando niño sino al ser mayor, pues es conveniente que no se arrepienta de ello, a que lo haga. Y seguidamente que sea puesto a prueba de acuerdo con la sabiduría del Maestre y hermanos conforme a la honestidad de su vida al solicitar ser admitido en la hermandad.

    Sobre los que están de pie demasiado tiempo en la Capilla
    15. Se nos ha hecho saber, y lo hemos escuchado de testigos presenciales, que de forma inmoderada y sin restricción alguna, vosotros escucháis el divino oficio de pie. Nosotros no ordenamos que os comportéis de esta forma, al contrario lo desaprobamos. Disponemos, que tanto los fuertes como los débiles, para evitar desordenes, canten el salmo llamado «Venite», con la invitatoria y el himno sentados, y digan sus oraciones en silencio, en voz baja no voceando, para no perturbar las oraciones de los otros hermanos. 

    16. Pero al final de los salmos, cuando se canta el «Gloria Patri», en reverencia a la Santísima Trinidad, os pondréis de pie y os inclinareis ante el altar, mientras los débiles o enfermos solo inclinarán la cabeza. Por tanto mandamos; que cuando la explicación de los Evangelios sea leída, y se cante el «Te deum laudamus», y mientras se cantan los laudes, y los maitines terminan, vosotros estéis de pie. De esta misma forma dictaminamos que permanezcáis de pie durante maitines y en todas las horas de Nuestra Señora.

    Sobre la Vestimenta de los Hermanos
    17. Disponemos que todos los hábitos de los hermanos sean de un solo color, bien sea blanco, negro o marrón. Y sugerimos que tanto en invierno como en verano si es posible, lleven capas blancas; y a nadie que no pertenezca la mencionada caballería de Cristo le será permitido tener una capa blanca, para que quienes hayan abandonado la vida en oscuridad se reconozcan los unos a los otros como seres reconciliados con su creador por el signo de sus hábitos blancos, que significa pureza y completa castidad. La Castidad es certeza en el corazón y salud en el cuerpo. Por lo que si un hermano no toma votos de castidad no puede acceder al eterno descanso ni ver a Dios, por la promesa del apóstol que dijo «Pacem sectamini cum omnibus et castimoniam sine qua nemo Deum videbit» (significa "lucha para llevar la paz a todos, mantente casto, sin lo cual nadie puede ver a Dios"). 

    18. Pero estas vestiduras deberán mantenerse sin riquezas y sin ningún símbolo de orgullo. Y así, nosotros exigimos que ningún hermano lleve piel en sus vestidos, ni cualquier otra cosa que no pertenezca al uso del cuerpo, ni tan siquiera una manta que no sea de lana o cordero. Concertamos en que todos tengan lo mismo, de tal forma que puedan vestirse y desvestirse, y poner y quitarse las botas con facilidad. Y el sastre, o quien haga sus funciones, deberá mostrarse minucioso y cuidar que se mantenga la aprobación de Dios en todas las cosas mencionadas, para que los ojos de los envidiosos y mal intencionados no puedan observar que las vestiduras sean demasiado largas o cortas; deberá distribuirlas de tal manera que sean de la medida de quien las ha de llevar, según la corpulencia de cada uno.

    19. Y si alguno por orgullo o arrogancia desea tener para él un mejor y más fino hábito, dadle el peor. Y aquellos que reciban vestiduras nuevas deberán inmediatamente devolver las viejas, para que sean entregadas a escuderos y sargentos, y a menudo a los pobres, según lo que considere conveniente el encargado de ese menester.

    Sobre las Camisas
    20. Entre otros asuntos sobre los que regulamos, debido al intenso calor existente en el Este, desde Pascua hasta todos los Santos, gracias a la compasión y de ninguna forma como derecho, una camisa de lino será entregada al hermano que así lo solicite.

    Sobre la Ropa de Cama
    21. Ordenamos por unánimemente que cada hombre tenga la ropa y sábanas de acuerdo con el juicio de su Maestre. Es nuestro propósito que un colchón, un almohadón y una manta son suficientes para cada uno; y aquél a quien le falte uno de éstos puede usar una alfombra, y una manta de lino siempre que sea de pelo fino. Y dormirán siempre vestidos con camisa y pantalón, y zapatos y cinturones, y donde reposen deberá haber siempre una luz encendida hasta la mañana. Y el sastre se asegurará que los hermanos estén tan bien tonsurados que puedan ser examinados tanto de frente como de espaldas; y nosotros ordenamos que vosotros os adhiráis a esta misma conducta en lo tocante a barbas y bigotes, para que ningún exceso se muestre en sus cuerpos.

    Sobre Zapatos Puntiagudos y Cordones de Lazo
    22. Prohibimos los zapatos puntiagudos y los cordones de lazo y condenamos que un hermano los use; ni los permitimos a quienes sirvan en la casa por tiempo determinado; más bien, prohibimos que los utilicen en cualquier circunstancia. Porque es manifiesto y bien sabido que estas cosas abominables pertenecen a los paganos. Tampoco deberán llevar ni el pelo ni el hábito demasiado largos. Porque aquellos que sirven al soberano creador deben surgir de la necesidad dentro y fuera mediante la promesa de Dios mismo quien dijo: «Estote mundi quia ego mundus sum» (quiere decir: "nace como yo nazco").

    Cómo deben comer
    23. En el palacio, o lo que debería llamarse refectorio, deberéis comer juntos. Pero si estáis necesitados de algo, pues no estáis acostumbrados a los utilizados por los religiosos, quedamente y en privado deberéis pedir lo que necesitéis en la mesa, con toda humildad y sumisión. Porque el Apóstol dijo: Manduca «panem tuum cum silentio» (significa: "come tu pan en silencio"). Y el salmista: «Posui ori meo custodiam». (quiere decir: "yo reprimí mi lengua", que significa: "yo creo que mi lengua me traicionaría" lo que es: "callé para no hablar mal").

    Sobre la Lectura de la Lección
    24. Siempre, durante la comida y cena en el convento, que se lean las Sagradas Escrituras, si ello es posible. Si amamos a Dios, sus Santas palabras y sus Santos Mandamientos, desearemos escuchar atentamente; y el lector da texto os reclamará silencio antes de comenzar a leer.

    Sobre Pucheros y Vasos
    25. Debido a la escasez de pucheros, los hermanos comerán por parejas, de tal forma que uno pueda observar más de cerca al otro, y para que ni la austeridad ni la abstinencia en secreto sean introducidas, en la comida de comunidad. Y nos parece justo que cada hermano tenga la misma ración de vino en su copa.

    Sobre Comer Carne
    26. Deberá ser suficiente, comer carne tres veces por semana, excepto por Navidad, Todos los Santos, la Asunción y la Festividad de los Doce Apóstoles. Porque se entiende que la costumbre de comer carne corrompe el cuerpo. Pero si un ayuno en el que se debe suprimir la carne cae en martes, al día siguiente será dada en cantidad a los hermanos. Y los Domingos todos los hermanos del Temple, los capellanes y clérigos recibirán dos ágapes de carne en honor a la Santa Resurrección de Cristo Jesús. Y el resto de la casa, que incluye los escuderos y sargentos, deberán contentarse con una comida y estar agradecidos al Señor por ella.

    Sobre las Comidas entre Semana
    27. Sobre los otros días de la semana, que son lunes, miércoles e incluso sábados, los hermanos tengan dos o tres comidas de vegetales u otros platos comidos con pan; y nosotros creemos que es suficiente y ordenamos que así sea. De tal manera que aquel que no coma en una comida, lo haga en la otra. 

    Sobre la Comida del Viernes
    28. Los viernes, que se ofrezca a toda la congregación, comida cuaresmal, surgida de la reverencia hacia la pasión de Cristo Jesús; y haréis abstinencia desde la festividad de Todos los Santos hasta la Pascua, excepto el día de Navidad, la Asunción y la Festividad de los Doce Apóstoles. Pero los hermanos débiles o enfermos no deberán ser obligados a esto. Desde Pascua hasta la fiesta de Todos los Santos pueden comer dos veces, mientras no sea abstinencia general.

    Sobre Dar las Gracias
    29. Siempre, después de cada comida o cena todos los hermanos deberán dar gracias a Dios en la iglesia y en silencio si ésta se encuentra del lugar dónde comen, y si no lo está en el mismo lugar en donde hayan comido. Con humildad deberán dar gracias a Cristo Jesús quien es el Señor que provee. Dejad que los trozos de pan roto, sean dados a los pobres y los que estén en rodajas enteras, sean guardados. Aunque la recompensa de los pobres sea el reino de los cielos, se ofrecerá a los pobres sin dudarlo, y la fe Cristiana os reconocerá entre los suyos; por tanto concertamos, que una décima parte del pan sea entregado a vuestro Limosnero.

    Sobre la Merienda
    30. Cuando cae el sol y comienza la noche escuchad la señal de la campana o la llamada a oración, según las costumbres del país, y acudid todos a capítulo. Pero disponemos que primero merendéis; si bien dejamos la toma de este refrigerio al arbitrio y discreción del Maestre. Cuando queráis agua u ordenéis, por caridad, vino aguado, que se os dé con comedimiento. Ciertamente, no deberá ser en exceso, sino con moderación. Porque Salomón dijo: «Quia vinum facit apostatare sapientes. ÃÃ ÄÄ» (quiere decir "el vino corrompe a los sabios").

    Sobre Mantenerse en Silencio
    31. Cuando los hermanos salgan del capítulo no deben hablar abiertamente excepto en una emergencia. Dejad que cada uno vaya a su cama tranquilo y en silencio, y si necesita hablar a su escudero, se lo deberá decir en voz baja. Pero si por casualidad, a la salida del capítulo, la caballeresca o la casa tiene un serio problema, que debe ser solventado antes de la mañana, entendemos que el Maestre o el grupo de hermanos mayores que gobiernan la Orden por el Maestre, puedan hablar apropiadamente. Y por esta razón obligamos que sea hecho de esta manera. 

    32. Porque está escrito: «In multiloquio non effugies peccatum» (quiere decir que "el hablar en demasía no está libre de pecado"). Y en algún otro lugar: «Mors et vita in manibus lingue» (que significa: "la vida y la muerte están bajo el poder de la lengua"). Y durante esa conversación nosotros conjuntamente prohibimos palabras vanas y estruendosos ataques de risa. Y si algo se dice, durante esa conversación, que no debería haberse dicho, ordenamos que al acostaros recéis un paternoster con notable humildad y sincera devoción. 

    Sobre los Hermanos Convalecientes
    33. Los hermanos que por el trabajo de la casa padezcan enfermedad pueden levantarse a las matinas con el consentimiento y permiso del Maestre o de aquellos que se encarguen de ese menester. Deberán decir en lugar de las matinas trece paternosters, así queda establecido, de tal forma y manera que sus palabras reflejen su corazón. Así lo dijo David: «psallite sapienter» (que significa: "canta con sabiduría"). E igualmente dijo David: «In conspectu Angelorum psallam tibi» (que significa: "yo cantaré para ti ante de los ángeles"). Y dejad que esto sea siempre así y a la discreción del Maestre o de aquellos encargados de tal menester.

    Sobre la Vida en Comunidad
    34. Leemos en las Sagradas Escrituras: «Dividebatur singulis prout cuique opus erat» (que significa "a cada uno le será dado según su necesidad), por esta razón nosotros decimos que ninguno estará por encima de vosotros, sino que todos cuidareis de los enfermos; y aquél que esté menos enfermo dará gracias a Dios y no se preocupará; y permitiréis que aquel que esté peor se humille mediante su debilidad y no se enorgullezca por la piedad. De este modo todos los miembros vivirán en paz. Y prohibimos a todos que abracen la excesiva abstinencia; si no que firmemente mantengan la vida en comunidad. 

    Sobre el Maestre
    35. El Maestre puede a quien le plazca entregar el caballo y la armadura y lo que desee de otro hermano, Y el hermano cuya cosa pertenecía no se sentirá vejado ni enfadado: porque es cierto que si se enfada irá contra Dios. 

    Sobre dar Consejos
    36. Permitir solo a aquellos hermanos que el Maestre reconoce que darán sabios y buenos consejos sean llamados a reunión; y así lo ordenamos, y que de ninguna otra forma alguien pueda ser escogido. Porque cuando ocurra que se desee tratar de materias serias; como la entrega de tierra comunal, o hablar de los asuntos de la casa, o recibir a un hermano, entonces si el Maestre lo desea, es apropiado reunir la congregación entera para escuchar el consejo de todo el capítulo; y lo que considere el Maestre mejor y más beneficioso, dejar que así se haga.

    Sobre los Hermanos enviados a Ultramar
    37. Los Hermanos que sean enviados a diversos países del mundo deberán cuidar los mandatos de la Regla según su habilidad y vivir sin desaprobación respecto a la carne y el vino, etc. para que reciban elogio de extraños y no mancillar por hecho o palabra los preceptos de la Orden, y para ser un ejemplo de buenas obras y sabiduría; por encima de todo, para que aquellos con quienes se asocien y en cuyas posadas reposen, sean recibidos con honor. Y a ser posible, la casa donde duerman y se hospeden que no quede sin luz por la noche, para que los tenebrosos enemigos no los conduzcan a la maldad, dado que Dios así lo prohíbe.

    Sobre Mantener la Paz
    38. Cada hermano debe asegurarse de no incitar u otro a la ira o enojo, porque la soberana piedad de Dios ve al hermano fuerte igual que al débil, en nombre de la Caridad. 

    Cómo deben actuar los Hermanos
    39. A efecto de llevar a cabo sus santos deberes, merecer la Gloria del Señor y escapar del temible fuego del infierno, es acorde que todos los hermanos profesos obedezcan estrictamente a su Maestre. Porque nada es más agradable a Cristo Jesús que la obediencia. Por esta razón, tan pronto algo sea ordenado por el Maestre o en quien haya delegado su autoridad, deberá ser obedecido sin dilación como si Cristo lo hubiese impuesto. Por ello Cristo Jesús por boca de David dijo y es cierto: «Ob auditu auris obedivit mihi» (quiere decir: "me obedeció tan pronto me escuchó"). 

    40. Por esta razón rezamos y firmemente dictaminamos a los hermanos caballeros que han abandonado su ambición personal y a todos aquellos que sirven por un período determinado a no salir por pueblos o ciudades sin el permiso del Maestre o de quien él haya delegado; excepto por la noche al Sepulcro y otros lugares de oración dentro de los muros de la ciudad de Jerusalén. 

    41. Allí, irán los hermanos por parejas, de otra forma no podrán salir ni de día ni de noche; y cuando se detienen en una posada, ningún hermano, escudero o sargento puede acudir a los aposentos de otro para verlo o hablar con él sin permiso, tal y como se ha dicho. Ordenamos por unánime consentimiento que en esta Orden regida por Dios, ningún hermano deberá luchar o descansar según su voluntad, sino siguiendo las ordenes del Maestre, a quien todos deben someterse, para que sigan las indicaciones de Cristo Jesús que dijo: «Non veni facere voluntatem meam, sed ejus que misit me, patris» (significa: "yo no vine a hacer mi propia voluntad, sino la voluntad de mi padre quien me envió").

    Cómo deben Poseer e Intercambiar
    42. Sin el permiso del Maestre o quien en su lugar ostente el cargo, que ningún hermano intercambie cosa alguna con otro, ni así lo pida, a menos que sea de escaso o nulo valor. 

    Sobre Cerrojos
    43. Sin permiso del Maestre o quien le represente, ningún hermano tendrá una bolsa o monedero que se pueda cerrar; pero los directores de casas o provincias y el Maestre no se atendrán a esto. Sin el consentimiento del Maestre o su Comendador, que ningún hermano tenga cartas de sus parientes u otras personas; pero si tiene permiso, y así lo quiere el Maestre o Comendador, estas cartas le pueden ser leídas.

    Sobre Regalos de Seglares
    44. Si algo que no se puede conservar, como la carne, es regalado en agradecimiento, a un hermano por un seglar, lo presentará al Maestre o al Comendador de Avituallamiento. Pero si ocurre que uno de sus amigos o parientes desea regalárselo solo a él, que no lo acepte sin el permiso del Maestre o su delegado. Es más, si el hermano recibe cualquier otra cosa de sus parientes, que no lo acepte sin permiso del Maestre o de quien ostente el cargo. Especificamos, que los Comendadores o Mayordomos, que están a cargo de estos menesteres, no que se atengan a la citada regla. 

    Sobre Faltas
    45. Si algún hermano, hablando o en soldadesca, o de algún otro modo, comete una pecado venial, deberá voluntariamente decírselo al Maestre, para redimirse con el corazón limpio. Si no acostumbra a redimirse de este modo, que reciba una penitencia leve, pero si la falta es muy seria que se aleje de la compañía de sus hermanos de tal forma que no coma ni beba en la mesa con ellos, si no solo; y se someterá a la piedad y juicio del Maestre y hermanos, para que sea salvado el día del Juicio Final.

    Sobre Faltas Graves
    46. Por encima de todo, debemos asegurarnos que ningún hermano, poderoso o no, fuerte o débil, que desee promocionarse gradualmente devenga orgulloso, defienda su crimen y permanezca sin castigo. Pero si no quiere someterse por ello que reciba un castigo mayor. Y si misericordiosas oraciones del consejo se rezan por él a Dios, y él no quiere enmendarse, si no que se enorgullece más y más de ello, que sea erradicado del rebaño piadoso; según lo que el apóstol dice: «Auferte malum ex vobis» (quiere decir: "aparta los malvados de entre los tuyos"). Es necesario para vosotros separar las ovejas perversas de la compañía de los piadosos hermanos.

    47. Es más, el Maestre, que debe llevar en su mano el báculo y bastón de mando que sostiene las debilidades y fortalezas de los demás; deberá ocuparse de ello. Pero también, como mi señor St. Maxime dijo: "Que la misericordia no sea mayor que la falta; ni que el excesivo castigo encamine al pecador a regresar a sus malas acciones".

    Sobre las Murmuraciones
    48. Disponemos por divino consejo, el evitar las plagas: de envidia, murmuración, despecho y calumnia. Por tanto cada uno debe guardar celosamente los que el apóstol dijo: «Ne sis criminator et susurro in pópulo» (que significa: "no acuses o perjudiques al pueblo de Dios"). Pero cuando un hermano sepa con certeza que su compañero ha pecado, en privado y con fraternal misericordia que sea él mismo quien lo amoneste secretamente, y si no quiere escuchar, otro hermano deberá ser llamado, y si los rehúsa a ambos, deberán decirlo públicamente ante el capítulo. Aquellos que deprecian a sus semejantes sufren de terrible ceguera y muchos están llenos de gran tristeza ya que no desarraigan la envidia que sienten hacia otros; y por ello serán arrojados hacia la inmemorial perversidad del demonio. 

    Que Nadie se Enorgullezca de sus Faltas
    49. Las palabras vanas se sabe son pecaminosas, y las dicen aquellos que se enorgullecen de su propio pecado ante el justo juez Cristo Jesús; lo que queda demostrado por las palabras de David: «Obmutui et silui a bonis» (que significa que uno debería incluso refrenarse de hablar bien, y observar el silencio). Asimismo prevenid hablar mal, para evitar la desgracia del pecado. Ordenamos y firmemente prohibimos a un hermano que cuente a otro hermano o a cualquiera, las valientes acciones que llevó a cabo en su vida seglar y los placeres de la carne que mantuvo con mujeres inmorales. Deberán ser consideradas faltas cometidas durante su vida anterior y si sabe que ha sido expresado por algún otro hermano, deberá inmediatamente silenciarlo; y si no puede lograrlo, abandonará el lugar sin permitir que su corazón se mancille por estas palabras. 

    Que Nadie Pida
    50. A esta costumbre de entre otras, ordenamos que os adhiráis firmemente: que ningún hermano explícitamente pida el caballo o la armadura de otro. Se hará de la siguiente manera: si la enfermedad de un hermano o la fragilidad de sus animales o armadura es conocida y por lo tanto no puede hacer el trabajo de la casa sin peligro, que acuda al Maestre, y exponga la situación en solícita fe y verdadera fraternidad, y se atenga a la disposición del Maestre o de quien ostente su cargo.

    Sobre Animales y Escuderos
    51. Cada hermano caballero puede tener tres caballos y ninguno más sin el permiso del Maestre, debido a la gran pobreza que existe en la actualidad en la casa de Dios y en el Templo de Salomón. A cada hermano le permitimos tres caballos y un escudero; y si éste último sirve voluntariamente por caridad; el hermano no debería pegarle por los pecados que cometa.

    Que ningún Hermano pueda tener una Brida Ornamentada
    52. Nosotros prohibimos seriamente a cualquier hermano que luzca oro o plata en sus bridas, estribos, ni espuelas. Esto se aplica si las compra; pero si le son regalados en caridad, los arneses la plata y el oro que sean tan viejos que no reluzcan, que su belleza no pueda ser vista por otros ni ser signo de orgullo: entonces podrá quedárselos. Pero si le son regalados equipos nuevos que sea el Maestre quien disponga de ellos como crea oportuno. 

    Sobre Funda de Lanza y Funda de Escudo
    53. Que ningún hermano tenga una funda ni para su lanza ni para su escudo, pues no es ninguna ventaja, al contrario podría ser muy perjudicial.

    Sobre las Bolsas de Comida
    54. Este mandato que establecemos es conveniente para todos y por esta razón exigimos sea mantenido de ahora en adelante, y que ningún hermano pueda hacerse una bolsa para comida de lino o lana, o de cualquier otro material que no sea profinel. 

    Sobre la Caza
    55. Prohibimos colectivamente que ningún hermano cace un ave con otra. No es adecuado para un religioso sucumbir a los placeres, sino escuchar voluntariamente los mandamientos de Dios, estar frecuentemente orando y confesar diariamente implorante a Dios en sus oraciones los pecados que haya cometido. Ningún hermano puede presumir de la compañía de un hombre que caza a un ave con otra. Al contrario es apropiado para un religioso actuar simple y humildemente sin reír ni hablar en demasía, con razonamiento y sin levantar la voz. Y por esta razón, disponemos especialmente a todos los hermanos que no se adentren en el bosque con lanzas ni arcos para cazar animales, ni que lo hagan en compañía de cazadores, excepto promovidos por el amor a salvaguardarlos de los paganos infieles. Ni deberéis ir con perros, ni gritar ni conversar, ni espolear vuestro caballo solo por el deseo de capturar una bestia salvaje.

    Sobre El León
    56. Es verdad que os habéis responsabilizado a entregar vuestras almas por vuestros hermanos, tal y como lo hizo Cristo Jesús, y defender la tierra de los incrédulos paganos, enemigos del hijo de la Virgen María. Esta mentada prohibición de caza no incluye en forma alguna al león, dado que viene sigiloso y envolvente a capturar su presa, con sus zarpas contra el hombre, e id con vuestras manos contra él. 

    Cómo pueden tener Propiedades y Hombres
    57. Esta bondadosa nueva orden la creemos emana de las Sagradas Escrituras y de la divina providencia en la Sagrada Tierra del Este. Lo que significa que esta compañía armada de caballeros puede matar a los enemigos de la cruz sin pecar. Por esta razón juzgamos que debéis ser llamados Caballeros del Temple, con el doble mérito y la gallardía de la honestidad; que podáis poseer tierras y mantenerlas, villanos y campos y los gobernéis con justicia, e impongáis vuestro derecho tal y como está específicamente establecido. 

    Sobre los Diezmos
    58. Vosotros habéis abandonado las seductoras riquezas de este mundo y os habéis sometido voluntariamente a la pobreza; y por ello hemos resuelto que los que viváis en comunidad podáis recibir diezmos. Si el obispo de la localidad, a quien el diezmo se debería entregar por derecho, desea darlo en caridad; con el consentimiento del capítulo, puede donar esos diezmos que posee su Iglesia. Es más, si un plebeyo guarda los diezmos de su patrimonio para sí, y en contra de la Iglesia, y desea cederlos a vosotros lo puede hacer con el permiso del prelado y su capítulo.

    Sobre hacer Juicios
    59. Sabemos, ya que lo hemos visto, que los perseguidores y amantes de peleas y dedicados cruelmente a atormentar a los fieles de la Sagrada Iglesia y a sus amigos, son incontables. Por el claro juicio del consejo, ordenamos que si alguien en los lugares del Este o en cualquier otro sitio os solicita parecer, por creyentes y amantes de la verdad debéis juzgar el hecho, si la otra parte accede. Este mismo mandato se aplicará siempre que algo os sea robado.

    Sobre los Hermanos Ancianos
    60. Disponemos por consejo compasivo para que los hermanos ancianos y débiles sean honrados con diligencia y reciban la atención de acuerdo con su fragilidad; y cuidados por la autoridad de la Regla en aquellos menesteres necesarios para su bienestar físico, y que en forma alguna se sientan afligidos. 

    Sobre los Hermanos Enfermos
    61. Que los hermanos enfermos reciban la consideración y los cuidados y sean servidos según las enseñanzas del evangelista y de Cristo Jesús: «Infirmus fui et visitastis me» (que significa: "estuve enfermo y me visitaste"); y que esto no sea olvidado. Porque aquellos hermanos que están dolientes deberán ser tratados con dulzura y cuidado, porque por tal servicio, llevado a cabo sin titubear, ganareis el reino de los cielos. Por lo tanto pedimos al Enfermero que sabia y fervientemente provea lo necesario a los diversos hermanos enfermos, como carne, viandas, aves y otros manjares que los retornen a la salud, según los medios y posibilidades de la casa. 

    Sobre los Hermanos Fallecidos
    62. Cuando un hermano pase de la vida a la muerte, algo de lo que nadie está excluido, digáis misa por su alma con misericordioso corazón, y que el divino oficio sea ejecutado por los curas que sirven al rey. Vosotros que servís a la caridad por un tiempo determinado y todos los hermanos que estén presentes frente al cadáver rezareis cien paternosters durante los siete siguientes días. Y todos los hermanos que están bajo la orden de la casa del hermano fallecido rezaran los cien paternosters, como se ha dicho anteriormente; después de conocerse la muerte y por la misericordia de Dios. También rogamos y ordenamos por autoridad pastoral que un mendigo sea alimentado con carne y vino durante cuarenta días en memoria del hermano finado, tal y como lo hiciera si estuviera vivo. Nosotros explícitamente prohibimos todos los anteriores ofrecimientos que solían hacer por voluntad y sin discreción los Pobres Caballeros del Templo ante la muerte de hermanos, en la celebración de Pascua u otras fiestas. 

    63. Es más, debéis profesar vuestra fe con pureza de corazón de día y de noche para que puedan compararos, en este aspecto, con el más sabio de los profetas, que dijo: «Calicem salutaris accipiam paternosters» (quiere decir: "yo beberé de la copa de salvación"; lo cual significa: "vengaré la muerte de Cristo con mi muerte). Porque de la misma manera en que Cristo Jesús dio su cuerpo por mí, de la misma forma estoy preparado para dar mi alma por mis hermanos. Esta es una ofrenda apropiada; un sacrificio viviente y del agrado de Dios. 

    Sobre los Sacerdotes y Clérigos que sirven a la Caridad
    64. La totalidad del concilio en consejo os ordena rendir ofrendas y toda clase de limosnas sin importar el modo en que puedan ser dadas, a los capellanes y clérigos y a los que restan en la caridad por un tiempo determinado. Siguiendo los mandatos de Dios nuestro Señor, los sirvientes de la iglesia pueden solo recibir ropa y comida, y no pueden presumir de poseer nada a menos que el Maestre desee dárselo por caridad. 

    Sobre los Caballeros Seglares
    65. Aquellos que por piedad sirven y permanecen con vosotros por un tiempo determinado son caballeros de la casa de Dios y del Templo de Salomón. Por lo tanto con piedad rezamos y así disponemos finalmente que si durante su estancia, el poder de Dios se lleva a alguno de ellos, por amor a Dios y propio de la fraternal misericordia, un mendigo sea alimentado durante siete días para la salvación de su alma, y cada hermano en esa casa deberá rezar treinta paternosters. 

    Sobre los Caballeros Seglares que sirven por tiempo determinado
    66. Ordenamos que todos los caballeros seglares que deseen con pureza de corazón servir a Cristo Jesús y la casa del Templo de Salomón por un periodo determinado que adquieran, cumpliendo con la norma, un caballo y armas adecuados y todo lo necesario para la tarea. Es más, que ambas partes den un precio al caballo y que este precio quede por escrito para no ser olvidado; y dejad que todo lo que el caballero, su escudero y su caballo necesiten, provenga de la caridad fraternal según los medios de la casa. Si durante ese tiempo determinado, ocurre que el caballo muere en el servicio de la casa, si la casa lo puede costear, el Maestre lo repondrá. Si al final de su estadía, el caballero desea regresar a su país, deberá dejar en la casa por caridad, la mitad del precio del caballo, y la otra mitad puede, si lo desea, recibirla de las limosnas de la casa. 

    Sobre la Promesa de los Sargentos
    67. Dado que los escuderos y sargentos que deseen caritativamente servir en la casa del Temple, por la salvación de su alma y por un periodo determinado, vienen de regiones muy diversas, es prudente que sus promesas sean recibidas, para que el enemigo envidioso no los haga arrepentirse y renunciar a sus buenas intenciones.

    Sobre las Capas Blancas
    68. Por unánime consenso de la totalidad del capítulo, prohibimos y ordenamos la expulsión, por vicioso, a cualquiera que sin discreción haya estado en la casa de Dios y de los Caballeros del Temple. También, que los sargentos y escuderos no tengan hábitos blancos, dado que esta costumbre ha traído gran deshonra a la casa; pues en las regiones más allá de las montañas falsos hermanos, hombres casados y otros que fingían ser hermanos del Temple las usaron para jurar sobre ellas; sobre asuntos mundanos. Trajeron tanta vergüenza y perjuicio a la Orden de Caballería que hasta sus escuderos se rieron; y por esta razón surgieron muchos escándalos. Por tanto, que se les entreguen hábitos negros; pero si éstos no se pueden encontrar, se les deberá dar lo que se encuentre en esa provincia; o lo que sea más económico, que es burell.

    Sobre Hermanos Casados
    69. Si hombres casados piden ser admitidos en la fraternidad, favorecerse y ser devotos de la casa, permitimos que los recibáis bajo las siguientes condiciones: al morir deberán dejar una parte de sus propiedades y todo lo que hayan obtenido desde el día de su ingreso. Durante su estancia, deberán llevar una vida honesta y comprometerse a actuar en favor de sus hermanos, pero no deberán llevar hábitos blancos ni mandiles. Es más, si el señor fallece antes que su esposa, los hermanos se quedarán solo con una parte de su hacienda, dejando para la dama el resto, a efecto de que pueda vivir sola de ella durante el resto de su existencia; puesto que no es correcto ante nosotros, que ella viva como cofrade en una casa junto a hermanos que han prometido castidad a Dios. 

    Sobre Hermanas
    70. La compañía de las mujeres es asunto peligroso, porque por su culpa el provecto diablo ha desencaminado a muchos del recto camino hacia el Paraíso. Por tanto, que las mujeres no sean admitidas como hermanas en la casa del Temple. Es por eso, queridos hermanos, que no consideramos apropiado seguir esta costumbre, para que la flor de la castidad permanezca siempre impoluta entre vosotros. 

    Que no tengan intimidad con mujeres
    71. Creemos imprudente para un religioso mirar mucho la cara de una mujer. Por esta razón ninguno debe atreverse a besar a una mujer, sea viuda, niña, madre, hermana, tía u otro parentesco; y recomendamos que la caballería de Cristo Jesús evite a toda costa los abrazos de mujeres, por los cuales muchos hombres han perecido, para que se mantengan eternamente ante Dios con la conciencia pura y la vida inviolable.

    No ser Padrinos
    72. Prohibimos que los hermanos, de ahora en adelante, lleven niños a la pila bautismal. Ninguno deberá avergonzarse de rehusar a ser padrino o madrina; ya que esta vergüenza trae consigo más gloria que pecado. 

    Sobre los Mandatos
    73. Todos los mandatos que se han mencionado y escrito aquí, en esta Regla actual están sujetos a la discreción y juicio del Maestre. 

    Días Festivos y de Ayuno que todos los Hermanos deben Celebrar y Observar
    74. Que sepan todos los presentes y futuros hermanos del temple que deben ayunar en las vigilias de los doce apóstoles. Que son: San Pedro, San Pablo, San Andrés, San Jaime, y San Felipe; Santo Tomás, San Bartolomé, San Simón y San Judas Tadeo, San Mateo. La vigilia de San Juan Bautista; la vigilia de la Ascensión y los dos días anteriores; los días de rogativas; la vigilia de Pentecostés; las cuatro Témporas; la vigilia de San Lorenzo, la vigilia de Nuestra Señora de la Ascensión; la vigilia de Todos los Santos; la vigilia de la Epifanía. Y deberán ayunar en todos los días citados según la disposición del Papa Inocencio en el Concilio de la ciudad de Pisa. Y si alguno de los días de ayuno cae en Lunes, deberán ayunar el Sábado anterior. Si la Natividad de Nuestro Señor cae en Viernes, los hermanos comerán carne en honor de la fiesta. Pero deberán ayunar en el día de San Marcos debido a las Letanías: porque así ha sido establecido por Roma para los hombres mortales. Sin embargo, si cae durante la octava de Pascua, no deberán ayunar.

    Días de Ayuno que deberán ser observados en la Casa del Temple
    75. La natividad de Nuestro Señor; la fiesta de San Esteban; San Juan Evangelista; los Santos Inocentes; el octavo día después de Navidad que es el día de Año Nuevo; la Epifanía; Santa María Candelaria; San Matías Apóstol; la Anunciación de Nuestra Señora en Marzo; Pascua y los tres días siguientes al día de San Jorge; los Santos Felipe y Jaime, dos apóstoles; el encuentro de la Vera Cruz; la Ascensión del Señor; Pentecostés y los dos días siguientes; San Juan Bautista; San Pedro y San Pablo, dos apóstoles; Santa María Magdalena; San Jaime Apóstol; San Lorenzo; la Ascensión de Nuestra Señora; la natividad de Nuestra Señora; la Exaltación de la Cruz; San Mateo Apóstol, San Miguel; Los Santos Simón y Judas; la fiesta de Todos los Santos; San Martín en invierno; Santa Catherina en invierno; San Andrés, San Nicolás en invierno; Santo Tomás Apóstol. 

    76. Ninguna de las fiestas menores se debe observar en la casa del Temple. Y deseamos y aconsejamos que se cumpla estrictamente: todos los hermanos del Temple deberán ayunar desde el Domingo anterior a San Martín hasta la Natividad de Nuestro Señor, a menos que la enfermedad lo impida. Si ocurre que la fiesta de San Martín cae en Domingo, los hermanos no tomarán carne el domingo anterior.

 

        Estos fueron los Grandes Maestres con sus blasones correspondientes que tuvo la Orden del Temple que comprende desde su fundación (año 1119) hasta su disolución (año 1314):

 

I.- HUGUES DE PAYNS  (1119 - 24 de mayo de 1136)

 
 

         Nacido hacia 1070 y muerto en 1136. Fundador de la Orden del Temple y primer Gran Maestre.

        Hugues de Payns nació, con toda probabilidad, en el castillo de Payns. La cronología de los maestres del Temple sugiere que nació hacia el año 1070 y que estaría emparentado con la familia de los condes de Champagne, pero no se sabe nada sobre sus ascendientes ni sobre su infancia. Podría ser que Hugo de Payns fuera descendiente del carolingio Hildemar, poseedor de tierras en Payns. Podría pensarse que, a imagen de otros jóvenes nobles de su tiempo, se convirtió en mayor de edad a los catorce años, después escudero de un caballero de su entorno, puede ser que del conde, y finalmente caballero. Recibió su feudo de Payns, bien en heredad de su padre, según el uso que empezaba a expandirse, bien directamente del Conde Champaña.

En la corte del Conde de Champagne:

        En 1097, mientras los cruzados están aún en Asia Menor, el Conde Hugues de Champagne celebra la fiesta de Pascua en la abadía de Molesme, donde tiene su corte. Entre sus vasallos, destaca su hermano Felipe, obispo de Châlons, su senescal Grosbert le Roux y Gui de Vignory. Hacia 1100, un año después de la toma de Jerusalén, Hugo de Payns se reúne con su señor feudal, el Conde Hugues de Champagne, en la gran sala de su austero castillo en Troyes.

        En 1104, el Conde de Champaña, de camino a Palestina, pasa por la abadía de Molesme, posteriormente por Auxerre y Dijon, donde firma varias cartas. Hugues de Payns le acompaña. Ningún hecho notable se destaca en este peregrinaje destinado a la oración y el recogimiento. Pero podríamos pensar que Hugues de Payns y el Conde fueron sensibles a los problemas del pequeño reinado de Jerusalén. Allí, los cristianos eran poco numerosos, atrincherados tras los muros de la Ciudad Santa, y en espera de que llegaran más occidentales para poblar el reinado. Desde que salían de la ciudad, eran secuestrados, robados o asesinados por las bandas de saqueadores sarracenos. El ejército del rey Balduino vigila, pero no es lo suficientemente numeroso para enfrentarse a los combatientes emboscados. Es probable que el rey conversara sobre esta situación con los habitantes de Champagne. A finales de 1107, la tropa regresa a Francia.

 

 

II.- ROBERT DE CRAON (junio 1136 - 1147)

 
 

        Hijo de Renaud de Bourgoing, Sir de Craon, apodado el Bourguignon (el borgoñano o de Borgoña), como su bisabuelo paterno. Fue el sucesor de Hugues de Payns en el magisterio del Temple.

        Originario de Maine, fue el menor de tres hermanos y se estableció en Aquitania, donde el Conde de Angoulême lo prometió con la hija del señor de Confolens y de Chabannes. Pero cuando Hugues llegó a Francia, Robert retiró su palabra de matrimonio, partió hacia Palestina y se hizo Caballero Templario.

        Su valor le sirvió de recomendación cuando en el 1136 fue nombrado Gran Maestre del Temple. Su escudo de armas era acuartelado: 1º. y 4º.,  de plata, con la cruz del temple, y 2º. y 3º., losanjado de oro y de gules.

        Fue Senescal dentro de la orden, bajo el mandato de Hugues de Payns. 

 

        Organizó la colecta de las donaciones que recibía la orden y rechazó el legado del Rey de Aragón, Alfonso I, que hubiera puesto en contra de la orden a la nobleza española. 

        Consiguió la Omne Datum Optimunn (la bula), en 1139, otorgada por el Papa Inocente III. Con ello obtuvo importantes privilegios: Liberación de la tutela eclesiástica; permiso para construir capillas, oratorios y cementerios; dispensa de la autoridad del patriarca de Jerusalén y autorización para crear un cuerpo de capellanes que dispensen los sacramentos. Solo están sujetos a la autoridad papal. 

        El 27 de Abril de 1147, el Papa Eugenio III, les concede la cruz bermeja, que a partir de entonces la llevarían en el costado izquierdo de los mantos blancos. Robert redactó los estatutos de las Encomiendas, Provincias y del Capítulo General. Puso en pie una red de comunicaciones con los emires del Islam e instituyó la costumbre de dotar de secretarios árabes a la Orden.

        Guillermo de Tiro le cita en 1148 formado parte de los caballeros que se unieron al ejército de Luis VII, aunque esta afirmación es un poco arriesgada, dado que en abril de 1147 su sucesor ya había tomado posesión.

        El obituario de Reims señala su muerte el día de los idus de enero, es decir, el 13. Según este acta, confirmada por García, Conde de Aragón, sólo puede tratarse del año 1147.

 

 

III.- EVRARD DES BARRES (marzo de 1147 - abril o mayo de 1151)

 
 

        Nació en Champagne, región de Meaux. Su mayor hazaña fue salvar al rey Luis VII de los turcos. Elegido Maestre de la Orden mientras era aún Preceptor de Francia, aparece con este título por primera vez, en una donación de Achier de Paris, que incluía un molino situado bajo el gran puente del Sena.

        Salva al rey de Francia vencido por los turcos, aplastando a estos últimos, y vuelve a Francia con dicho monarca. Entra en la abadía de Cîteaux, abraza la vida monástica y envía su abdicación a Palestina. Perseveró en su nueva vocación a pesar de las insistencias de los Templarios. Es bajo su maestría cuando el rey de Francia Luis VII emprende la segunda cruzada impulsada por San Bernardo. La Orden del Temple su vocación militar por primera vez el 6 de enero de 1148 en las gargantas de Pisidie donde el ejército franco sufrió pérdidas importantes frente a los turcos a los cuales se habían agregado los Bizantinos. Después de esa batalla donde sólo el valor de rey Luis VII permitió evitar la derrota, éste decidió ponerse bajo la tutela de Evrart des Barres y de los Templarios.

 
        El 14 de mayo de 1150, dirigió un capítulo general en París.

        Ni Du Cange -en su estudio sobre las familias de Ultramar- ni el obituario de Reims mencionan nada sobre el final de Everard des Barres; las actas enmudecen a partir de 1150.

        Le volvemos a encontrar como monje de Claraval, donde llevó una vida ejemplar durante 24 años. Muere hacia 1174, siguiendo el texto de la abadía de Cîteaux, el 12 de noviembre de dicho año.

 

 

IV.- BERNARD DE TREMELAY (junio 1151 - 16 de agosto de 1153)

 
 

        Bernard de Trémelay (o Dramelay" o Dramelet) nació en Franche-Comté, en el castillo que lleva su nombre, dentro de la baronía de Arinthod, Condado de Bourgogne. Hijo de Humbert, Señor de Trémelay.

        Fue comendador de Dôle, en el Franco Condado; parece que sucedió a un Maestre llamado Hugues, cuya existencia es muy dudosa y que solo cita Du Cange.

        Siguiendo a los cronistas de las Cruzadas, Bernardo de Tremelay reconstruyó la derruida ciudad de Gaza y fortificó las plazas fuertes principales de la Orden en Tierra Santa y particularmente las ciudades costeras.

        En 1153 el rey de Jerusalén decide reconquistar Ascalón, que entonces se encontraba en manos de los turcos.

 

        El 16 de agosto, en un combate que enfrentó a 40 Templarios, que penetraron en la ciudad, bajo las órdenes de Bernard de Trémelay, éste perdió la vida. Fue el primer Gran Maestre muerto en combate. No fue en vano, ya que pocos días más tarde el rey Balduino III se apoderó de Ascalón.

        El obituario de Reims marca su muerte el 17 de las calendas de septiembre, es decir, el 16 de agosto, fecha que se corresponde con las fechas de las crónicas, dado que Ascalón  cayó en manos de Balduino III el 19 de agosto de ese mismo año.

 

 

V.- ANDRÉ DE MONTBARD (finales de 1154 - 17 octubre de 1156)

 
 

        André de Montbard es uno de los nueve cofundadores de la Orden del Temple. Era tío de San Bernardo, representa por este parentesco un lazo con los cistercienses. Fue, según los cartularios del Santo Sepulcro y de San Lázaro, Senescal de la Orden de 1148 a 1151.

         Figura por primera vez como Maestre del Temple el 27 de mayo de 1155, en un acta de Balduíno III, rey de Jerusalén, y en otra acta fechada el 27 de junio de 1155 relativo a una confirmación de cambio con la reina Mélissande. El 3 de julio de 1155 es citado en un acta de Amaury, nombrándole conde de Ascalón.

        Según las listas, su plaza de Gran Maestre puede cambiarse a la de Dueño Regional de Jerusalén, como lo fue Evrard des Barres.

 

        El obituario de Bonlieu fecha su muerte el 17 de octubre. El año ha de ser 1156, dado que a fines de ese mismo año ya aparece su sucesor.

 

 

VI.- BERTRAND DE BLANCHEFORT (1156 - 2 de enero de 1169)

 
 

        Bertrand de Blanquefort (o Blanchefort) era hijo de Godofredo, señor de Blanquefort. Tuvo la reputación de monje edificante y de capitán muy versado en el arte de la guerra.

        Bajo su magisterio el Papa Alexandre III concedió varios privilegios a los Templarios. Hecho prisionero en 1156 por Noureddin, fue rescatado al cabo de tres años por Manuel Commène, Emperador de Constantinopla. En 1166, envió una diputación a Luis VII que le había reconocido el título de «Gran Maestre por la Gracia de Dios»», para llamar la atención del rey, cuya enfermedad se agravaban cada día, en Tierra Santa.

        Bertrand de Blanchefort es más conocido por sus supuestas conexiones con los Cátaros. Antes de volver a la Orden tendría que combatir al lado del célebre cátaro D. Raymond Roger de Trencavel, quien más tarde donaría sus tierras situadas en los alrededores de Rennes le Château et de Bezu a la Orden.

 

        Ya como Gran Maestre, hará especialmente venir  de Alemania a un contingente de menores con el fin de cavar galerías en la montaña de Blanchefort que según su hipótesis debían de servir de almacén clandestino para los templarios.

        Paradójicamente, el Papa Clemente V, que más tarde bajo mandato de Felipe IV el Hermoso condenaría a la Orden del Temple,  no era otro que el hijo de Ida de Blanchefort, perteneciente a la familia de Bertrand de Blanchefort

        El obituario de Reims fecha su muerte en III de las nonas de enero, es decir, el 2 de enero de 1169.

 

 

VII.- PHILIPPE DE MILLY (enero de 1169 - 3 de abril de 1171)

 
 

        Philippe de Milly nacido a comienzos del siglo XII en el seno de una familia procedente de Picardía en Nablús en el reino de Jerusalén y era hijo de Guy de Milly y de Étiennette de Nablús.

        Intercambia con el rey Balduino III de Jerusalén (su suegro) su posesión de Nablús por la de Montreal.

        Después de enviudar entra en la Orden del Temple en 1148.

        Es elegido Gran Maestre a comienzos de 1169 sucediendo a Bertrand de Blanchefort. Su único hecho de armas conocido parece que fue la defensa de Gaza ante las tropas de Saladino. Presenta la dimisión de su cargo en la Pascua de 1171 mientras está en Constantinopla en compañía del rey Amaury I de Jerusalén.

 

        Bajo su maestrazgo, Saladino tomó el poder en Egipto (pero se queda el vasallo de Nour-ed-Din) y pone a Amaury en derrota; intenta, en vano, asediar franja de Gaza, ciudad defendida por los Templarios, antes de asolar sus alrededores para vengarse de su fracaso.

        En primavera de 1170, un terremoto azota Siria, lo que suscita una tregua entre los contendientes.

        Se desconoce como acabó su vida, aunque es probable que ingresara en un monasterio cisterciense como era costumbre en un caballero templario al dejar el servicio activo.

 

 

VIII.- EUDES DE SAINT-AMAND  (1171 - 19 de octubre de 1179)

 
 

        Como señala Du Cange, Eudes de Daint Amand (o Odon de Saint-Chamand) había sido mariscal del reinado antes de convertirse en vizconde de Jerusalén. No podemos asegurar que fuera elegido por Felipe de Naplouse para sucederle; por un lado, esto era contrario a las reglas jurídicas de la Orden, y sobre todo, nada nos le muestra como tal. Como quiera que sea, en 1172 Eudes era Gran Maestre.

        El 18 de abril de 1174, suscribe la confirmación del rey Amaury de una renta donada al Hospital de San Juan. El 13 de septiembre del mismo año, es citado en un acta de Balduino V.

        En 1176, de nuevo es testigo de la confirmación de la venta del Casal de Beit Daras. En 1177, Eudes de Saint Amand asistió a la batalla de Mongesirat.    

 

        A pesar de lo que se haya podido contar sobre el encarcelamiento del Maestre del Temple, la célebre frase contra la libertad de Saladino, la muerte de Eudes en prisión, es poco menos que imposible fechar este hecho, dada la sucesión de las actas donde el Maestre figura como testigo o signatario. Así, en 1178, recibe en donación de Renaud, señor de Margat, la mitad de Brahim y la mitad del Casal Albot y del Casal de Talaore. En febrero de 1179, concierta un acuerdo con Roger de Molins, Maestre de San Juan de Jerusalén. Es el último acta conocida sobre este maestrazgo. La lectura de las actas permite fechar con exactitud la muerte de Eudes de Saint Amand. Aunque Guillermo de Tiro dice que fue el 10 de junio, durante la batalla del Vado de Jacob, rechazamos esta fecha, así como el 30 de agosto, tomada del castillo del Vado de Jacob, dado que estos eventos son posteriores a esa batalla, como prueban dos bulas de Alejandro III, una del 26 de febrero de 1180 y otra del 12 de abril de ese mismo año.

        El obituario de Reims nos da la fecha exacta de su muerte, el VII de los idus de octubre, es decir, el 19 de octubre de 1179.

 

 

IX.- ARNAUD DE  LA TOUR ROUGE (1180 - 30 de septiembre de 1184)

 
 

        Es difícil fechar la elección de este Maestre del Temple. Arnaud de Torroja era aún Maestre en Provenza y en España el 26 de noviembre de 1180, según muestra un acta en la que acordaba con los habitantes de Miravete el privilegio de no pagar ni los peajes ni los usos por mar y tierra.

        Según Guillermo de Tiro, el nuevo Maestre fue nombrado en 1181, a menos que tomemos en consideración la mención del autor de la vida de los arzobispos de Bourges señalando que un Eudes de Saint Amand, tío del arzobispo de Bourges, el beato Felipe Berruyer, fue Gran Maestre. Por lo tanto, no tenemos ninguna confirmación de las actas. Sin embargo, fue elegido a principio de año: en el mes de marzo, el rey Alfonso II de Aragón hace una donación al Gran Maestre, Arnaud de la Tour Rouge, y a Berenguer de Avignon, Maestre en Provenza y en España de la villa de Tortosa y de los castillos de Azcon Pet de Ribarroya.

 

        El 5 de enero de 1182, el papa Lucio III, completando las donaciones por la mención «Dilectus filius Arnaldus», renueva las disposiciones de la bula de su predecesor Alejandro III.

        Le volvemos a encontrar en en un acta de Heraclio, patriarca de Jerusalén, que constata el acuerdo entre los hermanos del Temple y la Abadía de Notre-Dame de Josaphat, con motivo del Casal de Maseraz, en 1183.

        Según confirma el obituario de Reims, murió en Verona el 30 de septiembre de 1184 durante un viaje a Francia donde iba a solicitar auxilio para Tierra Santa.

 

 

X.- GÉRARD DE RIDEFORT (octubre de 1184 - 1 de octubre de 1189)

 
 

        Originario de Flandes, era Senescal del Temple en 1183 cuando se firmó el acuerdo con la abadía de Notre-Dame de Josaphat; figura en 1184 como Maestre del Temple, en un acta de donación en Funes (Aragón).

        Siguiendo las crónicas, principalmente la de Guillermo de Tiro, fue investido de su dignidad en 1185. Asistió a la muerte del Mariscal del Temple durante la batalla de Acre, entre las tropas de Saladino y las de Guy de Lusignan.

        Habría sucedido a un Maestre llamado Thierry, que parece difícil de situar entre los superiores del Temple; esta mención podría deberse a un error de lectura, dado que un Thierry o Terric fue Maestre de la Orden, pero en la casa del Temple de Jerusalén. Por otra parte, durante la batalla de Tiberiades, el maestre del Temple fue hecho prisionero y Thierry, en una carta al papa Urbano III, dice que ha conseguido escapar con algunos caballeros.

 

        En 1186, ayudó al golpe de estado de Guy de Lusignan, con el que fue hecho prisionero. Anteriormente, desencadenó con ciento cuarenta caballeros del Temple, un ataque contra siete mil musulmanes que condujo finalmente a la batalla de Casal Robert, el 1 de mayo de 1187. El Maestre escapó por poco de esta loca batalla en el curso de la cual el Maestre de los Hospitalarios resultó muerto y la población de Nazaret hecha casi entera prisionera.

        Poco tiempo después, Gerard de Ridefort  reclutó un ejército gracias a las riquezas de su Orden. Se concentró en Saphonia, no lejos de Nazaret, pero, la falta de conocimientos militares de Guy de Lusignan y el amor por la guerra del Gran Maestre condujeron al desastre. A los sesenta mil soldados de Saladino se opusieron treinta mil cristianos, de los que 1200 eran caballeros del Temple y 4000 turcopolos. Gerard de Ridefort hizo capitular a Gaza y las fortalezas vecinas, pero fue hecho prisionero con Guy de Lusignan. Fue liberado, junto con muchos cristianos, tras pagar un elevado rescate.

        A principios de 1188, dirige otra carta al rey de Inglaterra, para anunciarle la toma de Jerusalén por los musulmanes y el sitio de Tiro; en ninguno de estos escritos se autoproclama Maestre del Temple, sino Gran Preceptor de la casa del Temple de Jerusalén. Guillermo de Tiro, enemigo jurado de los Templarios, le considera un arrogante, responsable de la pérdida de influencia de la Orden frente a los poderes seculares en Palestina durante todo su maestrazgo.

        En 1189, asistió aún en calidad de Gran Maestre, al comienzo del sitio de Acre. Allí perdió la vida, el 1 de octubre, en un combate librado a los pies del Toron.

        El maestrazgo de Gerard de Ridefort fue un desastre para la Orden del Temple. Inconsciente, está en el origen de los primeros reproches dirigidos a los hermanos. Tras su muerte, el Capítulo general reformó ciertos puntos de la Regla, relativos principalmente a las medidas disciplinarias a tomar cuando el Maestre falta a su sentido moral y responsabilidad.

 

 

XI.- ROBERT DE SABLÉ (1189 - 13 de enero de 1193)

 
 

        Robert III, Señor de Sablé, procedía de la ilustre casa  de Craon, en Anjou, «la cual va a donar a la Orden del Temple uno de sus grandes Maestes, Robert III», así los dice el Bourguignon. Ascendido al maestrazgo de la Orden poco después de su admisión, a consecuencia de la fama que le valieron sus hazañas. Es él quien venció a Saladino.

        El continuador de la crónica de Guillermo de Tiro fija la elección de Roberto de Sablé a comienzos de 1190, delante de la villa de Acre; los autores de «l’art de vérifier les dates» dicen que la elección tuvo lugar a la llegada del rey de Inglaterra, Ricardo Corazón de León; cuando desembarcó en Palestina, la Orden tenía Maestre, lo que permite situar la elección a finales de 1189.

        Le encontramos el 10 de febrero de 1192 como testigo de la donación realizada por Guy de Lusignan al hospital de Nuestra Señora de los Alemanes, en Acre.   

 

        Amigo de Ricardo Corazón de León, suscribió, el 13 de octubre de 1192, una carta a favor de los pisanos.

        El obituario de Reims fija su muerte el 13 de enero de 1193.

 

 

 XII.- GILBERT ERAIL (febrero de 1193 - 20 de diciembre de 1200)

 
 

        Se cree que su lugar de nacimiento fue Aragón, y es el segundo Gran Maestre español. Fue el candidato que contendió sin suerte contra Gerar de Ridefort, en la elección de 1185.

        Hasta 1190 ocupó el cargo de Maestre de España y después, de 1190 a 1193, el de Preceptor en Francia.

        Gran Comendador de la Orden, Gilbert Erail fue elegido Maestre del Temple en febrero de 1193.

        El 26 de mayo de 1194, el papa Celestino le dirige una confirmación de la bula «Omne datum optimum» en la que toma a la Orden bajo su protección y confirma los bienes y privilegios acordados por sus predecesores. Sin embargo, en 1196, el papa Inocencio III le reprochará la tregua de 5 años que fomentó entre el rey de Inglaterra y Saladino.

 

        El sentido del honor y la palabra empeñada tenían un valor muy alto para Gilbert. Con esto se explica que la Orden se caracterizará, durante su mandato, por el respeto de los acuerdos de paz que el rey Ricardo Corazón de León había concertado con Saladino.

        No libró ninguna batalla importante, pero la Orden intensificó los contactos con las fraternidades de oriente.

        El 8 de diciembre de 1198, selló un acuerdo entre los Hospitalarios de San Juan y los Templarios, sobre varias quejas concernientes a los bienes que poseían en el condado de Trípoli.

        A principios de 1200, es citado como testigo en una carta de Chipre. Es el último acta que muestra a este Maestre.

        El obituario de Reims fecha su muerte el 20 de diciembre (mientras tenía lugar la Cuarta Cruzada, que culminó con el saqueo de Constantinopla el 2 de abril de 1204); el año ha de ser 1200, dado que en abril de 1201 ya había sido elegido su sucesor.

 

 

XIII.- PHILIP DE PLESSIEZ (1201 - 12 de noviembre de 1209)

 
 

        Nació en Anjou, en la fortaleza de Plessiez-Macé. Perteneció a la vieja nobleza angevina. La elección de Philip de Plessiez o de Plaissis debió tener lugar a comienzos de 1201, dado que el 17 de abril estableció un acuerdo con el Maestre de los Hospitalarios sobre la toma de agua para regar las tierras y para el uso de los molinos de las órdenes en el condado de Trípoli. Este Maestre, ignoraba por completo el Círculo Interior de la Orden, lo mismo les pasaría a sus sucesores.

        Durante el mandato de Philippe de Plessiez, no ocurrió ningún acontecimiento glorioso importante, pero si que hubo mezquinas querellas contra la Orden, por parte de los Hospitalarios. El Papa tomó partido por los hospitalarios y reprochó a los Templarios que no obedecieran a los legados.

        El 1 de febrero de 1205, el Papa Inocencio III le renovó la bula de Anastasio IV "Omne datum optimum".     

 

        En 1208, Philip de Plessiez propuso al Maestre de los Hospitalarios, de San Lázaro y de Santa María de los Alemanes, una nueva tregua con los musulmanes, a la que se opusieron los prelados de Tierra Santa.

        El obituario de Reims data su muerte el II de los idus de noviembre, 12 de noviembre, seguramente de 1209.

 

 

XIV.- GUILLAUME DE CHARTRES (1210 - 26 de agosto de 1218)

 

 

        Nacido en Chartres, hijo de Milon III, conde de Bar-sur-Seine. Hombre con una gran templanza, que fue capaz de mantener intacta la cohesión de la Orden en medio de la tormenta de conflictos que sucedieron durante su mandato. En 1210 asistió en calidad de Magíster Templi, a la coronación de Juan de Brienne. En 1211, arbitró un conflicto entre los Templarios y el rey de Armenia respecto al castillo de Gastein arrebatado por los sarracenos en 1190 y recuperado por el rey de Armenia, quien se negaba a entregarlo.

        Chartres mandó construir la fortaleza de Château-Pèlerin, la cual más tarde fue destruida por Baibars.

        En la expedición a Egipto contra el sultán Al Kamil, estuvo al frente de sus caballeros. Los caballeros de la Orden que no aprobaban participar en esa guerra, mal preparada por Jean de Brienne y por el fanático Cardenal-Legado Pélage, cedieron, a su pesar, ante las imposiciones del representante del Papa, a quien debían obedecer.

 

        En 1212 participaron en la victoriosa batalla de Las Navas de Tolosa (España). Los reyes de España, como recompensa, les hicieron generosos donativos que aumentaron aún más las riquezas y el poder de los Caballeros Templarios.

        Otra de sus gloriosas hazañas fue salvar al ejército cruzado de un desastre total.

        Según Jacques de Vitry, en 1217 se rindió al conjunto de los grandes feudatarios y prelados del reino, en Acre.

        Murió el 25 de agosto de 1219, a causa de una epidemia que causó estragos frente a Damietta (Egipto) entre los soldados de esta desastrosa campaña.

 

 

XV.- PIERRE DE MONTAIGU (1219 - 1232)

 
 

        El continuador de la crónica de Guillermo de Tiro sitúa su elección durante el sitio de Damieta, lo que pudo haber sido hacia finales de 1218, aunque le fue comunicado tardíamente, ya que en noviembre de este mismo año, firma todavía en calidad de Preceptor de Provenza y España.

        A decir de las crónicas, era valiente y hábil en el combate. Hay mucha actas de su maestrazgo, entre ellas, la sentencia emitida en el mes de agosto de 1222 por Pelagio, obispo de Albano y legado de la Santa Sede, respecto a los bienes situados en territorio de Tiro, en pleito entre los canónigos del Santo Sepulcro y la casa del Hospital.

        En 1229, rechazó acompañar a Federico II de Alemania, soberano excomulgado.

        Pedro de Montaigu murió en 1232.

 

 

XVI.- ARMAND DE PERIGORD (1232 - 17-20 de octubre de 1244)

 
 

        Había sido preceptor del Temple en Sicilia y Calabria.

        El gran cartulario de Nicosia le registra desde agosto de 1232, en el acta de restitución de Baruth a Jean de Ibelin por Richard Filangieri. El 4 de octubre de ese año arbitró en Chipre entre el clero y los barones de la isla, sobre los diezmos debidos por estos últimos.

        El 25 de julio de 1233, cerca de Acre, se firmó un acuerdo entre los Maestres del Temple y del Hospital, respecto a las aguas y molinos de Acre.

        En noviembre de 1240, Armand de Périgord, en calidad de Maestre del Temple donó un terreno en el barrio de los Ingleses de Acre, con el consentimiento de otros dignatarios de la Orden, al Maestre de la orden de San Lázaro. 

 

        El 17 de octubre de 1244, tuvo lugar el desastre de Forbie, cerca de Gaza; las pérdidas del ejército franco fueron muy importantes, incluso la del propio patriarca. El Temple perdió trescientos doce caballeros de trescientos cuarenta y ocho y trescientos veinticuatro turcópolos. Durante esta batalla, Armand de Périgord resultó herido y hecho prisionero, muriendo poco tiempo después en prisión.

 

 

XVII.- RICHARD DE BURES (1244 - 1247)

 
 

        No hay información sobre este Gran Maestre. Algunas listas cronológicas de los Maestres del Temple nombran a Richard de Bures como sucesor de Armand de Périgord. Ahora bien, Richard de Bures no fue nunca Maestre de la Orden, sino que fue elegido Gran Comendador.

        La muerte del anterior Maestre se notificó mucho tiempo después de la fecha real, por lo que se designó a Richard como superior de los Templarios.

        Según la Regla, una vez que el Maestre ha muerto, se debe proceder a la elección, por lo que podemos creer que, mientras se esperaba la liberación o muerte de Armand de Périgord, fue elegido un Gran Comendador.

 

 

XVIII.- GUILLAUME DE SONNAC (1245/7 - 3 de julio de 1250)

 
 

        Guillaume de Sonnac aparece a comienzos de 1245 en un acta fechada en febrero, concerniente a la orden de Santo Tomás de Acre, por lo que la elección debió tener lugar a comienzos de ese mismo año.

        Defendió al rey de Francia, y que queriéndole proteger, fue herido mortalmente en la batalla de Mansurah el 3 de julio de 1250.

 

 

 

XIX.- RENAUD DE VICHIER (1250 - 19 de enero de 1252)

 
 

        Fue Comendador del Temple en Acre en 1240 y posteriormente Maestre del Temple en Francia, desde el 19 de agosto de 1246. Fue elegido mariscal de la Orden, y en calidad de tal, asistió a la batalla de Mansurah.

        Finalmente, a la muerte de Guillermo de Sonnac, fue elegido Maestre de la Orden; según Joinville, fue elegido bajo la influencia del rey de Francia quien, habiendo sido hecho prisionero, rechazó la contribución de la Orden del Temple para pagar el rescate, lo que no impidió a San Luis querer al Maestre por su lealtad y su coraje; y de hecho, en 1250, fue el padrino de su hijo Juan Tristán.

        El obituario de Reims fecha su muerte el 19 de enero de 1252, y no en 1257, como señala el continuador de la Crónica de Guillermo de Tiro, pues en octubre de 1252 ya había sido reemplazado.

 

 

 XX.- THOMAS BERAUD o BERARD (1252 - 25 de marzo de 1273)

 
 

        Thomas Bérard aparece en calidad de Maestre del Temple aparece con ese título en un salvoconducto emitido en octubre de 1252 a varias personas antes de dirigirse a Trípoli.

        En abril de 1257, Jean de Montfort ratificó las donaciones hechas por su padre a su predecesor, Renaud Vichier. El 9 de octubre de 1258 se estableció un acuerdo entre Tomás Bérard, Maestre del Temple, Hugo Revel, Maestre de los Hospitalarios y el Maestre de los caballeros Teutónicos, respecto a las impugnaciones que podían hacerse sobre los diversos bienes en los reinos de Jerusalén, Chipre, Armenia, en el principado de Antioquía y el condado de Trípoli.

        Este maestrazgo está marcado por el fin de las Cruzadas en Tierra Santa.

 

        Bajo su maestrazgo, los templarios consiguen la plaza de Sajette, el castillo de Beaufort en 1260, y, en 1262, la plaza de Arsuf, posesiones que serán tomadas de nuevo por los musulmanes de Bendochar: Beaufort en 1268 y Arsuf en 1264. No obstante, el 27 de mayo de 1262, se firmó un compromiso entre el hermano Tomás Bérard, Maestre del Temple, y el hermano Hugo de Revel, Maestre del Hospital, en el que los dos Maestres donaban todos los poderes a Tomás, obispo de Belén, legado de la Santa Sede, al hermano Hermann Helderong gran comendador del Temple, Geoffroy de Sergines, senescal y baile del reino de Jerusalén y Guillermo Botron, condestable del reino, para poner término a las diferencias entre las dos órdenes.

        Tomás Bérard es citado además el 31 de mayo de 1270 y el 30 de septiembre de 1264 en el cartulario de Nicosia; en 1270, suscribe la revocación del acuerdo cerrado el 27 de mayo.

        El continuador de la crónica de Guillermo de Tiro señala su muerte el 25 de marzo de 1273, fecha confirmada por la carta del 17 de mayo de ese año, escrita por Hugo de Revel, Maestre del Hospital, a Guy de Dampierre, conde de Flandes.

 

 

XX1.- GUILLAUME DE BEAUJEU (13 de mayo de 1273 - 18 de mayo de 1291)

 
 

        Originario de Forez, Guillermo de Beaujeu fue el último Maestre que permaneció en Tierra Santa durante todo su maestrazgo.

        En 1271 fue nombrado Comendador del Temple en el condado de Trípoli, y posteriormente, de Pouilles. Antes de ir a Tierra Santa, asistió en mayo de 1274, al concilio de Lyon, cuyo primer objetivo fue la reunión de las Iglesias de Oriente y Occidente, y el segundo, la convocatoria de una nueva cruzada.

        Las Gestas chipriotas precisan que entre 1275 y 1282, arbitró, con caridad y liberalidad, las diferencias entre el Temple y el condado de Trípoli. El 27 de junio, suscribió la oferta hecha por Enrique de Lusignan a la guarnición francesa del castillo de Acre. Fue un verdadero caudillo, respetuoso con las treguas firmadas con los musulmanes.

 

        Bajo su maestrazgo, el papa entabló conversaciones de unificación con las dos grandes órdenes de Palestina: Temple y San Juan. El resultado de todas las rencillas, preparado por los hábiles legistas de Felipe el Hermoso, entre ellos Pierre Dubois, Nogaret y Enguerrand de Marigny, se concretó en un innoble proceso contra la Orden, acusada de haber traicionado a la cristiandad.

        Bajo el maestrazgo de Guillermo de Beaujeu se jugó la última carta de Tierra Santa y del reino latino. Los musulmanes resistieron, a pesar de una nueva amenaza, por parte de los cruzados. El sultán del Cairo, Kalaoun Malek al Mansour, se apoderó sucesivamente de Margat, Laodicea, Sidón y Tiro. Su hijo, Kabid Achraf continuó la lucha y amenazó Acre. Desde comienzos de marzo de 1291, los habitantes de Acre se prepararon para el combate, organizándose en cuatro divisiones: la primera bajo las órdenes de Jean de Grailly y Otón de Granson; la segunda, bajo el mando del jefe del contingente de los chipriotas y del lugarteniente de los caballeros Teutónicos; la tercera, de los Maestres de San Juan y Santo Tomás; la cuarta bajo las órdenes de los Maestres del Temple y de San Lázaro. Además, se unieron varias órdenes militares a las distintas divisiones: los Caballeros de la Espada, los de San Lorenzo, los de San Martín de los Bretones, los del Espíritu Santo.

        El 18 de mayo, Guillermo de Beaujeu, mortalmente herido, fue transportado por una de las poternas de la muralla del Montmusard, a una casa del barrio, cerca de la puerta de San Antonio. El resto de las tropas se retiró sobre los navíos para alcanzar Chipre. El patriarca de Jerusalén, Nicolás de Hanappe, y el Maestre del Hospital murieron ahogados, en tanto que el lugarteniente de San Lázaro fue asesinado.

 

 

XXII.- THIBAUD GAUDIN (agosto de 1291 - 16 de abril de1292)

 
 

        En el momento de la muerte de Guillermo de Beaujeu era Gran Comendador de la Orden; tomó el mando de las tropas restantes y se retiró a Sidón. Al no ver ninguna salida, se embarcó con los hermanos de la Orden que quedaban, los archivos y los cálices y se retiró al castillo de Sagette donde fue elegido Gran Maestre en agosto de 1291.

        Sin embargo, en 1293 ya había sido sustituido por Jacques de Molay.

        El obituario de Reims fecha su muerte el 16 de abril, sin mencionar el año; sin embargo, tuvo que ser 1292, dado que Jacques de Molay es mencionado desde enero de 1293 como Gran Maestre.  

 

 

XXIII.- JACQUES DE MOLAY (finales de 1292 - 18 de marzo de 1314)

 
 

        Miembro de la familia de Longwy-Rohan y originario del Franco Condado, fue elegido Maestre del Temple a finales de 1292. En enero de 1293 figura con este título en un acta relativa a la isla de Chipre. Así pues, la fecha, todavía extendida, de 1298, es falsa.

        En 1293 escribió a Eduardo de Inglaterra para anunciarle la nominación de Guy de Foresta como visitador de la Orden en las Islas Británicas.

        Murió en la hoguera, en la Isla de los Judios, el 18 de marzo de 1314, después de haber pasado varios años en prisión.

        Último Gran Maestre de la primera etapa de la Orden del Temple.

 
 

BIOGRAFÍA DE JACQUES DE MOLAY

 

        Lo más extraño de esta familia es que no se encuentran rastros de sus orígenes. Es posible que algún hecho acaecido con anterioridad, teniendo por protagonista a alguno de sus miembros, hiciese que se tratase de borrar todo. Algunos estudiosos nobiliarios incluyen a Molay en la genealogía de Lonvy, al ser Molay una población del Señorío de Rahon, propiedad del padre de Jacques de Molay. De la familia Molay solo se conoce a Juana Bacon, Dama de Molay en 1371. Dicho territorio pasó a la casa Choiseul con motivo de los enlaces con la nobleza de Borgoña.

        Jacques Bernard de Molay nació en Borgoña por el año 1240, hijo de Juan, Señor de Lonvy, heredero de Mathe y Señor de Rahon, gran población cerca de Dole de la cual dependían muchas otras, pero principalmente Molay, y esta era una parroquia de la Diócesis de Besanzon, en el Deanato de Nenblans. Entró en la Orden del Temple en 1265, recibiéndole Fr. Imbert de Perand, visitador de Francia y del Portu, en la capilla del Temple de la residencia de Belna. Fue padrino de bautismo de uno de los hijos del rey francés, Felipe el Hermoso, que con el tiempo debía ser el delator, perseguidor y verdugo de la Orden y de este Gran Maestre. Pasó a ultramar donde dio pruebas de intrepidez y energía, mostrando relevantes cualidades bajo las ordenes del Gran Maestre Fr. Guillermo de Beaujeau, que murió heroicamente defendiendo Acre con casi la mayor parte de los templarios que combatían a su lado. Tras la muerte del Gran Maestre Tibald Gaudin, Jacques de Molay fue elegido Gran Maestre, aunque en el momento de su elección se encontraba fuera de Chipre desempeñando una comisión extraordinaria. No tardó mucho el nuevo  Gran Maestre  en corresponder a las esperanzas depositadas en él por los  templarios que  lo habían

elegido, mostrándose digno del cargo que le habían confiando. Reorganizó y reforzó la Orden con prudencia y acierto para acometer nuevas empresas en Tierra Santa, capitaneando las expediciones contra los musulmanes de 1293 y 1305, logrando entrar en Jerusalén en el año 1298 y derrotando al Sultán de Egipto, Malej Nacer, en 1299 cerca de la ciudad de Emesa. En 1300 organizó una incursión contra Alejandría y estuvo a punto de recuperar la ciudad de Torsota, en la costa Siria, para la cristiandad. Al contrario de los que le tildan de débil, supo defender a ultranza, lo que fue uno de los motivos para acabar con la Orden y sucumbir con ella, la independencia de la Orden del Temple del resto de las órdenes militares y del cada día más poderoso poder de las monarquías absolutas europeas.

 

 
 

 

EL PROCESO CONTRA EL TEMPLE

 
Jacques de Molay y Geoffroy de Charnay en la hoguera

        El proceso a los Templarios es una página de la historia medieval que admite agudas polémicas. Un enfoque lo sustentan los historiadores consagrados a proclamar la inocencia de los monjes soldados y a ensalzar sus virtudes, ya que el templario vino a representar la sublimación del Caballero medieval. Su ejemplar vida castrense, concretadas en heroicas actuaciones bélicas en los teatros de operaciones donde actuó y el contrapunto de su vida monacal, fueron ensalzados por San Bernardo, en un canto a los Caballeros de Cristo, que acrisolaban una adecuada imagen al espíritu de la Orden y cuya praxis desarrollaron sus miembros, con una fidelidad absoluta a sus Reglas. Diametralmente opuesto al que se quiso vender desde de la corte parisina.

19 de marzo de 1313, el Gran Maestre de la Orden Temple, Jacques de Molay y Geoffroy de Charnay mueren en la hoguera
 

        El proceso no puede analizarse como un hecho aislado desgajado de su entorno, sino que requiere ser estudiado en su contexto histórico económico-político y religioso. La animadversión contra la Orden se encontraba aletargada en ciertos círculos cortesanos y eclesiásticos, que los contemplaban como orgullosos. Felipe El Hermoso sin embargo, fue el principal artífice de la red de acusaciones vertidas en el proceso. Durante su reinado colisionaron la teocracia y la idea de Estado, las pretensiones independentistas del monarca francés, frente a la concepción universalista de la Iglesia. Al trasladar Clemente V la corte pontificia a Avignon, triunfó la idea estatal del monarca, dejando al Papado inerme frente a la realeza, lo mismo que a las Ordenes Militares.

        Dicho proceso no es un proceso criminal ordinario, sino político, siguiendo el procedimiento de excepción de la Inquisición. No pretende descubrir la verdad, sino convertir en culpable a un sospechoso. El ataque contra el Temple, debe situarse en el contexto de un problema de poder y de medios: ajustar cuentas al papado y apoderarse de los bienes del Temple. El Temple estaba en el centro de ambos problemas.

        La Orden no representa en Francia un peligro militar, a diferencia de lo que sucede en España. El problema parece más de carácter político. El rey francés, Felipe el Hermoso, Jaime II, Eduardo I y Eduardo II, adoptaron frente al Temple y Hospital, la misma política: reducir sus privilegios.

        Felipe el Hermoso: Como consecuencia de los fracasos en Tierra Santa, las Ordenes se mantienen a la defensiva. Los reyes tienen litigios con el Papado, por diversos motivos. Las Ordenes son poderosas e independientes del poder real, supeditadas sólo a la autoridad del Papa. El rey francés, lo mismo que los monarcas inglés y español, comprenden la necesidad de debilitar en sus reinos la influencia de las Ordenes Militares. En lugar de reforzar a una, eliminando a la otra, prefieren crear una nueva Orden sobre las ruinas del Temple. Jaime II, intenta crearla basándose en las Ordenes Nacionales Ibéricas, mientras que Felipe, desea una orden que él pueda controlar.
         Las Ordenes Militares internacionales, eran un obstáculo para el desarrollo de las monarquías centralizadas y por ello, consideraba que debían desaparecer. La eliminación del Temple venía a ser la primera etapa, ya que en el ánimo del rey francés, gravitaba el deseo de eliminar posteriormente al Hospital.
        La tortura formaba parte del arsenal de la justicia, en los procedimientos judiciales del Medievo. En Francia, Navarra, Provenza y Nápoles y en los Estados Pontificios, se aplica y los templarios confiesan, mientras que en la Península Ibérica, Italia septentrional, Alemania e Inglaterra, al no aplicarse no confiesan. La tortura del S. XIII, procede de la Inquisición (1235) y se aplicaba para combatir la herejía a cargo de las Ordenes Mendicantes, Franciscanos y Dominicos. Inocencio IV, prevé la tortura como medio de obtener la verdad, determina su uso y matiza su empleo. Clemente V en 1265, confirma la Bula de 1252 Ad Extirpendam y ordena su aplicación. La tortura establece un lazo, entre el inquisidor y el torturado. Entre los templarios torturados que confesaron enormidades, muchos se habrían comportado heroicamente en los muros de Acre, Safed, Ruad y Trípoli. Eran guerreros formados para combatir al infiel y preparados para un tipo de sacrificio. Los musulmanes no perdían el tiempo torturando, les cortaban ritualmente el cuello.
        En el proceso la Orden estaba predestinada por envidias del rey, clero, nobleza y del parlamento. Habían mantenido relaciones con el rey, de poder a poder, de acreedor a deudor, le habían protegido en diversas ocasiones, lo que hacía que el monarca se sitiera humillado; habían profesado un internacionalismo (federalismo o sinarquía). Destruyendo la Orden del Temple, Felipe el Hermoso afirmaba la tendencia al absolutismo, al poder totalitario que frente a él, había manifestado Federico II de Hohenstanfen. Fue el primer paso en un camino que, seguirán todos los que transformarán el poder real, en poder monárquico: asegurarse el poder espiritual.
        Clemente V: Es el mismo gesto que el de Francisco I, al atribuirse por el concordato de 1516, la nominación de los obispos y de los abates en el reino, o el de Luis XIV, cuando revoca el edicto de Nantes, o cuando ordenaba tomar Avignon, a fin de intimidar al Papa Inocencio XI. La supresión de la Orden del Temple, no deja de anunciar, aunque empleando diferentes métodos, la de los jesuitas, a fines del siglo XVIII.
        Dado su poderío económico-militar, la única forma de eliminación posible, era por medio de la calumnia. El plan urdido consistió en separar la Orden del poder espiritual, alienándola de todos los cristianos; buscar la participación del Papa para asegurar la adhesión de los Reyes y conseguir la disolución de la Orden, proponer la fusión con la Hospitalaria, para eliminar la independencia templaria, al nombrar Gran Maestre al hermano del rey de Francia, Felipe el Hermoso, debilitar su poderío económico-militar al controlarlo el propio monarca, evitar una confrontación guerrera que no prosperaría, dado el potencial bélico de la Orden Templaria. El medio que emplearon fue la imputación de herejía, sodomía y crímenes contra la Iglesia.
        En un alarde de eficacia policial, se llevó a cabo la detención, realizada el mismo día y a la misma hora en todas las encomiendas francesas, operación minuciosamente preparada un mes antes, alertando en sobres cerrados y totalmente reservados a las autoridades que debían ejecutarla. El Papa, en lugar de averiguar si realmente eran herejes y en este caso excomulgarles y ponerlos a disposición de la autoridad temporal para ejecutar la sentencia, pone a merced del rey a los templarios. Para doblegar voluntades y arrancar confesiones, se aplica el tormento. Los presidentes de los Concilios Provinciales eran adictos e incondicionales al Rey; los interrogatorios escritos se realizaron en la prisión. La Orden es condenada sin escuchar la defensa, con el veto de Aragón y Cataluña. La Sentencia es disolutoria de la Orden (Concilio Ecuménico de Vienne en 1312), condenatoria de las altas dignidades de la Orden (a morir en la hoguera a éstos y a los caballeros relapsos) y confiscatoria de bienes con destino a la Orden Hospitalaria.
        El Rey obró impulsado por la envidia, codicia y despecho, al sentirse humillado; el Papa actuó por servilismo, debilidad y temor a un nuevo cisma; Nogaret procedió por ambición desmesurada y deseo de conseguir prebendas reales, los juristas se mostraron deshonestos y malos consejeros, la opinión pública no reaccionó y aceptó pacíficamente el veredicto.



CRONOLOGÍA:

1294
        (¿1292-1296?) Jacques de Molay es nombrado Gran Maestre.

1299
        Expedición templaria a Egipto.

1303
        Se pierde la isla de Rouad, frente a la fortaleza de Tortosa.

1304
        Conclave de Perusa (Agen). Surgen las primeras acusaciones contra el Temple.

1305
        (14 de noviembre) Clemente V (Beltrán de Got) es coronado Papa en Lyón. Propuestas del Papa para unificar las ordenes militares.

1306
        Clemente V ordena venir desde Chipre a Jacques de Molay.

1307
        A primeros de año llega Jacques de Molay a Paris.
    (14 de septiembre) El Rey de Francia envía a los jueces cartas selladas con la orden de arresto de los templarios por “presunciones y violentas sospechas” originadas por la “denuncia” de Esquieu de Floryan.
    (14 de octubre) Se difunde en Paris el manifiesto real y se ejecuta la orden de arresto. La acusación es de apostasía, ultraje a Cristo, ritos obscenos, sodomía e idolatría.
    (del 19 de octubre al 24 de noviembre) Se procede a los interrogatorios. De los 138 interrogados, 36 mueren por torturas.
    (27 de octubre) Clemente V protesta ante Felipe de Francia por el arresto.
    (22 de noviembre) La bula Pastoralis Praeminentiae, de Clemente V ordena a los príncipes cristianos que arresten a los templarios. El cambio de actitud se debe a acusaciones.

1308
    (25 de marzo) El rey de Francia convoca los Estados Generales y exige que los templarios sean condenados.
    (26 de mayo) Felipe El Hermoso se desplaza a Poitiers para entrevistarse con el Papa.
    (del 27 de junio al 1 de Julio) 72 templarios comparecen ante Clemente V. El Rey mantiene la custodia de los bienes, pero la de las personas pasa a la Iglesia.
    (12 de agosto) Se nombran comisiones eclesiásticas bajo la autoridad del obispo de cada diócesis.

1309
    (8 de agosto) Abre las sesiones la comisión eclesiástica de Paris, un año después de su constitución.
   (26 de agosto) Comparece ante la comisión Jacques de Molay.

1310
    (11 de mayo) Concilio provincial en Sens, 45 templarios revocan sus confesiones, son acusados de «relapsos«. Son quemados al día siguiente.

1311
    (5 de junio) La comisión episcopal da por terminados sus trabajos, coincidiendo en que no se puede condenar a la Orden sin haber oído públicamente su defensa.
   (16 de noviembre) Apertura del Concilio de Viena.

1312
     (20 de marzo) Felipe se persona en el Concilio de Viena.
    (22 de marzo) Supresión sin condena. Vox in excelso. En Escocia no se promulga dado que el Rey Robert de Bruce estaba excomulgado.
    (02 de mayo) La bula Ad Providam distribuye los bienes del Temple.

1313
        Bulas papales para que los reconciliados fueran recibidos en monasterios.

1314
    (18 de marzo) Sentencia contra Jacques de Molay y dignatarios.
    (19 de marzo) Muere en la hoguera el Gran Maestre, Jacques de Molay y Charnay.

     La transmisión: Muchas son las versiones que se dan de los últimos días de Jacques de Molay en cuanto a preparar una posible sucesión. Una habla de la transmisión de conocimiento a través del caballero Francisco de Beaujeu, sucediéndole el caballero d’Aumond, el cual continuó su obra en escocia. Otra versión más arraigada es la que aboga por la sucesión a través de Juan Marco L’Armenius. En 1810 el abate Gregoire, menciona en un estudio que Jacques de Molay, no podía seguir viviendo con la conciencia de haber deshonrado a la Orden con sus declaraciones y que no deseaba vivir preso toda su vida, sino morir habiendo rectificado. No podía hacerlo sin transmitir a un sucesor el maestrazgo, escogiendo a Larmenius, primado de la Orden y comendador de Jerusalén. Luego, rectifica públicamente y muere. No hay datos fiables de quien pudiera ser “Larmenius”. Algunos han considerado que se trataba de un nombre iniciático: L’Armenius sería “el Armenio” y también alguien de familia noble y por tanto revestido de armiño. Muchos historiadores rechazan la autenticidad de la carta, basando sus objeciones en la traducción del latín original ya que este documento es una trascripción que se basa en una clave geométrica de la cruz paté.

     Muerte de Jacques de Molay: Es a partir de Larmenius que se urde la trama de la transmisión regular del maestrazgo templario. Se encuentran entre los sucesores de Larmenius a nombre conocidos como Teobaldo de Alejandría y a Betrtrand Du Gesclin que fue defensor de Enrique de Trastámara contra su hermano el rey de Castilla. En la biografía de Du Gesclin, que está muy bien documentada, no aparece ninguna referencia que haga intuir tal filiación. Pero ello sería solo una prueba más de la discreción con que actuaban. La carta aparece cuando la exhibe Fabre Palaprat, reclamando su sucesión, pero anteriormente había sido invocada por Felipe de Orleáns para justificar su autoridad al convocar un Convento General en Versalles.

     La supervivencia el Temple: La Orden del Temple fue suspendida. Sus miembros fueron tratados con la máxima dureza en Francia, pero en Alemania, Inglaterra e Italia se les permitió ganarse la vida como guerreros, escuderos, arquitectos, contramaestres, artesanos y obreros. Las relaciones que la Orden había mantenido con las asociaciones obreras facilitaron la fusión de los miembros del Temple con los constructores de iglesias y castillos. Los capellanes y monjes, eran muchos arquitectos y maestros de obras, que habían recibido instrucción de los benedictinos y de los cistercienses. A Portugal emigraron muchos templarios procedentes de España y del Mediodía francés, salvo los de Aragón y Baleares, que se integraron con los franciscanos. En Portugal, se constituyeron como Orden de Cristo, adoptando la regla de la Orden de Calatrava. Los Caballeros de Cristo, son herederos directos de los Templarios. En la actualidad son laicos.

     Placa actual de recuerdo a Jacques de Molay: En Alemania, se extendió en el siglo XVIII, lo mismo que en Francia la "Estricta Observancia", orden pseudo-templaria. En los países flamencos, Brujas acogió en Bélgica a los templarios. En Gran Bretaña, se introducen filiales para continuar las ideas templarias, después de su disolución. En Italia, los templarios ingresaron en la Fede Santa y en los Fideli D'Amore, manteniendo los principios juanistas y sinárquicos, cuyas huellas se encuentran en Dante. Estaba muy orientalizada por artesanos musulmanes de Sicilia y Toscana. Reanudaron el comercio. Entre los brotes de supervivencia figuran Los Caballeros de Cristo en Portugal (integrado por marinos y comerciantes, que contribuyeron a la extensión colonial de Portugal), los partidarios de Marc Larmenius (armenio sucesor de Jacques de Molay), los partidarios de Pierre D'Aumont y los disidentes o desertores. El templarismo persistió con gran facilidad en Portugal, por la ayuda de la dinastía Aviz.

     Tras la disolución, muchos Templarios se casaron y pasaron a países extranjeros, transmitiendo a sus descendientes los conocimientos que tenían de la Orden. Estos descendientes regresaron a Francia y administraron los bienes templarios, que no habían sido secuestrados. La continuidad de la Orden, está consignada en actas de los siglos XV, XVI y XVII. Los antiguos monjes soldados, tenían que vivir en los conventos que había poseído la Orden o ingresar en una institución religiosa. En 1318, se decidió que no residieran más de dos frailes en un mismo convento, salvo si lo hacían en los de la Orden del Hospital. Los que no se enclaustraron, se casaron y dedicaron a diversos oficios. Clemente V, ganó el pulso a Felipe el Hermoso logrando que los bienes de la Orden pasaran a la Orden más próxima en lo geográfico y material. En España la Orden de Calatrava fue la más beneficiada. La experiencia marinera de los templarios reagrupados en la Orden de Cristo, fue importante en la expansión portuguesa.