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Caballero teutónico, sexta cruzada, siglo XIII.

 

        La historia fundacional de la Orden Teutónica tiene, como la de casi todas las órdenes militares, visos de leyenda. Narra la aventura de un matrimonio de comerciantes alemanes establecidos en Jerusalén desde algunos años antes del comienzo de las Cruzadas. Cuando cristianos y musulmanes luchaban encarnizadamente por las calles de la Ciudad Santa, el citado matrimonio encontró moribundo a un caballero alemán que había sido herido de muerte casi en la misma puerta de su casa. Lo recogió y lo cuidó como pudo, alternando sus escasos conocimientos médicos con piadosas oraciones a la Virgen, y logró salvarle. Desde entonces trocaron su labor mercantil por la dedicación exclusiva al cuidado de peregrinos y cruzados alemanes heridos o enfermos, fundando el que comenzó llamándose Hospital de Santa María de los Alemanes de Jerusalén. Cuando llegó la hora de su muerte, y a falta de hijos, el matrimonio legó su cuantiosa fortuna al Hospital, en la que cumplían ya su devota labor varios freires también procedentes de Alemania.

        Al margen de la leyenda, aquella fundación debió tener lugar en el año 1118. Ese mismo año otra tradición cuenta que nueve caballeros, franceses y flamencos todos ellos, se reunieron para solicitar del rey Balduino el permiso para fundar la que diez años más tarde sería reconocida oficialmente como la Orden Militar del Templo de Jerusalén.

        Cabe admitir estas fechas no totalmente documentadas, pensando que, más o menos, todas las órdenes militares pudieron alterar sus datos fundacionales con  el fin de justificar el orgullo de aparecer

entre las más antiguas. En cualquier caso, no es una cuestión esencial el que una de ellas se fundara antes o después de la otra. Importa más el hecho mismo de su creación, preguntarse el porqué de aquellas apariciones coincidiendo con la circunstancia del fenómeno de las cruzadas y, en consecuencia, el estudio de sus características en tanto que brazo armado y espiritual de la Iglesia.

        De la regla de los Caballeros Teutónicos se han localizado distintas versiones. La más remota parece ser la que se custodia, escrita en alemán, en la Biblioteca de Berlín (manuscrito Borussica 79), que data de 1264 y que habría sido transcrita, por tanto, cuando ya la orden alternaba desde mucho tiempo atrás su dedicación exclusivamente hospitalaria con las actividades guerreras que la habrían de marcar a lo largo de toda su singladura histórica. El texto forma parte del Liber Ordinis por el que se guiaron los freires y que, lo mismo que las demás reglas del resto de las órdenes militares jerosolimitanas, debería encontrarse en todas las casas y encomiendas a disposición de sus miembros para la consulta puntual de sus deberes. Otros manuscritos de la regla, todos posteriores al siglo XIV, se encuentran en la Biblioteca Real de la Haya y dos en la Biblioteca Real Universitaria de Konigsberg. Existen varias ediciones de la regla a partir de la de Duellius, publicada en 1724.

        En el prólogo de esta regla se omite la leyenda fundacional y se especifica, como fecha inicial de las actividades de la orden, la de 1190, cuando los ejércitos que intervenían en la Tercera Cruzada sitiaban la ciudad de San Juan de Acre. Los redactores de aquellas normas insisten, a lo largo de sus primeros artículos, en el carácter hospitalario de la orden. Así, especifica cómo hay que recibir a los enfermos, cómo hay que procurar por su alma antes que por los males de su cuerpo, qué cuidados hay que poner en su sanación y qué ceremonias deben cumplirse para enterrar debidamente a los difuntos.

        La regla, a lo largo de los siguientes artículos, insiste en las virtudes que den practicar los miembros de la hermandad por su carácter de monjes: la castidad, la obediencia, la entrega exclusiva a su misión, así como la obligación de no poseer pertenencias personales, aunque se especifica que la Orden sí tiene el derecho, y aun la obligación, de contar con bienes y riquezas, pueblos, capillas, fortalezas y tierras de labor; incluso se apunta la necesidad de que la orden debe poseer servidores de ambos sexos dedicados al cuidado de las necesidades colectivas de sus miembros. Es ya una vez pasada la mitad de la relación de sus 37 artículos cuando las normas de la regla abordan sus funciones militares, con expresa referencia a la disciplina, la sobriedad, la solidaridad y la obediencia de sus miembros a las jerarquías reconocidas.

   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
 

        El 5 de marzo de 1198 tuvo lugar en Acre el reconocimiento oficial de los Teutónicos como orden religiosa y militar, en una ceremonia en la que intervinieron el Patriarca y el Rey de Jerusalén, los maestres del Temple y del Hospital y todas las autoridades del reino refugiadas en San Juan de Acre.

        Inocencio III proclamó el 19 de febrero de 1199 que la Orden del Hospital de Santa María de los Alemanes se sometería a la regla de los Hospitalarios en lo concerniente a su faceta caritativa y a la de los Templarios en su vertiente militar. Igualmente, especificaba que el hábito que llevarían sus freires estaría compuesto por el mismo manto blanco de los caballeros del Temple, pero adornado esta vez con una cruz negra y no roja como la de los Templarios. La identificación de los teutónicos como guerreros de la Iglesia estaba ya asegurada.

        En pocos años los teutónicos se convirtieron en una fuerza económica y guerrera de primer orden. No hay razones concluyentes que expliquen su aparatoso ascenso, muy semejante, por otra parte, al que presidió el auge espectacular de la Orden del Temple. Los Caballeros Teutónicos, sin embargo, mantuvieron siempre una diferencia esencial con respecto a las otras órdenes militares también fundadas en Palestina. Pues, mientras las demás ostentaron en todo momento un carácter internacional y admitieron en su seno miembros procedentes de toda Europa, la  de los  Teutónicos

 

estuvo siempre compuesta exclusivamente por miembros  alemanes;  una  característica  que incluso  se  puso de  manifiesto en el nombre por el que fueron reconocidos desde entonces -DeutscheOrden o Deutsche Ritterorden-, en contraste con el apelativo ecuménico con que se implantaron las otras instituciones monásticas guerreras en la memoria de la historia.

   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
 
 

        Su estructura interna comenzó siendo muy semejante a la que rigió para las otras órdenes militares de Tierra Santa. Se creó un sistema de provincias dependientes de la principal, en aquel instante ubicada en Palestina. Al frente de cada una de ellas se nombró a un maestre provincial (Landmeister), dependiente de Gran Maestre. De este modo, los Teutónicos fueron expandiéndose poco a poco fuera de los territorios en los que habían nacido. Pero, a diferencia de los proyectos internacionales de los Templarios y de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, mostraron una decisiva querencia a instalarse en los territorios del Imperio y a no depender de otras jerarquías que de las máximas del mundo cristiano de su tiempo: el Emperador y el Papa. Salvo circunstancias muy especiales, los Teutónicos procuraron siempre restringir su dependencia a estos dos grandes poderes y rechazaron sistemáticamente la obediencia a cualesquiera otros soberanos e instituciones.

        El primer Gran Maestre que ostentó tal cargo en la Orden fue, a partir de 1198, Heinrich Walpot. Procedía de una familia de comerciantes de Maguncia, en la región del Rhin. Siglos después, con su Gran Maestre reconocido como Príncipe del imperio y vasallo de la Santa Sede, poseedora de un vasto Estado que abarcaba buena parte de la costa báltica, desde las llanuras del Vístula hasta el golfo de Finlandia, la Orden de Santa María de los Teutónicos era, a principios del siglo XV, una potencia territorial comparable a cualquiera de los estados que componían la Europa central, casi tan grande como la Península italiana y hasta más extensa que los dominios de los reyes de Francia y de Castilla o los territorios de la Corona inglesa.

 

        En el último siglo de su singladura feudal, la Orden Teutónica pasó por dos profundas crisis de conciencia religiosa, ambas coincidentes con la expansión de las dos corrientes espirituales que marcarían la inmediata división doctrinal del continente europeo: el movimiento hussita y la Reforma luterana, ambos, significativamente, nacidos y desarrollados en territorios históricos germánicos. Y, habiéndose convertido los dos movimientos en objeto de persecución por parte de la Iglesia romana, cabe plantearse de qué modo, tanto una doctrina como la otra hicieron mella, siquiera parcialmente, en el ideario de los teutónicos, hasta el punto de crear graves divergencias entre los miembros de la Orden, que se dividieron abrazando en su momento los principios que en ambas se proclamaban, dividiendo el universo cristiano en dos corrientes irreconciliables.

        En 1527, tras el Capítulo General de la Orden Teutónica convocado en Mariental, en medio de la desolación general provocada  por  la  revuelta  reformista  de los  campesinos  alemanes  y  por  el  paso  a  la Reforma del  Gran Maestre  y  su

 

secularización, la situación de los  pocos  caballeros que se habían mantenido fieles al papado era  decididamente crítica,  apesar de que un diploma imperial expedido por el emperador Carlos V los había confirmado en su vigencia oficial. Aunque conservaban todavía una parte sustancial de sus riquezas y bienes muebles, su independencia política y su capacidad de acción se habían perdido por falta de hombres de territorios propios. Sólo en Livonia, la zona vecina septentrional del ducado de Prusia, mantenían un cierto grado de autoridad, pese a que el luteranismo se había asentado entre la población colonial.

         En 1520 había fallecido el Gran Comendador teutónico de la provincia de Utrecht, Gaspard van Lynden, católico. A su muerte, las Provincias Unidas de Flandes, sin tomar en cuenta los deseos ni la regla de la orden, impusieron para este cargo al príncipe protestante Enrique de Nassau. Este nombramiento arrastró consigo el paso a la Reforma de la mayor parte de los freires, los cuales, aun después de su conversión, siguieron conservando las tradiciones propias de los preceptos contenidos en la regla. A pesar de ello, su número de miembros siguió disminuyendo, muchas encomiendas fueron siendo abandonadas por falta de ocupantes y hasta en las luchas constantes que se suscitaban entre católicos y luteranos llegó a darse el caso de que llegaron a enfrentarse freires adscritos a las distintas opciones.

        Por fin, el archiduque Maximiliano de Austria al convertirse en Gran Maestre y hacer valer su derecho a designar sucesor puso a los teutónicos frente a la realidad de que once de los diecisiete grandes maestres que tendría la orden hasta la extinción de la Casa de los Habsburgo serían familiares de ésta y, entre ellos, los siete últimos que ostentaron el cargo hasta 1918.

        El maestrazgo de Maximiliano de Austria, con su secuela de dependencia a la dinastía austríaca, determinó un cambio radical no sólo en la situación inmediata de la orden, sino en lo que habían sido hasta entonces sus seculares intenciones. La primera providencia fue una revisión a fondo de sus estatutos, que tuvo lugar en el Capítulo General correspondiente al año 1606. Según se reconocía entonces, la finalidad de aquel cambio era adaptar la antigua y desfasada regla a las nuevas necesidades políticas exigidas por la política europea del momento. Allí se especificaba, entre otras cosas, que las antiguas categorías castrenses de los miembros de la orden se reducirían a dos: la de los caballeros y la de los clérigos. Se reformaban las severas condiciones de admisión y se establecía que todos los aspirantes a formar parte de la orden como caballeros deberían antes cumplir con la condición de haber combatido entre un mes y tres años contra los turcos.

        Al parecer la Orden Teutónica tuvo cierta relación con los movimientos esotéricos que proliferaron en Austria y Alemania durante la segunda mitad del Siglo de las Luces y algunos caballeros estuvieron afiliados a distintas logias masónicas.

        Como consecuencia de la campaña napoleónica de 1800 el Gran Maestre tuvo que emigrar a Viena, donde lo poco que quedaba de la orden instaló una sede provisional que terminó siendo definitiva. El tratado de paz de Pressburg, firmado en 1805 tras la derrota de Austerlitz, ratificaba ya en su párrafo duodécimo la práctica desaparición de la Orden Teutónica estableciendo que la dignidad de Gran Maestre sería otorgada a título hereditario al príncipe de la casa imperial que designase el emperador de Austria y Alemania.

        Luego, cuando Napoleón, gracias a sus victorias, pudo establecer la Confederación renana bajo su protección, repartió la mayor parte de las encomiendas teutónicas entre los aliados de los franceses y por un Decreto del 24 de abril de 1809 la orden quedaba suprimida en todos los estados de la Confederación, concediendo pensiones a los caballeros que aún formaban parte de ella.

        En resumen, la gran crisis motivada primero por la Revolución Francesa e inmediatamente después por la agitación de la época napoleónica debilitó enormemente los viejos ideales caballerescos y la Orden Teutónica no se libraría de aquel traumatismo histórico. Sus anales consignan que en 1809 no estaban adscritos a ella más que sesenta caballeros y que sólo los hermanos clérigos se mantenían en una cifra discreta, aunque apenas se registraron novicios con los que mantener su número. A lo largo del siglo XIX muchas encomiendas, carentes de razones de supervivencia y faltas de nuevos miembros, fueron abandonadas o reagrupadas al mando de un solo comendador, que en ocasiones resultaba ser su único ocupante oficial.

        Durante la I Guerra Mundial (1914-1918) los hermanos teutónicos contaron con cuatro hospitales de campaña, quince columnas de ambulancias y camiones y pudieron cuidar de más de tres mil soldados en la retaguardia de varios frentes de combate, junto a la Cruz Roja.

        Concluida la contienda, el Gran Maestre Eugenio de Habsburgo, que se encontraba en aquel momento a la cabeza de la Orden, pidió personalmente la dispensa del papa Pío XI para abandonar el cargo. Concedida su petición, y antes de emprender el camino del exilio, convocó capítulo en Viena para designar a un coadjutor que le sustituyera, tal como la última versión de la regla ordenaba. Este cargo recayó en un clérigo de la Orden, monseñor Norbert Klein, que fuera obispo de Brno y que había sido expulsado de Checoslovaquia por las autoridades de la recién estrenada república, nacida de los antiguos ducados de Bohemia y Moravia.

        El nuevo dirigente fue el encargado de tomar contacto con las autoridades de la República austríaca, a las que convenció de que la Orden Teutónica no formaba ya parte de las posesiones imperiales de los Habsburgo ni dependía en secreto de la Orden de Malta, como muchos creían. Se limitaba a ser una orden religiosa que se pretendía independiente y exclusivamente entregada a los fines humanitarios que últimamente se había esforzado en practicar. Incluso, para probar su buena voluntad, se comprometió a cambiar nuevamente la regla para adaptada a la nueva situación política que había surgido en Europa, acción que se llevaría a cabo inmediatamente y que sería sancionada por el pontífice en el año 1929.

        Frente a aquella situación, dentro de la Alemania vencida se había comenzado a crear en buena parte de la sociedad un ambiente muy distinto. La República de Weimar se esforzaba inútilmente por crear las condiciones propicias para un nuevo estado que permitiera al país despegar de la terrible crisis que suponía el derrumbamiento de la economía y la incorporación legalizada de ideologías políticas hasta entonces proscritas. Esta situación suponía un profundo cambio estructural que muchos, lejos de asumir, rechazaban, volviendo la mirada hacia un melancólico pasado de glorias nacionalistas.

        En la Austria recién conquistada, tenía su sede entonces la Orden Teutónica, cuyo nombre mismo había sido transformado, adoptando el de Hermanos de la Orden Alemana de Santa María de Jerusalén. y sería por su vinculación formal a la Casa de Habsburgo en el pasado inmediato, o sería porque las autoridades nacionalsocialistas comprobaron que aquella institución ya no era ni la sombra del recuerdo que se tenía de ella, lo cierto es que el Reich acordó el 6 de septiembre de 1938 su disolución.

        En 1947, gracias a la intermediación de Pío XII, el decreto de abolición de la Orden Teutónica establecido por el régimen nacionalsocialista fue derogado y, aunque la institución continuó prohibida en Checoslovaquia por el régimen comunista que tomó el poder en la república, pudo reorganizarse en los demás lugares donde anteriormente estuvo establecida en su nueva faceta hospitalaria, permaneciendo viva y oficialmente vigente hasta nuestros días.

   

        En la actualidad, su Gran Maestre y abad mitrado es el doctor Bruno Platter y su chancillería tiene su sede central en Viena, desde donde se gestionan las actividades de todas las demás sedes subsidiarias, de las que forman parte más de mil miembros. Y, ciertamente, la institución desarrolla con toda eficacia los fines humanitarios a los que se ha venido volcando desde que optó por recuperar las funciones hospitalarias prácticamente abandonadas desde los primeros tiempos de su existencia.

El actual Gran Maestre, el abad mitrado Dr. Platter en su visita a Sicilia (2006) posa con algunos caballeros de la propia Orden y de la Orden de Malta.
 

        El publicista Juan G. Atienza (Valencia, 1930) tiene publicado en castellano un ameno ensayo sobre la Orden Teutónica titulado "Caballeros teutónicos. Crónica de los cruzados del hielo", editado por Martínez Roca en 1999, de donde se han extraído en buena parte la anterior síntesis histórica de la Orden.

        Por lo que respecta a la testimonial presencia de la Orden Teutónica en España puede decirse que su implantación se produjo a raíz del casamiento de Fernando III de Castilla con Beatriz de Suabia (1221), primero con la encomienda de Santa María de la Cabeza (Zamora) y luego en Higares (Tajo) hacia la misma fecha, desde las cuales desarrollaron un meritorio papel en las campañas del monarca castellano. Sobre este particular puede consultarse el trabajo de Jaime Ferrero Alemparte, "Asentamiento y extinción de la Orden Teutónica en España", publicado en el Boletín de la Real Academia e la Historia, 168 (1971) pp. 227-274.

 
 

LOS GRANDES MAESTRES DE LA  ORDEN TEUTÓNICA


(*) Hermann Von Salza

01.- Heinrich I Walpot von Bassenheim (1198-1200)
02.- Otto von Kerpen (1200-1206)
03.- Heinrich II von Tunna (1206-1209)
04.- Hermann von Salza (1209-1239)
05.- Konrad I de Thuringia (1239-1240)
06.- Gerhard von Malberg (1241-1244)
07.- Heinrich III von Hohenlohe (1244-1249)
08.- Günther von Schwarzenberg (1249-1253)
09.- Poppo von Osterna (1253-1257 )
10.- Hanno von Sangershausen (1257-1274)
11.- Hartmann von Helbrungen (1274-1283)
12.- Burkhard von Schwanden (1283-1290)
13.- Konrad II von Feuchtwangen (1290-1297)
14.- Gottfried von Hohenlohe (1297-1302 )
15.- Siegfried von Feuchtwangen (1302-1310)
16.- Karl Bessart (1311-1324)
17.- Werner von Orselen (1324-1330)
18.- Lothar von Brunswick (1331-1335)
19.- Dietrich von Altenburgo (1335-1341)
20.- Ludolf Konig von Wattzau (1342-1345)
21.- Heinrich IV Dusener von Arfberg (1345-1351)
22.- Winrich von Kniprode (1351-1382)
23.- Konrad III Zollner von Rothstein (1382-1390)
24.- Konrad IV von Wallenrode (1391-1393)
25.- Konrad V von Juningen (1393-1407)
26.- Ulrich von Jungingen (1407-1410)
27.- Heinrich von Plauen (1410-1413)
28.- Michael Kuchenmeister von Sternburg (1414-1422)
29.- Paul Belenzer von Ruszdorf (1423-1440)
30.- Konrad VI von Erlichshausen (1441-1449)
31.- Ludwig von Erlichshausen (1450-1467)
32.- Heinrich VI von Reuss (1467-1470)
33.- Heinrich VII Reffle von Richtenberg (1470-1477)
34.- Martin Truchsetz von Wetzhausen (1477-1489)
35.- Johann von Tieffen (1489-1497)
36.- Friedrich de Sajonia (1497-1510)
37.- Albrecht de Brandenburg (1510-1525)
38.- Walter von Cronberg (1527-1543)
39.- Wolfgang Schutzbar (1543-1566)
40.- Georg Hundt von Weckheim (1566-1572)
41.- Heinrich VIII von Bobenhausen (1572- 1590)
42.- Maximilian de Austria (1590-1618)
43.- Karl I de Austria (1619-1624)
44.- Johann Eustach von Westernach (1625-1627)
45.- Johann Kaspar I von Stadion (1627-1641)
46.- Leopold Wilhelm de Austria (1641-1662)
47.- Karl José de Austria (1662-1664)
48.- Johann Kaspar II von Ampringen (1664-1684)
49.- Ludwig Antón de Palatinado-Neuburg (1685 -1694)
50.- Ludwig Franz de Palatinado-Neuburg (1694-1732)
51.- Clemens agosto de Baviera (1732-1761)
52.- Charles Alexander de Lorena (1761-1780)
53.- Maximilian Franz de Austria (1780-1801)
54.- Karl II de Austria (1801-1804)
55.- Antón Viktor de Austria (1804-1835)
56.- Maximilian de Austria-Este (1835-1863)
57.- Wilhelm Franz Karl de Austria (1863-1894)
58.- Eugen Ferdinand Pius Bernhard de Austria (1894-1923)
59.- Dr. Norbert Klein (1923-1933)
60.- Paul Heider (1933- 1936)
61.- Roberto Schälzky (1936-1948)
62.- Dr. Marian Tumler (1948-1970)
63.- Ildefons Pauler (1970-1988)
64.- Dr. Arnold Othmar Wieland (1988-2000)
65.- Dr. Bruno Platter (2000- ?)

        (*) Al frente de la coronación de Federico II como rey de Jerusalén se encontraba un personaje que habría de adquirir una gran importancia en la historia de la Orden de los Caballeros Teutónicos: Hermann Von Salza. Nacido en torno a 1170 en el seno de una familia aristocrática de Turingia. Von Salza fue nombrado gran maestre de la orden teutónica en 1210 (otros historiadores dicen que fue en 1209).
        Fiel servidor del emperador como consejero y diplomático en varias ocasiones –de hecho, su intervención fue clave en la reconciliación entre Federico II y el papa Gregorio IX en 1230–, la acción política del gran maestre estuvo orientada a convertir la orden teutónica en un poderoso ejército al servicio del Sacro Imperio Romano.
        Para lograr su ambicioso objetivo, Von Salza aprovechó todas las ocasiones que se le presentaron: apoyó al emperador en su proyectada cruzada en Tierra Santa y organizó las bases para la expansión germana por tierras de Europa oriental, así como para la fundación en Prusia un verdadero estado feudal a cargo de la propia orden teutónica; este estado subsistiría hasta mediados del siglo XV.

 
 
        Algunas banderas y enseñas de determinados Regimientos de Caballeros que se distinguieron con sus armas en defensa de la Orden Teutónica.
 
Caballeros de Livonia Caballeros de Meissen Komturia de Estrasburgo Ejército de Borouhg Enseña de Conrado el Blanco (Principe de Olesno) Enseña de Gran Maestre Ejército de la Komturia de Branderburgo Komturia de Dancing Enseña del Ejército del Arzobispado de Sambia Enseña del Duque Casimir V de Stetin Komturia de Torum