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El embrión de esta Orden castellano-leonesa hay que buscarlo en el año 1170, aunque existen determinados documentos que pretenden unir la fundación de la Orden de Santiago a la victoria de la batalla de Clavijo (La Rioja) en el año 849 d.C. No Obstante y aún cuando el rey Ramiro I fundara una hermandad bajo la advocación del Patrón de España, mal podía tener por objeto defender a los peregrinos, ya que está datado que los primeros freires eran tan sólo eran trece, en memoria de Jesucristo y sus Apóstoles. Podemos decir que de todas las Ordenes Militares que se establecieron en la península en defensa de la fe, la más rica e importante fue sin duda la de Santiago. En sus comienzos, las semejanzas entre ésta y las Ordenes de Malta y Temple, son notables. Es durante el reinado de Fernando II de León (1137-1188), tras la conquista de Cáceres, en 1170, donde hay que buscar los verdaderos inicios fundacionales de la Orden. El monarca concede la ciudad a D. Pedro Fernández, y éste junto con un grupo de trece caballeros, entre los que destacan: D. Pedro Arias, el Conde D. Rodrigo Álvarez de Sarriá, D. Rodrigo Suárez, D. Pedro Muñiz, D. Fernando Odoarez, Señor de la Varra y Arias Fumaz, Señor de Lentazo, se hacen llamar “Freires de Cáceres”, teniendo como principal misión la defensa de la zona encomendada contra la amenaza almohade. |
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"Y los dichos caballeros viendo el gran peligro que estaba aparejado a los cristianos, inspirados por la gracia del Espíritu Santo, para reprimir a los enemigos de Cristo y para defender su Santa Iglesia, hicieron de sí muro para quebrantar la soberbia de aquellos que eran sin fe y pusieron la cruz en sus pechos a manera de espada, con la señal e invocación del bienaventurado Apóstol Santiago y ordenaron que en adelante no peleasen contra cristianos, ni hiciesen mal ni daño a sus cosas y renunciaron y desampararon todas las pompas mundanas, y dejaron las vestiduras preciosas y la largura de los cabellos y todas las otras cosas en las que hay mucha vanidad y poca utilidad y prometieron no ir contra aquellas cosas que las Santas Escrituras defienden y de lidiar siempre contra los paganos por tener a Dios aplacado cerca de sí y de vivir ordenadamente por la Ley Divina." |
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Posteriormente se escogió el patronazgo de Santiago, en honor de Santiago el Mayor, a quien toda España considera como el primero que vino a predicar el evangelio a los habitantes de Hispania. El apóstol tras predicar por la península vuelve a Jerusalén, donde fue el primero de los apóstoles en derramar su sangre por mandato de Herodes Agripa, y según la tradición, sus discípulos trasladaron su cuerpo a España y lo depositaron en Iria-Flavia (Galicia) a principios del siglo IX. Durante el reinado de Alfonso II "el Casto", de León, fueron descubiertas estas reliquias y trasladadas a Compostela, cuyo primitivo nombre fue Brigantiun, tomando posteriormente el de Compostela, de la abreviación según parece de “Campus Stellae”, aludiendo a las prodigiosas estrellas que descubrieron el sitio donde se encontraban las reliquias del apóstol. Algunos autores dicen, que desde ese momento se hizo de Compostela un lugar célebre por la afluencia de peregrinos procedentes de todos los países cristianos de Europa, que acudían a visitar las reliquias del Santo Apóstol; para protegerlos en los caminos, argumentan, que se estableció la Orden de Santiago. En el 1170, los primeros que, parece, tuvieron la idea de acudir al socorro de los numerosos peregrinos que se dirigían a Compostela, fueron los canónigos regulares de San Agustín, que vivían bajo la obediencia de un prior elegido y confirmado por ellos, en el convento llamado de San Loyo ó San Eloy, cerca de Compostela, fundado a ejemplo de los caballeros de Calatrava (otro instituto destinado a proteger la seguridad de los caminos). Con los años se fueron erigiendo, de trecho en trecho, desde los Pirineos hasta la citada ciudad de Compostela muchos hospitales para albergar a los peregrinos. Para la eficaz defensa, los Freires de Cáceres determinaron asociarse á aquellos religiosos y se obligaron por voto solemne a guardar y defender aquellos caminos. Los canónigos aceptando el ofrecimiento de los caballeros, convinieron en recibirlos en su Orden, vivir con ellos en comunidad y ser sus capellanes para dirigirlos espiritualmente y administrarles los sacramentos. Así parece que los Freires de Cáceres trocaron en freires de Santiago, Organizándose así la Orden. Organizadores de la misma fueron: Don Cerebruno y Don Pedro, arzobispos de Toledo y Santiago; Don Juan, Don Fernando y Don Esteban, obispos de León, Astorga y Zamora respectivamente. El día 29 de julio de 1170, quedó fundada, organizada y establecida la Orden de Santiago. En 1172 se había extendido a Castilla. Caballeros de Ávila se agregaron a su Regla. La aprobación pontificia fue del Papa Alejandro III, con el fin de que fueren criados en temor a Dios "y para remedio de la flaqueza humana, se permite el matrimonio a los que no pudieran ser continentes; guardando a la mujer la fe no corrompida y la mujer al marido, porque no se quebrante la continencia del tálamo conyugal, según la institución de Dios y la permisión del Apóstol San Pablo". La confirmó bajo la regla de San Agustín con bula de 8 de julio de 1175, aprobó sus constituciones y la hizo exenta de la jurisdicción de los ordinarios, cuya gracia ratificaron mas adelante los papas Lucio III, Urbano III e Inocencio III por diferentes bulas que arreglaron igualmente el estado de los caballeros y el de los religiosos. Comprendió la Orden desde el principio las tres clases de caballeros, religiosos y religiosas, teniendo los primeros por jefe directo al Gran Maestre y viviendo los otros bajo la inmediata dirección de sus superiores eclesiásticos y de los priores de Uclés y de San Marcos de León, y bajo la autoridad del Gran Maestre de la Orden. En honor de esos trece primeros hermanos, se establecería el trecenazgo de la Orden, trece freires electores que junto con los obispos priores de Uclés y San Marcos de León, los comendadores mayores de Castilla, León y Montalbán (Aragón), el Prior de Santiago de la Espada en Sevilla, el Secretario y el Tesorero integrarían, ya en su época de esplendor, las dignidades principales que participarían en la elección del Maestre. |
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Si consultamos las gloriosas páginas de nuestra historia en toda aquella larga y porfiada lucha contra el poder musulmán, que dio por resultado la reorganización de la nación española; ni una sola batalla, ni un hecho de armas se hallará, en que no veamos combatir en primera fila a los caballeros de Santiago. Pero observaremos de paso que una buena parte de la gloria que se granjearon con aquellas proezas quedó en cierto modo eclipsada por las divisiones y bandos á que se vio con frecuencia entregada después esta Orden. Es cierto que los bienes inmensos que estos caballeros poseían en los reinos de Castilla y León, les obligaron muchas veces á sostener las encontradas pretensiones de sus soberanos, hasta el punto de tener que derramar la sangre de sus compañeros de religión; pero tampoco admite duda que con mucha frecuencia se vio arder la discordia en el seno de la Orden a impulsos de la ambición de los mismos caballeros que se lanzaban a sostener con encarnizamiento a los diferentes competidores que se disputaban el gran maestrazgo de la religión. Hasta tal punto habían desacreditado a la Orden esos escándalos y escisiones, que a la muerte del gran Maestre D. Alonso de Cárdenas en 1499, se creyeron los Reyes Católicos obligados a impetrar de la Santa Sede una providencia capaz deponerles término, fundados en una serie de hechos de la mayor gravedad y exponiendo por otra parte las inmensas fatigas y las cuantiosas riquezas que les había costado la larga guerra que tuvieron que sostener para libertar sus estados |
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del poder de los infieles; suplicaron a Alejandro VI les concediese la administración del Gran Maestrazgo de la Orden, medida que podía considerarse como de necesidad y al mismo tiempo como una especie de recompensa de sus grandes sacrificios por la fe católica. Accedió desde luego Su Santidad a la demanda, y con bula del mismo año dio a aquellos príncipes la administración de la suprema dignidad de la Orden de Santiago. |
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Después de la muerte del rey D. Fernando, sucedió en la administración el Emperador Carlos V, en cuyo tiempo el Papa Adriano VI unió para siempre a la corona de España los maestrazgos de Santiago, Calatrava y Alcántara, siendo aún en nuestros días la princesa reinante la persona investida con aquella elevada dignidad. Antes de esta anexión era elegido el gran Maestre de Santiago por el consejo de los trece, así llamado, porque lo componían trece caballeros designados de entre los Gobernadores y Comendadores de la Orden. Este cuerpo además de la elección, tenía en caso necesario la facultad de deponer al gran maestre y desempeñaba las atribuciones de consultivo y judicial cerca de aquel jefe; pues no solo era indispensable su acuerdo para la determinación de los negocios de interés de la Orden, sino que todas las cuestiones y diferencias que se promovían entre el Maestre y los caballeros habían de ser decididas por los trece. Fue fijado este numero a dicho consejo, según algunos escritores, porque habían sido trece los caballeros que fundaron la Orden, y según otros en representación de Cristo y de los doce apóstoles. Cuando fallecía el Maestre, se encargaba desde luego del Gobierno de la Orden el Prior de Uclés, quien cuidaba igualmente de convocar a los treces para la elección. Pero muchas de sus atribuciones las perdieron estos dignatarios, cuando la creación del consejo de Ordenes en 1489, después de haber sido incorporadas a la corona con autorización de Adriano VI, las órdenes de Calatrava y Alcántara. Carlos V y Felipe II le dieron mas adelante la forma que tiene en la actualidad, que se compone de un presidente, ocho ministros togados, un fiscal, un secretario, un contador general, un alguacil mayor, y un tesorero, con cuatro procuradores generales y cuatro fiscales, correspondientes a cada una de las cuatro órdenes militares de España. En el consejo de las órdenes se trataba de todo lo relativo al gobierno de las mismas, de las causas civiles y criminales de los caballeros, frailes y demás dependientes, tan solo en los casos privilegiados y en los territorios de la jurisdicción de las órdenes. Examinaba las informaciones para los hábitos y las visitas de conventos y encomiendas, casas fuertes, hospitales y colegios; consultaba al rey sobre las dignidades, prioratos, beneficios, gobiernos, alcaldías, alcaidías, regimientos y guardas mayores de dehesas; y además le pertenecía lodo lo gubernativo y contencioso de los colegios y monasterios, pero únicamente en la segunda instancia, pues la primera correspondía á los gobernadores del respectivo distrito. Según bulas de Clemente VIII de 1524 y 1525 tenía el conocimiento de los diezmos, beneficios y de todo lo demás perteneciente a los obispos, como ordinarios. La jurisdicción de este consejo así se extendía a lo espiritual como a lo temporal, y no solo sobre los caballeros, canónigos, capellanes y religiosas de las órdenes, sino también sobre lodos los presbíteros que tenían beneficios y sobre las monjas que residían en monasterios situados en territorio de aquellas. |
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En la jerarquía de la Orden de Santiago las dignidades inmediatas al gran maestre, eran los priores de los dos conventos de Santiago de Uclés y San Marcos de León, de duración trienal al principio y elegidos por los frailes de la respectiva provincia por darles |
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alternativas, a saber: el de Uclés en Castilla un trienio por la parte llamada de La Mancha, el otro por la llamada de Montiel, y el de San Marcos en León alternando la provincia de León y la de Extremadura; después eran perpetuos y de nombramiento de la corona como los demás obispos. Estos priores, en virtud de concesiones de la silla apostólica, usaban roquete, mitra y demás insignias pontificales. Al principio no había mas prior que el de San Marcos; pero habiéndose partido el reino de León, los caballeros de Santiago fueron acogidos en sus estados por Alfonso X de Castilla, quien entre otras les diera en 1174 la villa y castillo de Uclés, y allí pusieron la cabeza de la Orden. |
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La villa de Uclés alberga todavía el complejo defensivo formado por el castillo y el monasterio que constituía la casa madre de los caballeros de la Orden de Santiago. |
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Restablecida mas adelante la casa de San Marcos de León, se suscitaron serias contestaciones sobre antigüedad y preeminencia entre este convento y el de Uclés que fueron terminadas, dejándose al prior de San Marcos, el gobierno de los conventos de León, Galicia y Extremadura, y el de los restantes de Uclés en cuyo convento debían pasar el año de prueba y hacer la profesión todos los novicios de la Orden. Los superiores de los demás conventos religiosos tenían igualmente el título de priores pero estaban bajo la dependencia de aquellos prelados. A los priores de Uclés y de León siguen los Treces, luego las Grandes Cruces de Castilla, León y Montalbán, después están los Comendadores y por último los Caballeros y Frailes, Clérigos o Religiosos. De las encomiendas de la Orden dependían hasta doscientos prioratos curatos y beneficios simples que con dispensa de Su Santidad podían darse á personas que no fuesen de la religión; había también trece vicarías con jurisdicción espiritual Y por último para visitar las cuatro provincias de Castilla la Nueva, León, Castilla la Vieja y Aragón, se nombraban cuatro caballeros, cuyas facultades se extendían no solo a los demás caballeros sino a cuantos poseían beneficios en territorio de la Orden. Para ser admitido caballero, era indispensable hacer constar por medio de una oportuna información, la nobleza paterna y materna de cuatro costados, exigiéndose las pruebas de la última desde el año 1653. El aspirante tenía que pasar después a servir tres meses en las galeras y residir un mes en el monasterio a fin de aprender la regla; posteriormente el rey y el consejo de órdenes abolieron cierta cantidad de estos requisitos. |
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En los primeros años de la Orden los Caballeros estaban obligados a guardar el celibato; pero el papa Pablo III les permitió, en 1540, casarse y profesar únicamente la castidad conyugal. Desde entonces, para contraer enlace, solo necesitaron licencia del gran maestre, siendo esta necesaria en razón á que las mujeres de los caballeros estaban obligadas á hacer las mismas pruebas que estos, en presencia de comisarios nombrados al efecto. Al que había dejado de solicitar este permiso, se le condenaba á un año de penitencia y a la privación de la dignidad, si era uno de los "Trece". Las obligaciones de los caballeros eran antiguamente muy estrechas; mas habiendo Inocencio VIII declarado en 1486 que la regla no les obligaba bajo pecado mortal, dejaron de cumplirse con la rigidez primitiva los deberes que esta imponía. Los tres votos ordinarios que hacían los caballeros, eran de obediencia á sus superiores, de no tener nada propio sino con licencia del gran maestre, y de castidad conyugal, á los cuales añadieron después, en 1655, el cuarto voto de defender la Concepción inmaculada de María, como las otras tres órdenes militares. Los caballeros, cuando otorgaban testamento, estaban obligados a dejar su taza y mula al maestre y su caballo y armas al comendador mayor. |
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Los frailes conventuales ó canónigos, que según hemos visto, tenían a su cargo dirigir en todo lo espiritual a los caballeros, para ser admitidos debían hacer también información de nobleza; pero esta calidad solía suplirse en Uclés por la del grado, con tal que acreditasen que sus antepasados, por parte paterna ni materna habían sido factores, comisionistas, curtidores, cambistas ni ejercido arte alguna mecánica o vil, ni haber sido judíos, herejes, ni castigados por la Inquisición. Usaban por divisa la misma cruz de gules que los caballeros en sus hábitos clericales y eran gobernados por los priores de Uclés y de San Marcos de León. Las religiosas o monjas para ser admitidas en los monasterios de la Orden debían hacer información de nobleza y traer un dote cuyas dos terceras partes por lo menos habían de emplearse en rentas para la casa. Con estos requisitos y con el permiso del consejo se las daba el hábito. El primitivo instituto de los conventos de las religiosas de esta Orden era hospedar a los peregrinos que iban á Santiago de Compostela, y remediar sus diversas necesidades. Antiguamente podían salir libremente de sus monasterios, pero después se las obligó a guardar clausura. Podían igualmente casarse, pero en 1480 se dispuso que no pudieran en lo sucesivo, y se les precisó a hacer los tres votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia. A pesar de estos piadosos y sabios reglamentos, las religiosas del monasterio de Barcelona conservaron su antigua libertad, pues podían casarse y no estaban sujetas a estrecha clausura. Según la regla de la Orden, las mujeres e hijas de los caballeros y comendadores, mientras estos se hallaban en la guerra contra los moros y aún después que habían muerto, podían vivir por cierto tiempo en los conventos de monjas; pero después del año 1600 se les prohibió admitir mujeres seglares, debiendo guardar en esta parte la mas rigurosa clausura. Cada monasterio tenia fijado el número de religiosas y sergentas ó legas que podía admitir, de suerte que las que excediesen de dicho número, habían de ser echadas, y castigadas las que las admitieron. Para la administración de los sacramentos y dirección espiritual de cada convento de religiosas el Gran Maestre nombraba a un monje o fraile de la Orden, asimismo había un prior para el cuidado de la hacienda. Las superioras de los monasterios, llamadas prioras ó comendadoras, eran trienales. Para ser elegidas, a mas de ser profesas, habían de tener cuarenta años de edad y diez de hábito; y solo tenían voto en la elección las monjas profesas, de veinte anos de edad y tres de hábito. Después de elegidas, debían ser confirmadas por el consejo de órdenes. |
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Caballero de Santiago con manto capitular (Benavides) |
Caballero de Santiago de uniforme (Benavides) |
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La insignia de la Orden parece que al principio no fue sencillamente la cruz roja en forma de espada que usa hoy en día, pues según los escritores más antiguos, la acompañaba alguna que otra señal del Apóstol, que, aun cuando ignoremos cual sea, nos inclinamos a creer seria la venera, tenida siempre en España por insignia del Santo. En los sellos antiguos de los maestres así como los del convento, se ve una espada mas bien determinada que la de ahora, y encima de la espada y bajo la guarnición se nota una venera; bien que a fin de distinguir el sello del maestre del que usaba el convento, tenía aquel sobre la espada a un lado, una estrella y al otro una media luna, y esta una cruz a cada lado. Hay además una bula de Alejandro IV, en que se confirma un estatuto de esta Orden hecho en capítulo, general, en el que se dispone, entre otras cosas, que no puedan traer la venera por insignia sino los caballeros y las religiosas que fueren nobles. De España se propagó la Orden de Santiago al vecino reino de Portugal, cuyos caballeros dependieron del gran maestre de España hasta el reinado de Dionisio I, en que se separaron con autorización del papa Nicolás IV; pero no llegó a completarse esta separación hasta 1290 en que aquellos caballeros hicieron la elección de un gran maestre para la Orden en Portugal, a pesar de la viva resistencia que a esto opuso el de España. El pontífice San Celestino V aprobó sin embargo la elección; sus sucesores ratificaron la emancipación de los caballeros portugueses, y el rey Dionisio los colmó de privilegios y riquezas que se acrecentaron más y más con el tiempo. En Portugal tenia la Orden de Santiago los mismos estatutos, iguales pruebas de nobleza, divisa, hábito y profesión que en España, sin otra diferencia que la de traer allí la cruz orlada de una trencilla de oro. El rey D. Juan II se apoderó de la administración de esta Orden, que D. Juan III incorporó para siempre a la corona con autorización del pontífice Julio II. La cabeza de la Orden en Portugal estuvo al principio en la villa de Alcázar de la Sal, y después fue trasladada a Palmella, cuyo gran prior ocupaba el lugar inmediato al gran Maestre y ejercía jurisdicción episcopal. En dicho país la Orden de Santiago, a más de un crecido número de villas y lugares, tenía ciento cincuenta encomiendas, cuatro conventos de canónigos y uno de canonesas, que gozaban de la misma libertad que las del monasterio de Santa María de Junquera de Barcelona. No era por cierto menos floreciente el estado en que llegó hasta nuestros días la Orden de Santiago en España, porque a más de tener Jurisdicción sobre dos ciudades y 178 villas y lugares y presentar 200 prioratos, curatos y beneficios simples y 13 vicarias con jurisdicción espiritual, contaba varias dignidades, encomiendas y casas religiosas de ambos sexos. |
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LOS MAESTRES DE SANTIAGO HASTA LA UNIDAD DE LOS REYES CATÓLICOS Cuarenta Maestres tuvo la Orden de Santiago hasta el año 1.499. El primero fue D. Pedro Fernández de Fuentecalada, en el año 1170. Su primera acción fue contrarrestar el ataque de los moros que talaban toda la comarca de Cáceres, uniéndose a Fernando II de León, marchando hacia Coria, para resolverse en dirección a Cáceres, arrebatándosela a los moros para encaminarse en seguida hacia Badajoz y el Castillo de Almograf en la ribera del Tajo. Pero no pasó mucho tiempo sin que a los musulmanes les llegaran refuerzos de África, los almohades, al frente de los cuales vino su Emir Usuff-Aben-Yacob. Con tales fuerzas pronto volvieron a hacerse dueños de todo lo perdido en Extremadura. Entonces, los Caballeros de la Orden de Santiago se pasaron a Castilla para ponerse a las ordenes del Rey Alfonso VIII. La Villa de Mora fue la primera posesión de la Orden y antes de que pasara mucho tiempo ya habían conquistado el castillo de Alarilla, entrando en tierras de moros para llegar hasta Ruete, talándolo todo a su paso. Regresaron a su punto de partida con un buen número de prisioneros y gran botín por lo cual satisfecho el Monarca les dio la villa de Uclés en el año 1174, en recompensa de sus servicios. D. Pedro Fernández marchó a Roma para que el Papa le confirmase la autorización papal para su Orden de Caballería. Una vez en Castilla, D. Pedro Fernández ayudó al rey Alfonso a recuperar lo que le había arrebatado Sancho V de Navarra en tierras de La Rioja. Planeó después la conquista de Cuenca, a la que sitió, durando el asedio nueve meses hasta que la guarnición mora no tuvo más remedio que rendirse. Ganadas también para el rey cristiano fueron Alarcón y otras poblaciones, siendo premiada la Orden de Santiago con ricas heredades. Fue por este tiempo cuando, según algunas crónicas partió el Maestre de Santiago D. Pedro Fernández, junto con algunos de sus caballeros a Tierra Santa, a fin de fundar allí también la Orden. Existe el dato de que Bohemundo, rey de Antioquia en 1180 donó al Maestre varios castillos y lugares y en feudo todo el territorio que ganara a los moros. Pero poniendo como condición de que la campaña debía emprenderse de inmediato, a lo que no pudo comprometerse el Maestre que emprendió el regreso a España. Poco después la Orden acompaño al rey Alfonso VIII hacia Andalucía, y próximos a Córdoba dieron con los caballeros de la Orden de Calatrava quienes sostenían que aquellos territorios correspondían a su jurisdicción. Los de Santiago se avinieron a razones y firmaron la paz y concordia perpetua con la otra Orden de Caballería, a la cual cedieron la villa de Alcobella, sita entre San Esteban de Gormáz y Osma, además de cien maravedíes de oro, en prueba de buena voluntad, así como la villa de Ocaña. Después se entrevistaron con los Templarios y Hospitalarios, comprometiéndose los respectivos Maestres a prestarse mutua ayuda. La Orden de Santiago se dividió en dos provincias, con dos priores, la de San Marcos estuvo bajo el reino de León, y después la de Córdoba y Sevilla para los caballeros allí residentes. Se ocupó también D. Pedro Fernández de la redención de cautivos y ya tenía la Orden dos casas destinadas a este fin cuando le sobrevino la muerte en el año 1184. Viene después la larga lista de Maestres de esta Orden que a continuación exponemos: |
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| Estos fueron los Grandes Maestres de la Orden de Santiago: | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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01. Pedro Fernández (1170-1184) |
15. Pedro Núñez (1279-1286) |
30. Pedro Muñiz de Godoy (1384-1385) |
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Algunos datos significativos que hacen referencia a determinados Maestres de la Orden de Santiago: IX.- D. Martín Peláez Barragán, se dice que lo mataron los moros, pero cierto es que nada se sabe por verdad histórica. XII.- D. Rodrigo Yáñez, dejó el Maestrazgo de la Orden por voluntad propia sin que se conozcan los motivos que tuvo para determinar tal resolución. XIV.- D. Gonzalo Ruiz Girón encontró su fin a causa de una imprudencia o un acto de temeridad, según se mire. Estando en batalla contra los moros, le cortaron el paso cien jinetes enemigos y, hombre de bravo corazón como era, se lanzó en su contra, sin mirar si cabalgaba solo o era seguido por sus caballeros. Naturalmente, murió en el empeño. XVI.- D. Gonzalo Martel no pudo llevar a cabo grandes hazañas porque tuvo la mala fortuna de caerse de su caballo, falleciendo en el acto. XXII.- D. Vasco López (año 1338) no duró mucho; reunidos los freires en Capítulo, en la villa de Ocaña, le acusaron de traición y de haber labrado moneda falsa por lo que tuvo que huir a Portugal eso sí, llevándose con él ganado y alhajas que pertenecían a la Orden. XXIV.- Maestre, D. Fadrique, hermanastro del Rey de Castilla D. Pedro, tuvo mal fin porque acusado de traidor por el Monarca, murió acribillado a las flechas disparadas por los ballesteros del Rey. XXX.- D. Pedro Muñíz de Godoy, murió en un enfrentamiento con los portugueses. XXXIV.- D. Álvaro de Luna, y su fin fue también violento. Favorito en un principio del Rey de Castilla, cayó en desgracia debido al poco afecto que le tenía la reina. D. Álvaro no quiso darse por vencido creyendo que el viento de adversidad duraría poco. El rey le aconsejó que se alejara de Burgos. No se avino a ello D. Álvaro y para empeorar las cosas, un fraile durante el sermón del Viernes Santo lo apostrofó delante del rey y de toda la Corte. Encolerizado D. Álvaro aquella misma noche hizo que fuera arrojado alevosamente desde una torre el contador Mayor del Monarca, D. Alonso Pérez de Viviero, a quien culpaba de lo ocurrido, alegando que le tenía ojeriza y era quien había empujado al fraile al apostrofarlo. El rey mandó ponerle preso, y a pesar de que D. Álvaro se entregó bajo seguro de vida y hacienda, fue sometido a juicio y condenado por tirano y usurpador de la Real Corona. En la Plaza Mayor de Valladolid se le dio horrible suplicio para acabar siendo degollado, dándosele sepultura en el lugar destinado a los malhechores. XL.- D. Alonso de Cárdenas (1476-1499), último Maestre de la Orden de Santiago. Fue hombre que sirvió lealmente a los Reyes Católicos con singular arrojo y brío, metiéndose con sus Caballeros en Portugal más de quince leguas, en tanto el rey portugués peleaba en favor de la Beltraneja. Enterado D. Alonso de la muerte del Maestre de Santiago vino a entrarle el deseo de serlo él, pero la reina Isabel la Católica fue más diligente y consiguió que se aplazara la elección del nuevo Maestre. Se avino a ello D. Diego y mientras se resolvía el pleito se dedicó a la suyo que fue meterse otra vez en Portugal en son de guerra. Los Reyes Católicos, agradeciendo sus servicios, accedieron a que fuera elegido Maestre de la Orden de Santiago. Desde un comienzo, este Maestre se encontró en la guerra de Granada con sus freires. Allí fueron acorralados por los moros, sus compañeros le hicieron ver la necesidad de huir, aprovechando las sombras de la noche pero la respuesta del último Maestre fue esta: "no vuelvo yo las espaldas, por cierto, a estos moros, pero sí que huyo de tu ira, Señor Dios, que se ha mostrado hoy contra nosotros y te ha placido castigar nuestros pecados con las manos de estas gentes infieles". Trabajosamente consiguió ponerse a salvo. Pero allí quedaron gran número de sus compañeros, muertos, hasta el punto de que aquel lugar se le dio el nombre de "Cuestas de la matanza". Continuó luchando en la guerra contra Granada y allí estuvo hasta ver ondear sobre la Alhambra la enseña de los Reyes Católicos. Tardó muy poco en morir D. Alonso, siendo el último de los Maestres de la Orden de Santiago, ya que los Reyes Católicos se declararon en 1493 Administradores de la Orden, agregando su Maestrazgo a la Corona de Castilla. |
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