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Hermandades y Asociaciones de CaballerosSolares, Divisas y LinajesReales Maestranzas de CaballeríaBibliografía

 
Real Maestranza de Caballería de Ronda
Real Maestranza de Caballería de Sevilla
Real Maestranza de Caballería de Granada
Real Maestranza de Caballería de Valencia
Real Maestranza de Caballería de Zaragoza
 

        Las Maestranzas constituyen un peculiar fenómeno de asociacionismo nobiliario, surgido a finales del XVII en Andalucía con la creación en 1670 de la Maestranza de Sevilla, a la que siguieron Granada (1686), Valencia (1690) y Ronda (1707), aunque esta última llevaba funcionando como tal desde 1572 con el nombre de Hermandad del Sancti Espiritu, razón por la cual se la viene considerando la más antigua de todas ellas. Su finalidad se halla primorosamente descrita en el primer artículo de los Estatutos y Ordenanzas de 1764 de la Maestranza de Granada: Para excitar la Nobleza Civil el uso de algunos militares exercicios, y que habilitada en ellos la juventud tenga un plantel la Monarquía, de cuyas reclutas pueda trasladar las victoriosas tropas del Rey muchos laureles; y para que los caballos andaluces, que han hecho la milicia española superior a la de todas las naciones, no desfallezcan de la excelencia en que se constituyen por la hidalguía de sus razas, y primor de su doctrina; ha sido cuidado repetido de nuestros Monarcas erigir en ciertas Ciudades unas Congregaciones de Nobleza, que haciendo profesión de la enzeñanza y exercicio de los caballos, recopilen en su Provincia estas utilidades”.

        Fueron, por consiguiente, creadas como institutos fomentados por la Corona con la intención de que la nobleza local se ejercitara en el uso de la caballería y de las armas, a fin de poder dar inmediata respuesta a la llamada del Rey e intervenir donde fuera necesario. En su proceso de gestación pueden distinguirse dos etapas. En la primera, que es la de creación propiamente dicha, a instancia de la nobleza de tipo medio asentada en las referidas ciudades, se establecieron sus reglas u ordenanzas fundacionales, en  las que se plasmaron rigurosos requisitos de acceso y la promoción de actividades cerradas y elitistas que reforzaban  su espíritu estamental. La segunda  coincide con la recuperación de

España tras la Guerra de Sucesión, reorganizándose las Maestranzas existentes, al amparo de la Junta de Caballería del Reino, instituida por Felipe V por cédulas reales de 4 de marzo de 1725 y 9 de mayo de 1726, y creándose otras nuevas que no llegaron a fructificar.

 

        Más tardíamente, en 1819, la Cofradía de Caballeros de San Jorge de Zaragoza recibió la venia regia para transformarse en Maestranza, obteniendo idénticos privilegios a las tres corporaciones andaluzas y a la de Valencia.  Todas ellas adoptarán una estructura organizativa similar y gozarán de sucesivos privilegios civiles y canónicos: presencia al frente de ellas de miembros de la Real Familia, uniformes propios, fuero militar, licencias de armas, asientos y capillas propias en las Iglesias, derecho de organización de procesiones, permisos para promover festejos taurinos, etc.       

        Las cinco Reales Maestranzas son las únicas corporaciones nobiliarias españolas, junto al Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid (1782) y las cuatro órdenes de caballería de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, que sobrevivieron al antiguo régimen, llegando hasta nuestros días. En la actualidad su protagonismo y presencia social en las ciudades en las que se encuentran asentadas es muy desigual. Mientras que las Reales Maestranzas de Sevilla y Ronda, propietarias de sus plazas de toros, de las que obtienen pingues beneficios, desarrollan una animada actividad  cultural y asistencial, las tres restantes mantienen una vida corporativa más que discreta.

        Es unánime opinión de los estudiosos que la política de reclutamiento de nuevos miembros que vienen desplegando se encuentra bastante alejada de sus principios fundacionales, puesto que hace muchas décadas que las Reales Maestranzas han dejado de ser la representación estamental de la nobleza local en sus respectivas ciudades para convertirse en simples clubes nobiliarios. Por lo demás, a pesar de que lo que se acostumbra a pregonar en los círculos más próximos a las Maestranzas, el rigor en la aplicación de las pruebas nobiliarias es bastante deficiente, no exigiéndose muchas veces los tradicionales tres actos positivos y resultando determinantes, en su lugar, el parentesco o relaciones de amistad con alguno de los caballeros maestrantes u otros discutibles criterios y apreciaciones de selección social que muy poco o nada tienen que ver con la nobleza histórica.

 
 

Varias portadas de diferentes Estatutos u Ordenanzas de las Reales Maestranzas de Caballería.